Cuba,
Venezuela y Bolivia
Por
Michel Balivo
Justamente el día en que el niño del Alba cumple años, Evo
Morales que asistió como padrino a presenciar su nacimiento, vuelve ahora
como presidente de Bolivia a unirse a los padres, Venezuela y Cuba, para constituir
un triunvirato.
Estamos
habituados a estos rituales mayores cuya ceremonia
simboliza el principio de una nueva etapa
de vida. Para la gran mayoría de nosotros
no hay ese inicio sin una ceremonia nupcial con
toda su pompa, acompañada de la posterior
gran celebración. Necesitamos estos principios
y fines claramente contrastados. Si no existen
pues los inventamos y los fechamos.
Y
es que hemos convertido la vida en una especie
de reality show. Los presidentes se reúnen
en continuas cumbres, como los reyes de antaño
con sus cortes. Todo es lujo y luminosidad, banquetes.
Allí cientos de representantes discuten
con otros tantos traductores simultáneos.
Luego
de firmar acuerdos, salen y hacen la representación
para las cámaras que ya los esperan ansiosas.
Las imágenes se reproducen para todo el
planeta, cientos de millones de personas las ven
simultáneamente. Una vez terminada la representación
se desmonta el escenario de utilería, se
apagan las luces y cada cual para su casa. Aquí no
ha pasado nada.
Y
en efecto, nada pasa. Porque todo es una representación
para el circo. Las reglas que rigen el juego ya
las conocen todos y nadie las discute. Y si las
discute vienen las amenazas, los bloqueos y finalmente
la invasión, directa o intermediada. Las
cosas son simples. Siempre han sido simples. A
nivel de hechos e intereses todo está muy
claro.
Podemos
si estamos aburridos, buscarle las cinco patas
al gato y tejer todo un mundo secundario
alrededor. Pero en el centro de la casa desde tiempos
ancestrales, siempre han estado el fuego, la cocina
y la mesa en torno a la cual nos reunimos todos.
Enfrente el baño, o los arbolitos para completar
el circuito. A los lados las camas o pieles, para
el reparador sueño después de un
día de trabajo. Y a veces para ayudar un
poquito a la especie.
Lo
demás es entretenimiento, adorno estético,
plantitas, cuadros, algún animalito para
engañar el encerramiento entre muros de
concreto, tal vez estatus, todo ello prescindible.
Antes de que me pregunten si soy enemigo de la
comodidad y la vida moderna, les digo que a veces
me parecería más sencillo llevar
la comodidad al campo que traer este a la ciudad.
Pero
no, no estoy en contra. Digo que decir ser humano
es decir trascendencia innata. ¿Hablo
del cielo, paraíso y todo eso? Si, también
de eso. Pero sobre todo de ir más allá de
las necesidades y su cíclica satisfacción.
Nunca estuvimos conformes con sobrevivir. Siempre
buscamos “ese algo más” que
cada época pintó a su modo.
Por eso vivimos buscando identidad y dirección
y somos tan sugestionables a la crítica,
a la pérdida de prestigio, reconocimiento,
aceptación. O dicho al revés, por
eso siempre han tenido tanta fuerza la excomunión,
la expatriación, el temor a convertirnos
en parias, en don nadies. Por eso nuestra atención
resulta tan fácilmente atrapable y direccionable
y pueden hacernos creer lo que deseen. Pero todo
eso tiene cual contracara la posibilidad de elegir
como queremos vivir. Todo eso nos convierte en
seres históricos en lugar de naturales.
Ha construido un camino desde la época del
pitercantropus erectus hasta aquí.
Y
si por todo eso hay que aprender, andar a los
tumbos y darnos algunos golpes, yo creo que vale
la pena. No, no estoy en contra de nada, sino a
favor de “ese algo más”. Y digo
que ya podríamos organizar las cosas un
poquito más sencillas y sobre todo más
disfrutables. ¿Porque de qué nos
va a servir una revolución, si seguimos
siendo miedosos y amargados?
Volvamos
pues a lo simple, sincero, preciso, efectivo.
Eso me recuerda un buen amigo que dice que a veces
las cosas no son tan sencillas. El por ejemplo
concuerda con el señor Bush en no firmar
el protocolo de Kyoto, y confía más
en invertir en investigación de fuentes
de energías alternativas.
Yo estoy totalmente de acuerdo con mi amigo. El
señor Bush invirtió, investigó y
resultó que tales fuentes estaban en Afganistán,
Irak, Irán, Libia, Venezuela, etc. Así que
se fue para allá decido a tenerlas. Pero
claro, a veces las cosas no resultan tan sencillas.
Estamos claros entonces en que necesitamos una
dirección. Necesitamos saber qué queremos,
como queremos vivir y como dirigirnos hacia ello,
como conseguirlo. Pues las opciones están
muy claras. Por un lado tenemos la del señor
Bush. Que no es ninguna novedad. Y por otra tenemos
algo bastante difuso que llevaba mucho tiempo en
la atmósfera.
Hasta
que la revolución cubana la fijó,
la trajo a tierra, la encarnó, la hizo historia.
El señor Castro sentía confianza
en el ser humano y decidió explorar esa
posibilidad, decidió dedicar su vida a ese
sueño. La historia y el precio de tal experiencia
ya lo conocemos todos.
Cuando
los tiempos estuvieron maduros, apareció el
señor Chávez con su boina roja y
su revolución bajo el brazo. Y todos saben
más o menos el precio que hemos pagado desde
entonces. Pero el plan mayor ha avanzado, se ha
ido abriendo camino.
Cuba
ha puesto generosamente sus frutos al servicio
de Venezuela. Gracias a ello el camino de tierra
se convirtió en carretera de asfalto. Y
ahora, Alba mediante, estamos punto de vencer la
gravedad o inercia de la historia y despegar. A
este proceso se suma el señor Morales y
en sus propias palabras, ya son tres generaciones
comprometidas a liberar América.
¿Un sueño? Bueno puede ser. Si Cuba
y Venezuela son un sueño, si toda la historia
humana es un sueño. Si la dignidad humana
es solo un animal que se sueña diferente
a lo que es, entonces puedo aceptar que este también
es un sueño. Pero que quita el hambre, sana
enfermedades, devuelve la vista, alfabetiza, hace
accesible viviendas, educación, participación
social, llena los corazones de entusiasmo, enciende
una luz cada vez más potente a futuro.
En los diez años previos al gobierno bolivariano,
hubo solo dos aumentos de sueldos con 80% de inflación,
al cabo de los cuales se derogaron todos los beneficios
sociales para “flexibilizar las leyes laborales,
atraer capitales y crear puestos de trabajo”.
Los últimos siete años en Venezuela
los sueldos aumentan por encima de la inflación,
este año 40% con la inflación en
un dígito, y esperamos que igual la desocupación.
Se derogaron todas las leyes neoliberales y se
crearon nuevas. Se multiplicaron las fuentes de
trabajo privado y hay inamovilidad laboral que
se renueva cada seis meses.
Aparte
de ello están las misiones. Comida
básica 40% por debajo de la inflación,
salud en todos los niveles, educación en
todos los niveles, sueldo para las madres a cargo
de sus hijos que no tienen trabajo. Créditos
al alcance de todos, vivienda digna a precio de
costo y a pagar según lo que ganas y con
bajísimos intereses. Crecimiento sostenido
del país, el mayor de América en
los dos últimos años. Sabotajes y
golpes de estado de por medio.
¿Es simple no? ¿Hay motivos para
la participación entusiasta? ¿Será este
un gobierno interesado en el pueblo? Como dije,
si estás aburrido o amargado puedes empezar
a buscarle las cinco patas al gato y crear todo
tipo de adornos secundarios, pero los hechos hablan
por si mismos. Y si los hechos no hablaran allí está el
rostro sonriente y hospitalario del venezolano.
La
complementación de economías
sociales cubana y venezolana que hizo esto posible
en tan pocos años, dio lugar al ALBA, que
en solo cinco años multiplico por cinco
el intercambio entre ambos. Forjó infinidad
de empresas entre ambos estados, complementando
las capacidades y recursos y potenciándolos,
abriendo el estricto bloqueo de 40 años.
Este
dinámico y alegre crecimiento es lo
que desborda las fronteras y lleva a ambos países
a compartir su proceso con los pueblos hermanos.
Alfabetización, salud social, ayuda en catástrofes
climáticas. Pero también acuerdos
similares con gobernaciones, la de Paraná en
Brasil. Con alcaldías en Nicaragua. Con
cooperativas y asociaciones sociales en toda América.
Venezuela
termina de comprar la cooperativa de ahorros
sociales COFAC en Uruguay, para reiterar
la política de préstamos sociales
al campo y a la pequeña industria. Un porcentaje
del superhábil se invierte en obra social,
reproduciendo las misiones. Ahora se apresta a
hacer lo mismo en Bolivia. La lista es interminable
pero para muestra alcanza un botón.
¿Quieren otro botón? Perú se
negó a permitir que un vuelo de personas
de bajos recursos camino de ser operado gratuitamente
en Venezuela, dentro de la misión Milagro,
atravesara su espacio aéreo. El gobierno
de El Salvador se niega a exonerar impuestos de
uso del aeropuerto a las naves venezolanas que
vienen a recoger 600 personas para operarlas de
la vista, así como impuesto de salida a
tales personas. ¡Vaya salvador!
Este
proceso simple, sincero, preciso y efectivo,
desemboca en el tercer socio del ALBA. Ahora
Venezuela
y Cuba se comprometen a reproducir su proceso en
Bolivia, a crecer los tres juntos en todos los ámbitos.
No esperaron a que Bolivia se integrara. Hace meses
que la misión Milagro, Robinson de alfabetización,
la ayuda solidaria para las inundaciones están
en Bolivia.
No
hay chantaje, presión, competencia,
amenazas, agresiones. Simplemente creatividad que
se abre caminos, solidaridad que sobrevuela temores
y alambradas de púas. Los medios de comunicación
y los que actúan para ellos siguen representando
sus guiones para el circo. Pero el pueblo está mirando
para otro lado, está sintiendo el calor
y la sustancia de los hechos.
Porque
no es lo mismo ver un banquete por TV con el
estómago vacío, tragándote
la rabia y la indignación, que invitar a
los amigos a casa y sentarse alrededor de la mesa,
la familia contenta, el pan ganado con dignidad.
Tal vez la dieta sea humilde, pero sabe a gloria.
Este
es el camino de los simples hechos, de alguien
que un día apostó al valor del ser
humano y dedicó su vida al servicio de ese
sentimiento. Lo convirtió en hechos, en
carne, sangre y huesos, en historia. Alguien que
no creyó el cuento de la barbarie, que pese
a que todo jugaba en contra, decidió confiar
en lo que su corazón susurraba.
Esta
es la simple historia del ALBA, que hoy cuenta
ya con tres generaciones que comparten un mismo
sentir, confían en sus sueños, los
convierten en hechos y traen al mundo eso tan difuso
de hermandad, justicia, libertad, igualdad.
Esas
son las simples, sinceras, precisas y efectivas
opciones que tenemos a futuro. Sumar nuestras fuerzas
a esta amplia avenida de pueblos, plena de colores,
canciones, entusiasmo, creatividad multiplicativa.
Concentrar nuestra atención y fuerzas con
decisión y firmeza, en esa corriente de
hechos y vida crecientes, expansivos.
O
permitir que el reality show nos hipnotice otra
vez, nos haga creer que somos impotentes para vivir
como elegimos hacerlo, para construir juntos nuestro
futuro. Poniéndonos a nosotros, que siempre
hemos sido los constructores, otra vez a competir
unos contra otros como fieras enardecidas, al ritmo
de canciones de guerra y destrucción de
todo lo hermoso.
Michel
Balivo es intelectual Boliviariano. Sus puntos
de vista no necesariamente son los de Petroleumworld
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Bolivia 14 07 07
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