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Puntos de Vista
Análisis y opinión sobre energía y política

 


La pelea por la renta petrolera


Por Daniel Montamat.

La nacionalización de los hidrocarburos de Bolivia en realidad camufla un debate de
fondo producido por los altos precios del petróleo: la apropiación de la renta de los
recursos naturales. Si la ideología prevalece sobre la discusión racional que debe
tener en cuenta las características del negocio, no habrá renta ni para las
empresas, ni para el estado boliviano. El 100 por ciento de cero, es cero.

La característica económica básica de este negocio es calcular el valor de reservas que razonablemente se esperan encontrar, contra el riesgo y costo de explorarlas, desarrollarlas, producirlas y comercializarlas. La existencia de reservas de petróleo o gas en un territorio es un legado de la naturaleza que genera rentas. Esas reservas están distribuidas en yacimientos de distinta dimensión, productividad y costos.

David Ricardo fue el economista inglés que desarrolló el concepto de renta
económica. Lo hizo argumentando en contra de una ley de granos que protegía la
producción agrícola, restringiendo la importación y elevando los precios del
mercado interno. La noción de renta estaba asociada a un beneficio extraordinario
por encima del beneficio normal que reportaba la actividad agrícola. El concepto de renta asociado originalmente a la tierra como factor productivo, se hizo extensivo a los recursos humanos y a otros recursos naturales no renovables como los mineros.

La renta petrolera puede ser definida como la diferencia entre el precio del
mercado, por un lado; y los costos de producción más un importe para costos
adicionales —transporte, procesamiento y distribución— y un retorno sobre el
capital invertido, por el otro. En el caso del petróleo hay un precio de referencia
internacional. En el caso del gas hay precios de referencia regional y relaciones
entre ese precio y el de los sustitutos próximos (fuel oil, carbón mineral). A su vez, los costos varían según la productividad de los yacimientos. La renta de un
yacimiento en Medio Oriente es mayor que la de uno en Venezuela; y la de un
yacimiento en Venezuela, mayor que la de uno en la Argentina.

Apropiación y reparto

Hay dos modelos extremos de apropiación y/o reparto de la renta petrolera: el
estatal y el de reparto mediante concesiones privadas de la explotación. En el
primer caso, el estado monopoliza la actividad y se apropia de la renta mediante
una empresa pública que debe aplicar parte de sus utilidades a la reposición y
desarrollo de nuevas reservas. Los ejemplos que más se acercan a este modelo
están entre las empresas estatales de Medio Oriente (Arabia Saudita, Irán, Irak,
Kuwait).

En el otro esquema, son los concesionarios privados los que deben hacer la
inversión, y el estado se apropia de parte de la renta a través de regalías e
impuestos. El caso de EE.UU. es el más paradigmático de esta categoría: nunca
tuvieron una petrolera estatal.

En el medio hay muchas experiencias mixtas. Brasil, con Petrobras como empresa
estatal, pasó de un monopolio total a un régimen que mantiene la petrolera pública
como actor excluyente, pero que acepta la coexistencia —todavía acotada— con
nuevos actores privados. Argentina se deshizo de la YPF estatal que producía
petróleo y gas por sí (70%) y con la asistencia de contratistas privados (30%), y
adoptó un esquema de concesiones privadas. En Bolivia, la privatización de YPFB se instrumentó por medio de un proceso de capitalización, donde los privados se
quedaron con el 51% de los distintos activos y los fondos de pensión retuvieron el
otro 49 por ciento. Cuando sube el precio del petróleo se fortalece la posición de los estados con hidrocarburos para aumentar su participación en la renta. Nuevos impuestos, más regalías, o revisión de las participaciones en las modalidades de producción compartida entre la empresa del estado y las empresas privadas. El caso extremo es la nacionalización de la industria. Cuando el precio del petróleo baja, se fortalece la posición negociadora de las empresas privadas porque muchos estados con petróleo y gas empiezan a competir por sus inversiones. Los niveles de apropiación estatal de la renta (government take) son decisivos a la hora de decidir dónde invertir.

Cuando la disputa por la apropiación de la renta pierde el foco del negocio (el
recurso natural no renovable hay que explotarlo y las reservas producidas deben
ser repuestas), empiezan a declinar la actividad y los ingresos. Si el petróleo y el
gas siguen bajo tierra no hay renta para nadie.

En el modelo de empresa estatal esto sucede cuando las interferencias políticas
terminan generando pérdidas que inhiben la inversión. La mayoría de las petroleras
estatales latinoamericanas padecieron esta traumática experiencia. No es el caso de Statoil, la petrolera del estado noruego, que ha tenido resultados positivos
ininterrumpidos.

Por su parte, los modelos de renta compartida también pueden paralizar la
actividad cuando las pulseadas por el reparto se vuelven recurrentes, y empieza a
primar la incertidumbre. El peor de los mundos es no contar con la empresa pública
idónea y superavitaria y reclamar porcentajes de renta que sean disuasivos de la
inversión privada.

Bolivia había avanzado en la disputa por la renta con las empresas privadas. La
nueva ley de Hidrocarburos había llevado la regalía del 18 al 50%. Con la
nacionalización, el porcentaje de apropiación de renta por parte del estado, por lo
menos en los campos más productivos, se lleva el 82%. Las empresas han dicho
que es demasiado. Se abre un compás de espera para la renegociación con la
inevitable parálisis de inversiones. Si la transición se prolonga, los indicadores de
reserva y producción empezarán a declinar, con el consiguiente impacto sobre los
ingresos públicos y la actividad económica.

Daniel Montamat, expresidente de YPF y ex secretario de energia.Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por Clarín - DOM 21.05.2006. El presente artículo es parte de una ponencia presentada en el taller internacional sobre integración regional, comercio y desarrollo sostenible organizado por CLAES en Montevideo, en abril de 2006. Petroleumworld no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por esta publicacion, por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.

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