Cuídese
del antiguo “socialismo del siglo veintiuno” de Chávez
Por
William
Ratliff
Gilbert
y Sullivan podrían haber escrito
una brillante opera cómica sobre el espectáculo
del mes pasado de Hugo Chávez persiguiendo
a George Bush por toda América Latina de
sur a norte, chillando a más no poder. Los
dos visitaron cinco países cada uno, Bush,
por primera vez, pregonando la “justicia
social”, y Chávez jugando a la moderna “brigada
de la verdad”, “corrigiendo” e
interpretando todo lo que el presidente estadounidense
exclamaba. Bush nunca mencionó a Chavez
por su nombre, mientras que el venezolano se concentró enteramente
en los peligros del “diablo” estadounidense.
En
verdad, el enfrentamiento puso en evidencia a
los muy serios enfoques alternativos para el
desarrollo nacional que rivalizan hoy día
en América Latina. Bush niega que su muy
necesario viaje que comenzó en Brasil y
finalizó en México le fue impuesto
por el crecimiento del populismo autoritario chavista
en América Latina, pero la negación
suena hueca. El resultado de esta competencia es
importante para los Estados Unidos, pero es crítico
para los latinoamericanos.
Bush
no es popular en América Latina, pero
las encuestas muestran que aún así cae
ligeramente mejor que Chávez. Dicho eso,
muchos latinoamericanos están de acuerdo
con mucho de lo que el líder venezolano
dice. Ha asumido el rol que Fidel Castro detentó durante
décadas como el más destacado proveedor
anti-estadounidense de tripa económica y
falsa esperanza de la región. Pero la popularidad
del mensaje populista autoritario de Chávez
ha sido visto en comicios y políticas recientes
desde Argentina y Bolivia hasta México.
Sí uno quita los constante ataques ad hominem
contra Bush de Chávez, su mensaje puede
ser resumido en tres puntos básicos: (1)
gran parte de América Latina está plagada
al parecer por una pobreza e inequidad de difícil
solución; (2) los Estados Unidos y las elites
enquistadas y las instituciones nacionales son
responsables de esta situación; y (3) su “socialismo
del siglo veintiuno” es la panacea, la brillante
y fulgente esperanza de las masas empobrecidas
que buscan la libertad de la explotación
y un futuro gozoso. Está completamente acertado
acerca del primer punto, acertado en parte sobre
el segundo punto, y totalmente equivocado respecto
del tercero.
Gran
parte de este mensaje resuena alrededor de América Latina debido a que mucha gente
se encuentra enormemente frustrada por siglos de
regímenes que constantemente han fallado
en atender a las necesidades populares. La extrema
pobreza y la inequidad han caracterizado a la región
desde las épocas precolombinas. Pero el
mensaje de Chavez resuena también porque
resulta mucho más fácil culpar a
los Estados Unidos de los propios problemas que
reformar a la tradicionalmente apática cultura
latinoamericana y a las instituciones que son responsables.
De
hecho, buscar la salvación terrenal
de un Mesías chavista es el mayor sin sentido
porque los latinoamericanos han transitado por
ese camino antes con distintos disfraces. Este “socialismo
del siglo veintiuno” es simplemente un agresivo
y globalizado refrito del paternalismo autoritario
y estatista que causó y sostuvo el subdesarrollo
de América Latina en primer lugar. Es precisamente
la antigua visión ibérica del pueblo,
la economía y las instituciones que durante
muchos siglos hicieron y mantuvieron a América
Latina como la región más desigual
sobre la tierra.
Este “socialismo” puede sobrevivir
durante algunos años en Venezuela donde
Chávez está actualmente consolidando
poder con un reciente mandato electoral. Es capaz
de hacerlo desparramando a su alrededor varios
miles de millones de petrodólares y rescatando
así a los fracasados y endebles programas “socialistas”.
Otros países que han caído o amenazan
caer bajo el hechizo de un Mesías chavista-los
casos más obvios son Bolivia y Ecuador-
pero que carecen de los miles de millones de petrodólares,
se estrellarán más rápidamente
sí no se limitan a arder indefinidamente
a fuego lento en la desesperanza continua.
El
nuevo interés de Bush en la “justicia
social” es un esfuerzo tardío para
comunicarse con las poblaciones latinoamericanas
que por lo general consideran a los Estados Unidos
el modelo de la oportunidad social y económica
pero también de la explotación y
el egoísmo, una impresión intensificada
por las severas políticas estadounidenses
en materia de seguridad desde el 11/09. Ambos presidentes
mencionaron sus “generosos” paquetes
de asistencia de varios miles de millones de dólares
en años recientes--Chávez afirmando
que solo su ayuda más amplia beneficiará realmente
al pueblo. Pero esta clase de vínculo económico
es insignificante cuando se lo compara con otras
formas de interacción económica.
Incomparablemente
más valiosos que la ayuda
exterior son los Estados Unidos como un mercado
para los bienes latinoamericanos y un lugar de
trabajo para los oriundos de América Latina.
Las exportaciones latinoamericanas a los EE.UU.
el año pasado sobrepasaron los $330.000
millones y las remezas enviadas a sus países
por los latinoamericanos que trabajan en los Estados
Unidos fueron de más de $60.000 millones.
Esas realidades importan mucho más para
millones de latinoamericanos que una ayuda insignificante
y Chávez no ofrece nada que sea siquiera
remotamente comparable. Desde luego, Chávez
sustenta una parte importante de su socialismo
anti-estadounidense con sus ventas masivas a los
astronómicos precios del mercado de petróleo
a los Estados Unidos.
La
verdadera necesidad de América Latina
en la actualidad, al igual que en los siglos pasados,
es precisamente lo opuesto al socialismo autoritario
chavista. Específicamente, necesita una
educación bastamente expandida y de alta
calidad que promueva el espíritu emprendedor
y la responsabilidad personal. Precisa la creación
de oportunidades para todos de trabajar y desarrollarse
con una igual protección bajo la ley. Necesita
un mayor pluralismo, liberalización económica
y un comercio verdaderamente libre.
Los
Estados Unidos no son perfectos en estas áreas,
pero están a años luz por delante
de Venezuela. Varios países latinoamericanos
están inclinándose, en grados variantes,
en la dirección constructiva: entre ellos
Chile, Colombia, México y Brasil. Washington
debería apoyar a estos países y ellos
a su vez unirse a los EE.UU. para demostrar callada
pero firmemente cómo el comercio y los mercados
libres ofrecen una alternativa potencialmente productiva
a la receta de buscar un chivo expiatorio y paternalista
de Chavez para la inequidad y la pobreza continuas.
Ciertamente, si el modelo chavista triunfa, los
moderados bien pueden ser eliminados en el caos.
Como
una señal inmediata de seriedad, Washington
debería limpiar las contradicciones y los
aspectos contraproducentes de las políticas
comerciales e inmigratorias estadounidenses.
William
Ratliff es Asociado Adjunto
en The Independent Institute, Investigador Asociado
en la Hoover Institution
de la Stanford University, y un frecuente escritor
sobre temas de la política exterior china
y cubana. Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente
publicado por The Independent Institute, el 20
de marzo del 2007 ( Traducción de Gabriel Gasave)
. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.
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Bolivia 26 05 07
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