América
Latina: ¿ Cooperación
o conflicto?

Por
Theotonio dos Santos
En
artículos anteriores hemos señalado
la favorable coyuntura que vive Latinoamérica
y los países del llamado Tercer Mundo,
caracterizada por un enorme excedente monetario,
una liquidez excepcional que se articula con
un momento de fuerte renovación tecnológica
y una rebaja dramática de los precios
de los productos manufacturados, incluso de las
máquinas y equipos, de las materias primas
industrializadas y otros insumos de la producción.
En
este contexto, se abren excelentes oportunidades
para el crecimiento y el desarrollo económico,
sobre todo si estos países hacen fuertes
inversiones en ciencia y tecnología para
abrir nuevos campos del conocimiento y de la
producción y asignan fuertes recursos
a la educación, desde una perspectiva
revolucionaria, audaz y consecuente que reafirme
las identidades culturales de los pueblos que
los conforman.
Como
lo hemos sugerido, hay una expansión impresionante
de la subjetividad de los pueblos de la región
que alcanza incluso a los sectores de muy baja
renta, hay una nueva conciencia que afirma identidades
hasta ahora bloqueadas por fuertes esquemas represivos,
como el caso de los pueblos indígenas
y, al mismo tiempo, amplía el alcance
de estas identidades creando lazos continentales
y universales.
Otra
vez podemos usar el ejemplo de los pueblos indígenas
que recogen una identidad nacional y regional
hace mucho reprimida en su experiencia diaria
para producir agendas nacionales, regionales,
continentales y universales (como la convocatoria
universal de los zapatistas en contra de la globalización)
o inclusive una propuesta de un nuevo paradigma
cultural a partir de la relación de los
pueblos indígenas con la naturaleza.
Lo
importante no es tanto la verdad histórica
y científica de estas pretensiones sino
la audacia, la voluntad política y la
energía vital que ellas expresan en un
momento en que la ideología socialista
del proletariado industrial se muestra debilitada
y se coloca a la defensiva junto a la disminución
del rol de la industria en la dinámica
económica mundial.
Por
esto no es bueno subestimar la profundidad de
los movimientos actuales por la integración
latinoamericana. No se trata de un movimiento
puramente mercantil, a pesar de que el intercambio
de bienes está ligado a fuertes realidades
culturales. Se trata de una voluntad creciente
que expresa deseos contenidos por siglos de fracaso
regional.
La
expansión norteamericana en América
Latina tiene dos lados contradictorios: El reconocimiento
de la eficacia de la economía capitalista
moderna, sobretodo de la producción manufacturera,
asalariada y mercantil, de un lado, y, de otro,
el rechazo a la imposición de la sumisión
de la región, en la medida en que Estados
Unidos se unía a los latifundistas locales
o internacionales para reducirnos a la condición
de un capitalismo dependiente y subordinado al
servicio de su demanda de materias primas y productos
agrícolas.
América
Latina se unió en torno de la idea del
desarrollo regional, se identificó culturalmente
en la perspectiva de una lucha común en
contra del imperialismo estadounidense, lucha
en la cual encontró incluso importantes
aliados dentro de Estados Unidos donde un fuerte
movimiento antiimperialista siempre apoyó esta
perspectiva de los pueblos del sur.
En
el contexto actual, en el cual se presentan posibilidades
concretas de avanzar en el desarrollo regional,
donde nuevas formas de cooperación ganan
fuerza cada día en la región, se
levantan, una vez más, los intereses de
los aliados del subdesarrollo y de la dependencia.
Ellos se alimentan de las relaciones económicas
desiguales y temen el desarrollo de una conciencia
colectiva regional y de las acciones a favor
del fortalecimiento de una política regional
común y unificada.
Esta
reacción tiene dos instrumentos: de un
lado, las constantes búsquedas de situaciones
contrarias a la integración regional y
de razones para su fracaso. De otro lado, la
intervención o incitación la división
entre los países de la región.
En el momento actual esta intervención
busca dividir las corrientes políticas
progresistas de la región, como el intento
de división entre los gobiernos de Brasil
y de Venezuela por el liderazgo de la región.
En el pasado lanzaron siempre a los argentinos
contra los brasileños con resultados favorables
para sus objetivos. Además de varios otros
conflictos regionales que alentaron y apoyaron.
En
el momento actual, ven sobre todo una brecha
en las relaciones entre Bolivia y Brasil. Aprovechando
las ventajas inmorales que empresas brasileñas
adquirieron en Bolivia durante el imperio de
los negociantes corruptos, bajo la inspiración
de la ideología neoliberal, quieren ahora
defenderlas bajo banderas “nacionalistas” con
el objetivo de estimular el confronto entre el
gobierno brasileño y el boliviano. Más
aún, frente a las dificultades para convencer
a la nación a apoyar sus ambiciones, quieren
ahora aprovecharse de las pretensiones sediciosas
de las provincias bolivianas que crecieron en
los últimos años a partir de las
inversiones agro industriales, muchas veces ligadas
a los mercados y capitales brasileños.
La
prensa brasileña, particularmente el periódico
O Globo, abre titulares de primera página
para anunciar una guerra civil en Bolivia, a
partir de los cuatro departamentos de Santa Cruz,
Pando, Bení y Tarija, la “media
luna” “moderna” y sin importante
presencia indígena. Ahí, cerca
de 12 mil hombres estarían siendo entrenados
secretamente para levantarse en contra del gobierno
central. En vez de protestar contra el peligro
que representa para América del Sur y
para Brasil un conflicto como este, se regocijan
y usan el testimonio de “diplomáticos” y “científicos
políticos” que saludan esta situación
como favorable a Brasil para obligar a los bolivianos,
a Evo Morales más claramente, a disminuir
su presión sobre Brasil para que éste
pague un precio más razonable por su gas.
A
este grado han llegado los delirios derechistas
en nuestro continente y su horror a la justicia
social y a la defensa de los derechos de los
pueblos. Más grave aún es su provocación
a los militares de la región y de Brasil,
en particular, al plantear la hipótesis
de una intervención militar de la Venezuela
de Hugo Chávez a favor de Bolivia.
Estos
señores están profundamente equivocados.
Los militares latinoamericanos y brasileños,
en particular, no se dejarán llevar por
conspiraciones de este tipo. Todos sabemos los
orígenes de estas informaciones confidenciales.
Son las mismas que demostraban la existencia
de armas de destrucción masiva terribles
en el Irak de Saddan Hussein. Los militares se
han dejado llevar muchas veces por este tipo
de informaciones falsas y ha asumido compromisos
de gobierno y represión que los apartaron
de nuestros pueblos y del fortalecimiento de
nuestras naciones. Hoy día es muy difícil
que se dejen atrapar otra vez por estas conspiraciones.
Carlos
Andrés Pérez lo intentó en
Venezuela en la década del 90 con resultados
contrarios a sus pretensiones. Solo fortaleció a
un militar que él odia: Hugo Chávez.
Estos señores se están moviendo
en aguas turbias. Pero pueden estar convencidos
que los militares bolivianos defenderán
la unidad nacional del pueblo boliviano y la
integración latinoamericana. Y pueden
estar convencidos también que los militares
brasileños no irán a Bolivia a
servir sus intereses económicos y geopolíticos
contrarios a la voluntad de nuestros pueblos.
Theotonio
dos Santos es
profesor titular de la Universidad Federal Fluminense
y Coordinador de la Cátedra y Red UNESCO – Universidad
de las Naciones Unidas . Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente
publicado por Jornada, el 17 de mayo del 2007.
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Bolivia 19 05 07
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