Argentina: ¿Qué tiene
que ver Tinelli con Skanska?
Por
Joaquín Morales Solá
Está ganando, pero no está bien.
Una vaga sombra de fatiga y de enfado parece seguir
al Presidente en sus apariciones públicas.
No le faltan argumentos. Un caso de corrupción,
el de la empresa sueca Skanska, produce imprevistos
estallidos de escándalo aquí y allá.
El asunto explotó en despachos de funcionarios
de su preciado Ministerio de Planificación. ¿Dónde
caería si no, si en esa cartera se hacina
casi todo el robusto gasto público del Estado?
El
caso se refiere a la construcción de
dos enormes gasoductos, uno en el Norte y otro
en el Sur, financiados con recursos de los famosos
fideicomisos de Julio De Vido. ¿Qué tienen
que ver Telerman y Tinelli con la construcción
de gasoductos en los extremos geográficos
del país? El jefe de Gabinete, Alberto Fernández,
ventiló en el más representativo
recinto parlamentario de la Nación un anónimo
-que no tiene nada de anónimo- que señalaba
que había en la causa facturas dudosas de
publicidad, ordenadas por el gobierno de la ciudad,
para ser emitidas por la productora del popular
conductor.
El
Gobierno mandó primero a sus sabuesos
a husmear en la causa Skanska, que investiga el
juez López Biscayart, y luego hizo las constataciones
a través de los abogados de la AFIP. La
AFIP es querellante en esa causa que empezó como
una investigación de evasión de impuestos
y se topó, sin querer, con presuntos sobornos.
El
Gobierno siguió hurgando hasta que encontró aquellas
facturas de publicidad, que tramitó una
de las empresas allanadas en los últimos
tiempos. Hay, sin duda, una obsesiva preocupación
de la administración por este caso. Sí. ¿Y
qué? Nos están acusando de ladrones,
dijeron los laderos presidenciales.
Supongamos
que esa relación publicitaria
debería ser sometida a una investigación
judicial. La oficina de contralor del gobierno
porteño estableció que la publicidad
había sido emitida, que se había
pagado a precio de mercado, aunque más barato
que el que se pagaba con anterioridad, y que la
empresa en cuestión, Sol Group, existe desde
los años 80. Está inscripta en la
AFIP y en el registro nacional de empresas.
No
importa. Sigamos suponiendo que ese trato publicitario
merece una revisión por parte de una instancia
imparcial. Pero ¿qué vinculación
habría, aun en ese caso, entre Telerman
y Tinelli con los gasoductos que están muy
lejos de ellos? Que se sepa, al menos, ninguno
de los dos está interesado en aumentar la
oferta de gas en el Norte ni el Sur. La relación
publicitaria entre ellos podría ser motivo
de otra investigación, pero Fernández
estaba respondiendo sobre el caso Skanska cuando
meneó el improbable anónimo en el
recinto de los diputados. Durante 24 horas se habló más
de Telerman y de Tinelli que de Skanska. Misión
cumplida.
Un
día después no sólo retrocedió Tinelli
frente a Fernández, a quien le había
hecho el más largo y preciso listado de
reproches que éste hubiera recibido. También
Fernández aclaró que Telerman pudo
no estar enterado de los menesteres publicitarios
de su gobierno. ¿Para qué tanto escándalo,
entonces? ¿Por qué el jefe de Gabinete
no se limitó al caso en el que hay un preso
que declaró ante el juez que funcionarios
de Planificación pudieron haber recibido
sobornos, aunque no lo aseguró? ¿Por
qué, en todo caso, no hizo una separación
entre lo que compromete a su gobierno y la acusación
a Telerman?
La
otra línea de acción de gobierno
fue la de denunciar que el caso Skanska fue un
acto de corrupción entre empresas privadas.
El propio Kirchner lo aseguró en público.
Los fondos del fideicomiso son administrados por
Energas, una empresa que depende del Ministerio
de Planificación. La dueña mayoritaria
de la Transportadora de Gas del Norte (TGN) es
la compañía Techint, quizá la
empresa argentina más poderosa con inversiones
en petróleo, siderurgia y construcciones.
La
vinculación de Techint con el escándalo
venía siendo deslizada por funcionarios
entre susurros. El líder de la empresa,
Paolo Roca, suele integrar la delegación
presidencial cuando Kirchner viaja al exterior.
Techint recibió presiones en su momento
para que no apoyara la candidatura presidencial
de Roberto Lavagna, por quien -según el
kirchnerismo- la empresa sentiría cierta
simpatía.
Fernández, en cambio, nombró a Techint,
sin pelos en la lengua, en pleno recinto de los
diputados. Dijo más: denunció que
un directivo de Skanska, despedido de esta empresa
en medio del reciente escándalo, había
sido designado en el acto en un alto cargo por
la propia Techint.
De
acuerdo con la línea de su discurso,
Energas reclamaba que se cumpliera con el primer
presupuesto para las obras del gasoducto, un 150
por ciento más barato, pero TGN y Techint
se manifestaron impotentes para conseguir concesionarios
con ese módico precio. Aseguró que
varias veces Energas había pedido que se
convocara a nuevas consultas de precios y que todas
las posteriores respuestas de la empresa decían
lo mismo: ninguna propuesta bajaba de una altísima
cotización.
Las
cartas reveladas ayer por LA NACION contradicen
ese discurso. Fue la empresa la que reclamó al
gobierno por la sobrevaluación de la obra
y la que pidió que se declarara desierto
el concurso de precios cuando tomó nota
de sus desorbitados montos. Fue el propio Energas,
según el documento que tomó estado
público, el organismo que ordenó hacer
la obra con un precio satelitalmente superior al
presupuestado. Hay que hablar de lo que pasó y
no de Tinelli. Es probable que Tinelli no haya
estado ni siquiera enterado de que hay nuevos gasoductos.
Telerman
cayó en la polvareda porque su
aliada Carrió lo viene corriendo al gobierno
con el caso Skanska. Es ella la que nos cansó ,
se sinceraron en la cima. Pero Kirchner, con su
extraña habilidad para potenciar adversarios,
terminó creando una opción asombrosa
e imprevisible: ahora es Kirchner contra Telerman
disputando el distrito más antikirchnerista
del país.
Macri
tiene derecho a sentirse desdeñado
por la invectiva del gobierno nacional; él
se sentía depositario natural de esos provechosos
arrebatos electorales del kirchnerismo. Aunque
fuera un consuelo inconducente, la conclusión
es que Kirchner ya tomó la decisión
de que prefiere a Macri antes que a Telerman en
la Capital. Ve en Macri a un adversario menos audaz
y, en cambio, observa junto a Telerman un proyecto
nacional con más envergadura. Quizás
Kirchner no sabe todavía lo que quiere,
pero ya empieza a saber lo que no quiere.
Además, debió ceder en Santa Cruz
antes de que ese incendio lo quemara a él
mismo. El triple rasero de la inflación
tampoco lo está ayudando al Presidente.
El Indec sólo mide las marcas de tercera
calidad y virtualmente liberó los precios
de las primeras y segundas marcas. Para eso, debió matar
al mensajero, el propio Indec, y pagar un precio
político y social muy caro. La inflación
de las góndolas es muy distinta del paraíso
que describe el Indec.
Y
Guillermo Moreno tiene dos problemas: ya no asusta
a nadie y, encima, el gobernador Felipe
Solá lo acusó públicamente
de liderar una patota de violentos en el Mercado
Central que lo agarró a patadas al propio
delegado del gobierno bonaerense en el Mercado,
Ricardo Angelucci, quien habría presentado
su renuncia luego de la golpiza.
Todas
las encuestas, aun las que están
lejos del gobierno, aseguran que los Kirchner retendrán
el poder en octubre. Eso es tan cierto como la
inocultable presencia de los desencantos y la fatiga.