A
pesar
de você

Por
Winston
Estremadoiro
Mucha agua bajo el puente ha discurrido desde que
en agosto 2001, propuse que una nueva geopolítica boliviana debería basarse en un chiste:
para recuperar el mar se debería declarar la guerra a Brasil, que nos
empujaría en dos patadas hasta el Litoral perdido. Era algo más
que una liviandad mía.
Llamaba
la atención a que la posición
geográfica de la enclaustrada y paupérrima
Bolivia, en el centro de la cintura del continente,
era importante para que un pujante Brasil, cuya
economía es casi 60 veces el tamaño
de la boliviana (sólo el PIB de la ciudad
de São Paulo es casi 11 veces el nuestro),
llegase a mercados del Lejano Oriente, por puertos
del Pacífico y a través de corredores
de exportación por nuestro país.
Me
desmarcaba de un andinocéntrico lloro
del occidente boliviano por el mar, un sinsentido
centralista con un Puerto Aguirre exitoso; con
un Puerto Busch en ciernes con la explotación
del hierro del Mutún. Que podríamos
tener puertos en Riberalta y Guayaramerín,
navegar al Atlántico por esclusas de las
hidroeléctricas que bordearían las
cachuelas en el río Madera, si fueran binacionales,
amén de compartir los réditos de
la inmensa producción de energía
hidroeléctrica.
Brasil
es el mayor socio comercial nuestro. Con el gas
natural, se logró revertir una balanza
de pagos deficitaria. Van y vienen, con el gas
natural, 44,2% de nuestras exportaciones y casi
22% de importaciones. Sugería que se debería
imitar la experiencia histórica de Finlandia,
cuyo pasado de dos guerras con la inmensa Rusia
no fue óbice para que sea su mayor socio
comercial, una palanca que convirtió a la
pequeña Suomi en abanderada de ingresos
bien distribuidos, un adalid de la probidad en
un mundo corrupto.
Echaba
en cara el contrasentido de tener Embajada en
Rumania, quizá para estudiar paralelos
entre el Conde Drácula y chupasangres de
la política criolla, cuando deberían
profundizar vínculos con estados interiores
de Brasil, para revivir el ferrocarril Madeira-Mamoré,
negociar un puerto en Porto Velho, traer el estaño
aluvional de los Parecís por el Mamoré hasta
Puerto Villarroel y procesarlo en Vinto, lograr
una ganadería tropical sin aftosa en ambas
riberas del Guaporé, compartir experiencias
en producción de soya y biocombustibles.
Todos
esos temas, y algunos otros que resulta machacón reiterar, dependían de la
buena predisposición del Brasil. Pero como
dijo Einstein, hay dos cosas infinitas: el universo
y la estupidez humana, aunque el sabio no estaba
tan seguro de lo primero. El gobierno de Evo Morales
expone lo segundo y Bolivia ya sufre las consecuencias.
La
ventaja geográfica no va más.
Y no es cosa de hacerle gambeta al Chapare cocalero,
sino que se hará un bypass al país
entero, con la decisión brasileña
de concretar el corredor bioceánico principal
por el sur, camino a puertos chilenos sin pasar
por Bolivia.
Si
hace poco más de un lustro teníamos
la esperanza de volver a la vecindad del Pacífico
con el gas natural como Canciller, hoy tenemos
uno más conocido por bobadas étnicas
aymaras en país mestizo latinoamericano,
ya reconocido por ser multicultural y plurilingüe,
como reza su actual Constitución. Mientras
tanto, la zanahoria de un acceso soberano al Pacífico,
arrea a la mula boliviana sin que el arriero chileno
ceda un ápice en su posición, habiéndola
fortalecido, además, al relegar a Bolivia
a un plano secundario como eventual proveedor de
energía.
De
ser un Estado limosnero donde una indigestión
en la Embajada de Estados Unidos retumbaba en el
Palacio Quemado, ahora somos poco más que
una colonia de Venezuela, con su embajador presente
en reuniones de gabinete. Y si Evo Morales condenó limosnas
y gastos reservados, sólo fue para suplirlos
con un maletín de petrodólares venezolanos,
conectado con el titiritero populista que mueve
los hilos desde Caracas.
Con
las falsas nacionalizaciones se ahuyentaron las
inversiones, de tal suerte que si bien el gas
existe en las profundidades bolivianas, no está disponible
para honrar contratos con Brasil y Argentina. Tampoco
para atender los requerimientos de GLP para consumo
interno, que se va a países vecinos donde
no se lo subvenciona. Y menos para futuros acuerdos
con Chile, Paraguay y Uruguay, a los que se llegará eventualmente,
por intermediarios de otros países que sacarán
la tajada del león del negocio, en vez de
que Bolivia sea nodo energético de esta
parte del mundo.
Se
ha trocado ser el amigo adulado de un gigante
vecino que no dejará de crecer, por ser
el ahijado circunstancial de un dictador caribeño
forrado de petrodólares, haciendo oídos
sordos a que ambos, totalitarismo y solvencia de
recursos naturales, son efímeros. Ya lo
sentenció el director general de la Federación
de Industriales del Estado de São Paulo
(FIESP): “éramos amigos”; ahora “no
hay ningún interés empresarial ni
gubernamental en Brasil para invertir en Bolivia.
Después de ver las imágenes del Ejército
boliviano tomando petroleras a la fuerza no nos
pasa por la cabeza hacerlo”.
Hoy
sólo queda la esperanza de que Brasil
no peque del falso orgullo de la arrogante reina
Victoria, quien se dice que tachó a Bolivia
del mapa, enterada de que el tirano Melgarejo expulsó de
La Paz, montado al revés en un burro, al
enviado de Su Majestad. Ojalá que los empresarios
de São Paulo no caigan en el inmediatismo, ávido
de oro y esclavos, de los bandeirantes de antaño.
Más bien, cabe exhortarles a que recuerden
aquellas estrofas de su gran Chico Buarque, que
confortaron a los brasileños en la dictadura. Únanse
a los bolivianos, pues, a cantar: “A pesar
de você, Amanhã há de ser,
Outro día, Inda pago para ver, O jardim
florecer, Qual você não quería,
Você vai se amargar, Vendo o día raiar,
Sem lhe pedir licença… A pesar de
você”. Porque el actual régimen
picapleitos y chambón de Evo Morales no
será para siempre.
Winston
Estremadoiro es antropólogo (winston@supernet.com.bo) . Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente
publicado por El Nuevo Día , el 8 de junio del
2007 . Reproducimos el mismo en beneficio de
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Bolivia 09 06 07
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