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Análisis y opinión sobre energía y política

 


Bolivia: El rugido del ratón


Por Gustavo Coronel

No se que está pasando en el mundo pero las mayores frivolidades son tomadas como noticias de la mayor importancia o como precursoras del apocalipsis. El bebé de Tom Cruise y su esposa o el de Angelina Jolie y su marido son materia de suspenso mundial: que si los unos se van para Namibia, que si el nombre de la niña de los otros es de origen judío. Parece ridículo prestarle tanta atención a estas pequeñas ocurrencias cuando el planeta Tierra está en caos político, social y ambiental.

La escena política mundial es rica en lo grotesco. En Zimbabue, la tierra que oprime Mugabe, el papel toilette se cotiza en $469 el rollo (moneda nacional), lo cuál ha causado un estreñimiento colectivo. En Venezuela, personajes de segunda y tercera categoría, quizás alentados por la presencia de numerosos patanes en la mas altas posiciones de gobierno, se auto-postulan para la presidencia de la república. Ellos y ellas pensarán que, en un país donde Hugo Chávez es presidente e Isaías Rodríguez ha sido Vicepresidente, cualquiera puede aspirar.

Y en Bolivia ruge el ratón. Evo Morales acaba de decretar la nacionalización de los hidrocarburos. Asombrosamente, el mundo se ha estremecido con esta noticia. Los gobiernos de países afectados la censuran con indignación, mientras las empresas extranjeras radicadas en aquél país expresan su consternación ante una decisión que, al fin de cuentas, tiene tanta significación global como el bebé de Tom Cruise.

Tengamos, por favor, un poco de perspectiva histórica y económica. Los recursos de hidrocarburos de Bolivia son muy modestos, casi todos representados por gas natural. La producción de petróleo de Bolivia ni siquiera satisface los requerimientos internos y la producción de gas natural se exporta casi en su totalidad a dos países: Brasil y Argentina. Un intento del Presidente Gonzalo Sanchez de Losada de exportar gas a los Estados Unidos provocó su salida del poder. En términos globales, la industria de los hidrocarburos de Bolivia es de escasa importancia.

Bolivia ya ha nacionalizado y privatizado esa industria tres veces. En 1916 la nacionalizó y en 1920 la privatizó. En 1936 la volvió a nacionalizar y la privatizó en 1989. En 1952 le permitió a las empresas extranjeras operar en paralelo con la empresa del estado, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. Cuando el gobierno advirtió que una empresa privada era demasiado exitosa (Gulf) la nacionalizó. La industria fue privatizada de nuevo en 1989 y ahora, en 2006, Evo Morales la ha re- nacionalizado, quien sabe hasta cuando. El movimiento ha sido pendular, un pallá y pacá.

Mientras la industria boliviana de los hidrocarburos ha estado nacionalizada ha sido manejada por la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. Esta empresa ha sido siempre ineficiente y, con frecuencia, muy corrupta. En 1968 tenía 4.200 empleados y producía 8.000 barriles diarios mientras, a su lado, Gulf producía 33.000 barriles por dia con 200 empleados. Por eso esta empresa extranjera fué nacionalizada cuando lo lógico hubiera sido privatizar a la empresa estatal. Todos los avances en actividad exploratoria y en el aumento de las reservas de hidrocarburos de Bolivia se deben a las empresas extranjeras. En especial las reservas de gas se han multiplicado por doce durante el último período de privatización. De allí que el rugido del ratón haya sido desconsiderado. Evo Morales dijo, al anunciar la nacionalización, que ya las empresas “no robarían mas a Bolivia”, un lenguaje de matón de barrio aprendido de Hugo Chávez.

La decisión de Morales fué acordada en la reciente reunión de La Habana, donde Chávez y Castro le cantaron la cartilla. Para respaldar la decisión Chávez dejó en Bolivia, como si fueran soldados en una guerra, a 28 técnicos de PDVSA, para que “apoyaran a Yacimientos durante los primeros diás de transición”. Añadió Chávez que los técnicos de PDVSA sustitutirían a los extranjeros, en caso de que estos se negaran a operar. Además le prometió a Morales todo el combustible requerido por Bolivia en el futuro, unos 200.000 barriles de diesel al mes. Estas promesas de Chávez constituyen otra violación abierta de las leyes venezolanas, las cuáles penalizan actos contra el patrimonio público. El apoyo que Chávez le promete a Bolivia, en gente y combutible, lo pagará la nación venezolana, no Hugo Chávez, lo cuál constituye peculado de uso.

El decreto Supremo No. 28701 de Evo Morales Ayma, nacionalizando los hidrocarburos, sub-titulado II EROES DEL CHACO (héroes?) es una buena muestra de subdesarrollo. El lenguaje es pomposo: “en históricas jornadas de lucha, el pueblo ha conquistado a costa de su sangre, el derecho de que nuestra riqueza hidrocarburífera vuelva a manos de la nación y sea utilizada en beneficio del país…” . Nos recuerda a Cipriano Castro con aquello de la “planta insolente del extranjero” etc. El decreto habla de “pueblos originarios, del derecho de los pueblos a tener sus propios medios de subsistencia, de la lucha histórica de las naciones”.. en fin, una serie de clichés que revelan lo que esta decisión representa, es decir, una acción política producto del persistente complejo de inferioridad que mantiene a nuestros pueblos en el atraso. La verdad es que esto no será una verdadera nacionalización, como no la fué la que así llamamos aquí en Venezuela, sino un pase de la industria al control del gobierno, léase el líder de turno. Así como el dueño del petróleo venezolano es Hugo Chávez, así el dueño del gas boliviano va a ser Evo Morales. Los ingresos de esas industrias estarán al servicio de un proyecto político, no al servicio de los pueblos.

El decreto de Morales establece (Artículo 2) que los hidrocarburos producidos por las empresas extranjeras deben ser entregados en propiedad a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, empresa que se encargará de comercializarlos. Y en el Artículo 3 estipula que las empresas que no estén conformes se van a tener que ir. En el Artículo 4 se establece que a las compañias le corresponderá el 18% del valor de la producción y el 82% irá para el gobierno, durante el período de transición de 180 dias previo a la firma de nuevos contratos. La compensación a las empresas se hará en base a una auditoría llevada a cabo por el gobierno, la cuál aún no ha comenzado. El texto es tan vago que es probable que se presenten grandes problemas entre el gobierno y las empresas como resultado de esta disposición gubernamental sobre los mecanismos de compensación. En el artículo 6 se le quitan a los bolivianos las acciones que estos poseían en dos empresas petroleras, Chaco y Transredes, las cuales se traspasan al gobierno.
Esto me suena a desnacionalización, como lo que ocurrió aquí con Mito Juan.

En el artículo 8 se habla de una misión imposible: “dentro del proceso de refundación de YPFB, se procederá a su reestructuración integral, convirtiéndola en una empresa corporativa, transparente, eficiente y con control social”. Esta es una misión imposible porque la transformación radical de una cultura corporativa no se lleva a cabo por decreto sino que tiene que ser el producto de un proceso sistemático, el cuál corresponda a las mas íntimas convicciones de los actores. Es evidente que una empresa que aspire a ser eficiente no puede estar al servicio de fines sociales. Esa es la tragedia de la actual PDVSA y de las empresas del laborismo Inglés de hace 40 años. La confusión de objetivos las mata. Una empresa es para generar óptimos ingresos, no es un Instituto de beneficiencia o de repartición de limosnas. La empresa eficiente genera ingresos y el gobierno los procesa honestamente para el beneficio del pueblo. Una empresa petrolera no maneja hospitales, ni restaurantes, ni programas de vivienda, ni subsidios para los pobres de USA (como Chávez ha ordenado hacer a CITGO).

Un aspecto particularmente grotesco de la acción “nacionalizadora” de Bolivia, inspirada en el estilo de Hugo Chávez, es la acusación de ladrones y malhechores que se le hacen a las empresas a quienes se pretende retener bajo nuevas condiciones contractuales. El caso de REPSOL es ilustrativo. A REPSOL se le acusó de contrabandista. El denunciante, por cierto, es el actual presidente de YPFB. Se le dictó orden de captura al Presidente de la empresa en Bolivia, Julio Gavito. La fiscalía boliviana allanó las oficinas de REPSOL y apresó a los dos principales gerentes de la empresa, privándolos del recurso de “Habeas corpus”. Dos días después se les liberó mediante fianza. El gobierno boliviano consideró “demostrados” los cargos contra REPSOL. Después de todas estas acciones en contra de REPSOL Morales ha dicho que el desearía retenerla en el país. Morales ha destacado en su visita a España el carácter “fundamental” de las inversiones españolas para Bolivia. Esta naturaleza esquizofrénica de las relaciones que Morales pretende establecer en Bolivia con los inversionistas extranjeros es calcada de la actitud de Hugo Chávez, quién todos los domingos insulta por TV a su cliente principal. Como estrategia comercial no creo que ello de resultados positivos. La reacción de PETROBRAS y de la misma REPSOL no se han hecho esperar. La empresa brasileña ha congelado sus actividades en Bolivia y REPSOL niega haber aceptado la nacionalización de sus activos.

En Bolivia ruge el ratón. Y el mundo tiembla!

Gustavo Coronel es un veterano geólogo de la industría petrolera, miembro director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979). Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como asesor editorial. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

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