La
tentación de conservar el poder
Evo, ¿el
supremo?
Por
Marco
Zelaya
Ahora
que en el país se habla de la reelección
ilimitada del presidente y del vicepresidente,
incluida en el proyecto de Constitución
Política del Estado (CPE) del MAS, es oportuno
recordar que son pocos los gobiernos, a lo largo
de nuestra historia, que aspiraron a perpetuarse
en el poder sin que tal pretensión lograra
un efecto contrario.
La regla, en las reformas constitucionales efectuadas
hasta la fecha, es el ejercicio de la presidencia
con un promedio de entre cuatro a seis años
y con la posibilidad de la reelección una
vez transcurrido un período –hay un
mínimo de tres años en las modificaciones
de 1861 y un máximo de ocho en las de 1843–,
mientras que la excepción está en
los cambios promovidos en 1831, 1834, 1868 y 1961.
En los casos de 1831 y 1834, cuando gobernaba el
Mariscal Andrés de Santa Cruz, se adoptó la
reelección indefinida pero sin revocatoria,
en tanto que en 1868, durante la dictadura de Mariano
Melgarejo, tan sólo se otorgó ese
derecho por otro período consecutivo y en
1961, con la denominada “constitucionalización” de
la Revolución del ´52, se estableció la
reelección inmediata por una sola vez, aunque
se podía llegar a un tercer ejercicio, pero
después de que transcurriera un período
constitucional.
La tentación de conservar el poder es enorme.
Pese a la reforma constitucional de 1962, el ex
presidente Víctor Paz Estenssoro tampoco
pudo consolidar dos períodos consecutivos
en el Palacio Quemado.
El Libertador Simón Bolívar incluyó en
la Constitución de 1826 la presidencia vitalicia –el
Jefe de Estado era vitalicio, inviolable, irresponsable
y podía elegir a su sucesor–, que
en realidad otorgaba limitadas atribuciones a quien
la ejerciera, pero que despertó un enorme
descontento; el constitucionalista Ciro Félix
Trigo, en su obra “Las Constituciones de
Bolivia”, actualizada con el aporte del jurista
Jorge Asbún Rojas, recoge la crítica
de un diplomático francés, coetáneo
a Bolívar, a esta primera ley fundamental: “un
presidente vitalicio e irresponsable que goza del
derecho a elegir a su sucesor es el trono revestido
de la librea republicana”. Lo cual da una
idea del mal ambiente que había creado la
idea de un gobernante con perfil de emperador.
Una
iniciativa común
La
reelección ilimitada con revocatoria
que plantea el MAS es, por tanto, más ajena
que propia de la economía constitucional
del país.
Da la impresión de ser una idea trasplantada:
no es casual que este ejercicio sin límite
del poder se haya planteado en momentos en que
el presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
con el control de una Asamblea sin opositores,
se dispone a reformar la Constitución Bolivariana
que le permitió permanecer nueve años
en el poder. Tales cambios fortalecen a Chávez
a costa de la libertad de los venezolanos y, fundamentalmente,
del derecho a la propiedad privada.
Al parecer, el presidente de Ecuador, Rafael Correa,
aplicará la misma receta del gobernante
venezolano, quien cuenta, sin embargo, con aproximadamente
34 mil millones de dólares anuales en ingresos
petroleros para consumar su estrategia de perpetuarse
en el poder, al estilo del dictador cubano Fidel
Castro.
Problemas de gobernabilidad
Pero
Bolivia no es Venezuela. La iniciativa de incluir
la reelección ilimitada en la nueva
CPE nacional se ha conocido en medio de uno de
los períodos más difíciles
del gobierno del presidente Evo Morales.
Aquejado por serios problemas de gobernabilidad,
hasta ahora no ha logrado que la más ambiciosa
de sus reformas políticas, la Asamblea Constituyente,
apruebe por lo menos un artículo –y
menos el de la reelección ilimitada con
revocatoria–; por el contrario, para evitar
un estrepitoso fracaso del foro, con un elevado
costo para su liderazgo, gana consenso la propuesta
de declarar un receso que permita encontrar “consensos
mínimos”, lo cual revela que la ampliación
de las deliberaciones concedida por el.Congreso
no ha sido suficiente para subsanar sus innumerables
problemas internos y menos para morigerar las presiones
corporativas externas.
En lo económico, pese a la fortaleza del
sector externo, el Gobierno no logra consolidar
una adecuada gestión; la impericia ha quedado
al desnudo, por ejemplo, en el manejo de todo lo
relativo al brote inflacionario.
Agotadas las puestas en escena que buscan efectos
políticos y mediáticos de muy corto
alcance, parece inviable que, bajo estas condiciones,
el MAS alcance la meta de permanecer largos años
en el poder. El desgaste es evidente. E impopular
la sola idea de un presidente con innumerables
prerrogativas.
Evo, ¿el supremo? Es muy probable que esta
aspiración deba ser postergada.
Marco
Zelaya es
periodista. Los puntos de vista expresados no
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son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este articulo fue originalmente publicado
por Pulso, el 26 de Agosto, 2007.
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Bolivia 26 08 07
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