La
Rutas Latinoamericanas son para Valientes
FP

Camino
a la muerte: imagen de la carretera que conecta la capital
boliviana, La Paz,
con los Yungos y la cuenca amazónica,
considerada la vía más peligrosa del mundo.
Por Fernando
Gualdoni
América Latina no está en red. La falta de infraestructuras
lastra el desarrollo económico y social del subcontinente,
que deberá luchar por la integración regional si
no quiere quedar por detrás del sureste asiático.
La vía escogida, el ambicioso plan IIRSA, tiene un largo
recorrido.
Camino
a la muerte: imagen de la carretera que conecta la capital
boliviana, La Paz, con los Yungos y la cuenca amazónica,
considerada la vía más peligrosa del mundo.
Cómo es posible que en América del Sur haya aún
carreteras como la que va de La Paz a Coroico, donde la media
de fallecidos en accidentes sea de 20 por kilómetro recorrido,
o que en Perú sólo existan 0,36 kilómetros
de vía pavimentada por cada mil habitantes, lo que lleva
al Banco Mundial a calificar a la red peruana como muy “pobre”? ¿Cómo
se entiende que a los productos argentinos les cueste tanto acceder
a los puertos chilenos del Pacífico, y viceversa, o que
el gas boliviano aún no tenga una salida desde la costa
de Perú hacia el mercado estadounidense? Sólo alguien
con el espíritu y la destreza de Indiana Jones y todo
el tiempo del mundo puede aventurarse a ir por tierra desde Venezuela
a Brasil pasando por los territorios de la Guayana.
La explicación a todo esto es que América Latina
tiene una gran deuda con las infraestructuras y, cada año
que pasa, ese déficit no hace más que restarle
crecimiento a la economía y bienestar a la gente. “No
es la falta de dinero lo que ha frenado la creación de
nuevas infraestructuras, sino octubre| noviembre 2007 41 la falta
de un entorno jurídico estable, un ambiente institucional
y legal, podríamos decir, que no eche para atrás
a los inversores y que recomponga la confianza, tanto de los
usuarios como de las empresas, en la cooperación pública
y privada para el sector de las infraestructuras”, reflexiona
un alto cargo de un banco de financiación de grandes proyectos
en Suramérica. Es verdad que, aparte de la caída
de la inversión en obras públicas, en América
Latina hay un gran descontento popular sobre las concesiones
de infraestructuras a empresas privadas. Sólo uno de cada
cuatro habitantes de la región cree que las privatizaciones
de servicios y obras le han beneficiado, según el Banco
Mundial. Aún en aquello en lo que la región va
por delante de sus rivales en vías de desarrollo de todo
el mundo, que son las obras para el abastecimiento de agua potable
y saneamiento, destaca poco. Todavía quedan 58 millones
de latinoamericanos que no tienen agua potable en sus casas y
casi 140 millones sin acceso al alcantarillado y a los servicios
mínimos de higiene pública.
En un exhaustivo
informe de hace dos años, las economistas
del Banco Mundial Marianne Fay y Mary Morrison confirmaron que
los gobiernos y las empresas latinoamericanas habían gastado
en infraestructuras en la última década el 2% del
producto interior bruto (PIB), la mitad de lo que se invertía
a mediados de los 80. El estudio, además, certificaba
que países que en el pasado reciente iban detrás
de América Latina en infraestructuras, como los del sureste
asiático, ya habían superado con creces a la región
latinoamericana en kilómetros de carreteras construidas,
en tendidos eléctricos, telefonía fija y otras
obras clave para ganar competitividad comercial. El déficit
de infraestructuras ha causado un grave perjuicio a las empresas
de la región. La escasa e ineficaz logística (transporte
y almacenamiento) encarece sus exportaciones entre un 15% y un
35%, según diversos informes, incluyendo el del Banco
Mundial, mientras que en los países del sureste asiático
ese coste extra no alcanza el 10%.
Las distintas
hipótesis de conflicto militar entre algunos
países latinoamericanos (Argentina con Chile, Perú con
Ecuador, Colombia con Venezuela) o la simple ignorancia mutua
(Brasil y Venezuela están pobremente comunicados) han
mantenido a la región desunida. Tras años de desacuerdos
y malentendidos políticos y gobiernos de facto, el primer
intento real para integrar América Latina a través
de las infraestructuras nació en septiembre de 2000, durante
la cumbre de presidentes suramericanos realizada en Brasilia
a instancias del ex presidente Fernando Henrique Cardoso. Fue
allí donde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
presentó el proyecto llamado Integración de la
Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), el más
ambicioso plan para la ejecución de obras y reformas legislativas
necesarias para facilitar la comunicación y el comercio
intrarregional.
El IIRSA
tiene tres objetivos claros: integrar los mercados suramericanos,
abrir vías para lograr competitividad a
escala mundial y, sobre todo, reducir los costes logísticos.
El proyecto establece 10 ejes de integración bien definidos,
que conectan entre sí decenas de ríos y carreteras.
Cinco de ellos unen los océanos Atlántico y Pacífico
de norte a sur del continente suramericano, y otros cuatro se
abren camino a través de la zona amazónica. Están,
además, identificados los sectores clave de integración:
transporte, energía y telecomunicaciones. En total eran
335 proyectos, con un coste aproximado de 37.500 millones de
dólares. Tal suma, en el momento en que este plan comenzó a
fraguarse, dio vértigo a más de un presidente.
Así que unos años más tarde, en 2004,
entre todos los jefes de Estado de los 12 países participantes
en el IIRSA identificaron las 31 obras prioritarias para la
región (28 en el área de transportes), que requieren
una inversión de unos 5.000 millones de dólares
y que deberían estar terminadas para 2010. “De
esos 31 proyectos hay uno terminado, seis en ejecución,
ocho en fase de preparación y uno en fase de licitación”,
explica Marcelo Valverde, integrante del Comité de Coordinación
Técnica del IIRSA.
La única obra terminada de la que habla Valverde es el
puente sobre el río Acre, entre las ciudades de Assis,
en el Estado brasileño de Acre, y la peruana de Iñapari,
en la región de Madre de Dios. La obra da acceso a los
productos brasileños a los puertos peruanos de Ilo, Matarani
y San Juan, en el Pacífico, así como a las empresas
de Perú un camino hacia el Atlántico. “Son
varios los proyectos de infraestructura que en los últimos
años se han comenzado a ejecutar en la región suramericana
y que están contribuyendo a conformar espacios territoriales
más cohesionados”, explica Antonio Juan Sosa, vicepresidente
de infraestructuras de la Corporación Andina de Fomento
(CAF), uno de los entes de financiación del IIRSA, junto
al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Financiero
para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (Fonplata).
“Entre los proyectos más emblemáticos podemos
mencionar la construcción del gasoducto entre Santa Cruz
de la Sierra, en Bolivia, y São Paulo, en Brasil, así como
los avances en red vial y energética entre Venezuela y
Brasil y la carretera que, a través del territorio boliviano,
vincula los puertos del norte de Chile y del sur del Perú,
en el Pacífico, con los puertos brasileños de Santos
y Paranaguá, sobre el Atlántico. Igualmente destacables
son las carreteras Amazonas Norte e Interoceánica Sur,
que vinculan importantes regiones de la costa y la sierra peruanas
con los espacios amazónicos de Brasil y del norte de Bolivia”,
explica Sosa. “Quedan pendientes proyectos clave, como
la conexión de Guyana y Surinam con la región suramericana
mediante la construcción de carreteras que unan estos
países con Venezuela y Brasil; la conclusión del
corredor entre Ecuador, Colombia y Venezuela, además de
la construcción de la red energética suramericana.
En algunos de estos casos se han iniciado las obras y en otros
aún están en estudio”, añade.
A pesar de
lo mucho que queda por hacer, Sosa es optimista, y aunque no
lo dice directamente deja entrever por qué:
Brasil. Pocas casualidades hay en la vida, y que la única
obra terminada del proyecto IIRSA en siete años de existencia
sea en Brasil no es una de ellas. El reconocido académico
y diplomático brasileño Paulo Roberto de Almeida,
en un artículo publicado hace tres años en la Revista
Brasileña de Política Internacional, da a entender
que, aunque la integración regional fue para el Gobierno
de Cardoso una prioridad, ésta quedó más
en el plano retórico que práctico. Probablemente
porque no le dio tiempo, porque el verdadero impulso ya pilló a
Cardoso en su segundo mandato, el gobierno de la socialdemocracia
brasileña sólo pudo poner la piedra fundacional
del gran proyecto de integración.
Leandro Freitas
Couto, analista y gerente de proyectos de infraestructuras
del Ministerio de Planificación y Ordenamiento de Brasil,
dice que con la llegada al poder del presidente Lula da Silva
en 2003 “la integración de América del Sur
se reafirma como prioridad dentro de unas líneas de actuación
externa del país que no quedaron en meras afirmaciones
de intención política”. “Los préstamos
del BNDES [Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social,
una de las mayores entidades de fomento del mundo] a Venezuela,
la construcción del puente sobre el río Acre, el
apoyo al presidente argentino Néstor Kirchner, dieron
un carácter práctico a ese acercamiento de Brasil
hacia sus vecinos”, añade Freitas.
El ministro
de Exteriores brasileño, Celso Amorín,
activo como ninguno, puso la integración regional en la
primera página de su agenda. Amorín, uno de los
fundadores junto a India del Grupo de los 20 –el club de
los países en vías de desarrollo que plantó cara
a las grandes potencias en las negociaciones para la liberalización
del comercio internacional en el marco de la Organización
Mundial de Comercio (OMC)–, no dudó en modificar
la estructura de Itamaraty (Ministerio de Exteriores brasileño)
y crear una subsecretaría específica para los asuntos
suramericanos, directamente dependiente de la mano derecha del
propio Amorín, el vicecanciller Samuel Pinheiro Guimarães.
Para Brasil
será una tarea permanente intentar disipar
la desconfianza de otros países, sobre todo de Paraguay
y Bolivia –por donde pasan cinco de los 10 corredores de
integración previstos por el IIRSA–, de que no se
convertirán en una mera ruta para las exportaciones de
grano y otras materias primas brasileñas hacia los mercados
asiáticos desde los puertos del Pacífico. En las
más recientes reuniones del comité del IIRSA, los
Gobiernos de La Paz y Asunción bajaron un poco la guardia
ante Brasilia una vez que se les garantizó que los proyectos,
incluso antes de servir como nexos interoceánicos, se
diseñarían con la vista puesta en el desarrollo
interior del continente, de modo que las zonas de paso, mal conectadas
o alejadas de los principales corredores también se beneficien
de las obras.
Mientras la maquinaria diplomática del gigante suramericano se ponía
en marcha, la financiera comenzó a hacer su trabajo. Lula lanzó al
BNDES a estudiar la viabilidad y la financiación de varios proyectos
de infraestructuras en la región. “Durante el periodo de Cardoso”,
explica Freitas, “el proceso de integración regional admitía
un papel menor de los Estados; quienes se dedicaban a atraer a la inversión
privada y a ejecutar los proyectos eran las propias agencias regionales de
desarrollo, como el BID, la CAF y Fonplata. Y aún en este escenario,
llamaba mucho la atención la falta de presencia del BNDES”. La
irrupción del banco estatal brasileño en los grandes proyectos
de integración regionales no sólo le daba a Brasil protagonismo
en el proceso, sino que mitigaba también la influencia que Estados Unidos
ejerce a través del BID, según fuentes del Ministerio de Exteriores
de Argentina, uno de los países más beneficiados, junto a Venezuela
y Ecuador, de los más de mil millones de dólares en préstamos
otorgados por el BNDES para proyectos de infraestructura al margen del programa
IIRSA.
El ‘Hugoducto’ se
enfrió
El único
rival del proyecto IIRSA en magnitud y coste es el Gasoducto
del Sur, la red de tuberías de 8.000 kilómetros
que arranca en Venezuela y acaba en Buenos Aires, cuyo coste,
en el cálculo más optimista, rondaría los
20.000 millones de dólares (unos 15.000 millones de euros).
Se lo conoce también como el Hugoducto, dado que su ideólogo
es el presidente venezolano, Hugo Chávez. A pesar del
entusiasmo inicial, la iniciativa, puesta en marcha a principios
de 2006, se muere lentamente.

Un continente en red: de los 31 proyectos prioritarios para la región
(28 de ellos en el ámbito del transporte), el mapa identifica los siete
más importantes para la consecución de los objetivos de la Iniciativa
para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).
Estos proyectos se encuentran en diferentes etapas de desarrollo y algunos han
sido cancelados o están en fase incipiente
A
finales de julio, el líder venezolano reconoció el
fracaso del proyecto diciendo en su programa Aló Presidente
que se había “enfriado”. A pesar de las reuniones
técnicas y la firma de convenios con sus colegas de Brasil,
Lula da Silva; de Argentina, Néstor Kirchner, y de Bolivia,
Evo Morales, Chávez afirmó: “No hubo más
reuniones, pasaron las fechas, en fin (...)”. Y añadió: “No
podemos obligar a nadie. No podemos nosotros hacer un gasoducto
obligado para el Sur”.
El Hugoducto
sólo es comparable en dimensión al
gasoducto entre Rusia y Europa Occidental, que tantos dolores
de cabeza le ha causado recientemente a la Comisión Europea,
teniendo en cuenta que el presidente ruso, Vladímir Putin,
utiliza el gas como arma política contra cualquier vecino
molesto, como Ucrania, o un miembro de la Unión Europea,
llegado el momento. Este problema no es ajeno al gran gasoducto
suramericano, puesto que nadie puede garantizar que Chávez
acabe cerrando la espita del gas ante un conflicto político
interno o externo.
Agujerear la Amazonia
Si ya hay
una pega política de consideración para
llevar adelante el proyecto, todavía son más importantes
los obstáculos medioambientales y los económicos.
Las conducciones de hidrocarburos son inexorablemente susceptibles
de desgaste y corrosión, lo que significa que podría
haber frecuentes filtraciones contaminantes y rupturas con derrames.
A esto se añade que una tubería tan extensa requiere
de estaciones de compresión a lo largo de todo el trayecto
y, para construir esas plantas, haría falta deforestar
grandes áreas de la Amazonia. Además, habría
que construir caminos nuevos por zonas vírgenes para emprender
la obra y vigilarla y repararla después, lo que también
significa abrir vías para que cazadores y madereros campen
a sus anchas en áreas hasta este momento inexploradas.
Hay informes de Amazon Watch, Oxfam y el Fondo Mundial para la
Vida Salvaje, entre otros, que advierten del impacto ambiental
que tendría el Gasoducto del Sur, y no sólo para
la vida silvestre, sino también para las tribus indígenas –muchas
aisladas– que habitan en la zona de paso de los conductos.
Obra faraónica
Desde el
punto de vista de la rentabilidad, el proyecto también
resulta cuestionable. Para empezar, la cifra de 20.000 millones
de dólares se les queda pequeña a muchos expertos,
que calculan que puede elevarse con facilidad hasta los 26.000
millones. Sin embargo, con independencia del coste de la faraónica
obra, la pregunta clave es si en realidad servirá para
algo. Los industriales argentinos, por ejemplo, sostienen que
el coste por millón de UTB (unidad térmica británica,
en la que se comercializa el gas) para ellos podría llegar
a los 6,50 dólares, más de un dólar por
encima de lo que el Gobierno de Kirchner está dispuesto
a pagar por el fluido boliviano.
En repetidas
ocasiones, los industriales argentinos han dejado caer allá donde los citan o los entrevistan que ellos
preferirían que Argentina llegue a un acuerdo con Venezuela
para crear un corredor marítimo de suministro de gas natural
comprimido. Esto requiere de una inversión menor, no implica
agujerear la zona amazónica ni está tan atado a
los vaivenes políticos regionales. Para las cuentas de
los argentinos, cualquier gasoducto que supere los 4.000 kilómetros
no merece la pena en costes y beneficios. Buenos Aires confía
en acabar para 2010 el único proyecto prioritario del
IIRSA en el sector energético: el Gasoducto del Nordeste.
La tubería de 1.500 kilómetros pretende asegurar
el abastecimiento de gas natural boliviano a la región
norte y central argentina, desde Salta a la capital, pasando
por Santa Fe. Tiene un coste previsto de entre 1.000 y 1.500
millones de dólares y se espera que pronto se licite la
obra.
Los analistas
brasileños tienen aún más
dudas: ¿hay suficiente gas en Venezuela para justificar
el gasoducto? El ex presidente de PDVSA Gas (brazo gasista de
la petrolera estatal venezolana), Luis Andrés Rojas, reconocía
hace poco al diario El Nacional de Caracas que el país
es deficitario en gas, un hecho que conoce la mayoría
de los intermediarios del mercado internacional, que además
saben que Venezuela debe importar gas para satisfacer su demanda. “Se
dispone sólo de entre 12 y 14 trillones de pies cúbicos
de gas libre [no asociado a la explotación de petróleo],
y nadie hace una obra de tales dimensiones contando únicamente
con el gas asociado a la producción de petróleo
[91% de las reservas probadas], que en Venezuela no alcanza ni
para inyectar en los yacimientos”. Según la publicación
Oil and Gas Journal,la biblia del sector energético, Caracas
tiene unas reservas de gas probadas de 151 trillones de pies
cúbicos y produce al año 961 billones, un poco
por debajo de lo que el país requiere.
Aparte de
los inconvenientes de la construcción del Gasoducto
del Sur, cuya viabilidad debe ser probada aún, es público
en Venezuela que PDVSA no pasa por su mejor momento. Fuentes
del sector petrolero español creen que la estatal tiene
serios problemas para poner en marcha proyectos realistas y que
ni siquiera es capaz de atraer socios extranjeros para explotar
los crudos pesados de la faja del Orinoco, la zona recientemente
nacionalizada por Chávez. Los petróleos pesados,
con ingentes cantidades de azufre, requieren, entre otras cosas,
de refinerías especiales para aumentar su grado de pureza.
Venezuela posee el 7% de las reservas del mundo, unos 80.000
millones de barriles de crudo convencional. No obstante, si se
le añaden las existencias de petróleo pesado a
las reservas totales, la cifra se eleva a 270.000 millones, por
encima de las de Arabia Saudí. “Muy mal deben de
estar las cosas por allá [Venezuela] si las petroleras
no se interesan por echarle el guante a semejantes yacimientos”,
reflexiona un experimentado empresario del sector petrolero español. —F.
G.
EL ‘MINIBANCO’ DE CHÁVEZ
El Banco del Sur que impulsa el presidente venezolano Hugo Chávez
tiene como objeto reducir la dependencia de los países
del sur del BID, pero también del BNDES. De paso, forma
parte del pulso que mantienen Chávez y Lula por el liderazgo
regional. Aunque en un principio Brasil no respaldó el
proyecto, tampoco quiere quedarse fuera de juego. Por otro lado,
un banco regional que se precie no es nada sin Brasil.
Abriéndose paso entre la mutua necesidad y la mutua desconfianza,
la diplomacia brasileña volvió a demostrar sus
dotes: el Banco del Sur podrá existir, pero ha quedado
bastante descafeinado. Será un mero banco de fomento,
y difícilmente será el FMI regional que Chávez
quería. “En principio, la creación de nuevas
entidades regionales de financiamiento, como el Banco del Sur,
que apoyen la integración con créditos blandos,
contribuiría a dinamizar el proceso. Sin embargo, antes
que la escasez de recursos financieros, son las deficiencias
en los procesos de planificación y preparación
de proyectos o las diferencias políticas o conceptuales
entre algunos países las que conspiran contra una ejecución
más dinámica de proyectos de infraestructura de
integración”, dice Sosa. El hombre de la CAF pone
el dedo en un tema espinoso, la mala gestión de los proyectos
y la falta de una armonización del marco institucional
y legal para las inversiones en infraestructuras.
“
La participación del sector privado en la construcción, gestión
y mantenimiento de infraestructuras no solamente es deseable sino necesaria
para complementar la actuación del sector público. Es evidente
que sin su activa participación no será posible alcanzar los
niveles mínimos de inversión requeridos en América Latina
para reducir la brecha en calidad y cantidad de infraestructuras existentes.
Los gobiernos nacionales, con diferente intensidad, han impulsado esa participación,
generando muchas veces las condiciones apropiadas para ello”, explica
Sosa. “Sin embargo, una equivocada concepción del papel del Estado –que
en algunos casos hizo abandono incluso de su función normativa y reguladora,
dejando en manos del sector privado la total responsabilidad del desarrollo
de la infraestructura– creó las condiciones ideales para que se
produjeran algunos sonados fracasos y situaciones indeseadas, lo que ha generado
un ambiente adverso a la participación privada”, añade. “Es
necesario redefinir el papel del Estado y fortalecer las instituciones encargadas
de planificar la inversión y reglamentar y supervisar la participación
del sector privado. Al mismo tiempo, es fundamental que existan reglas de juego
claras que den seguridad a largo plazo a los inversores privados, tanto nacionales
como extranjeros”, afirma un alto cargo del BID.
“No se puede generalizar la actuación de los países
en lo que respecta a sus estrategias para atraer inversiones
privadas al negocio de infraestructuras. No obstante, hay que
destacar el caso de Perú, un país que a través
de fomentar la inversión privada está logrando
la concreción de sus proyectos de carreteras interoceánicas”,
opina Valverde. El Banco Mundial augura que la tarea para recuperar
la confianza de la población y de las empresas en los
proyectos de infraestructura será monumental. La gente
cree que las concesiones son injusta y opacamente adjudicadas
y que las empresas ganan mucho dinero por un servicio muy pobre
y caro.
Ninguno de
los expertos consultados duda de que la integración
regional a través de las infraestructuras es un proceso
de largo plazo que necesita de una renovación periódica
de la voluntad y el compromiso político. Tampoco dudan
de que es necesario y de que será muy beneficioso para
la región. Los economistas del Banco Mundial ya han calculado
que si América Latina mejora considerablemente sus infraestructuras
podría aumentar entre un 1,5% y un 2% la renta per cápita
de sus habitantes y reducir la brecha de la desigualdad social
entre un 10% y un 20%.
Nota: Toda la información sobre el proyecto IIRSA se puede encontrar en la
página oficial: www.IIRSA.org. En cuanto a la situación general
de las infraestructuras, el informe Infraestructura en América Latina
y el Caribe: tendencias recientes y retos principales, de Marianne Fay y Mary
Morrison, editado por el Banco Mundial en octubre de 2005. Para profundizar
en la estrategia política de Brasil hacia la integración regional,
es especialmente interesante el artículo titulado ‘Uma política
externa engajada: a diplomacia do governo Lula’, escrito por el diplomático
Paulo Roberto de Almeida y publicado en la Revista Brasileira de Política
Internacional, Vol. 47, Nº 1, 2004. También del mismo autor es
aconsejable el libro O estudo das relações internacionais do
Brasil (LGE Editora, 2006). En la propia página de Internet de Almeida,
www.pralmeida.org, hay otros artículos reveladores de la política
exterior brasileña. Otras fuentes consultadas han sido el Oil & Gas
Journal Online Research Center (www.pennwellpetroleumgroup. com), así como
también el artículo ‘Venezuela: la revolución de
Hugo Chávez’, publicado en el Informe sobre América Latina
N° 19, de International Crisis Group, el 22 de febrero de 2007.
Fernando
Gualdoni es
periodista y articulista del diario el País,
sus notas cubren
América Latina, y se publican en la sección
Internacional del El País.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este
comentario fue originalmente publicado por FP Edición
Española, editada por FRIDE. (Foreing
Policy), edición Oct- Nov 2007.Reproducimos el mismo en beneficio
de los lectores. Petroleumworld no se hace responsable
por los juicios de valor emitidos por esta publicacion,
por sus colaboradores y columnistas de opinión y
análisis.
Petroleumworld alienta a las personas
a reproducir, reimprimir,
y divulgar a través
de los medios audiovisuales e Internet,
los comentarios editoriales y de opinión
de Petroleumworld, siempre y cuando esa
reproducción identifique
a la fuente original, http://www.petroleumworld.com
y se haga dentro de el uso normal (fairuse)
de la doctrina de la sección 107
de la Ley de derechos de autor de los
Estados Unidos de
Norteamérica (US Copyright)Internet
Web links hacia http://www.petroleumworld.com.ve
son apreciadas.
Petroleumworld
Bolivia 06 01 08