Réquiem
para el diálogo
Por Marcelo
Ostria Trigo
Muchos
bolivianos dirán, como yo hace una semana, que
el diálogo es el “camino civilizado para resolver
diferencias y problemas en los ámbitos público
y privado”. Sigo pensando así. También sigo
creyendo que cualquier diálogo o negociación, para
ser realizador, debe llevarse con honestidad y responsabilidad,
indispensables para corregir equívocos y disipar tensiones.
Pero
ya queda claro que el oficialismo se avino a dialogar sin abandonar
su conocido afán de avasallar e imponer. El
ministro de gobierno fue uno de los encargados de ensombrecer
el diálogo antes de que empiece. Acompañado de
las melifluas explicaciones del llamado vocero presidencial,
se esforzó, resuelta y falazmente, en convencernos de
que el documento masista, considerado ilegalmente primero en
un cuartel y luego en Oruro, constituye una constitución
política del estado aprobada con todas las de la ley.
Todavía persiste la ingenuidad de los que creen en la
vigencia y validez del diálogo iniciado casi con “forceps” en
el palacio de gobierno entre dos interlocutores, el uno singular
(el oficialismo), y el otro plural (los prefectos departamentales),
que debían considerar los temas planteados: nueva constitución
política del estado, respeto a las autonomías departamentales
aprobadas en consultas populares y recorte arbitrario de los
recursos del impuesto directo a los hidrocarburos (IDH) destinados
a las prefecturas departamentales.
Sí, candidez, porque en el afán de dialogar no
advirtieron los claros mensajes negativos del interlocutor singular,
el gobierno. El 8 de enero, o sea al día siguiente de
la primera sesión del diálogo, el atildado vicepresidente
se lanzó en una provocadora campaña en Santa Cruz
en favor del “si” para un referéndum, aún
no convocado ni concertado, que supuestamente sometería
a la consideración ciudadana el ilegal documento masista
de Oruro. Y que conste, éste fue sólo el comienzo.
El
presidente, inmerso en un diálogo complicado, infructuosamente
se empeñaba en mostrar su mejor cara de concertador, pero
no pudo disimular su aliento a los corifeos, para que, con obsecuencia
y rudeza, muestren la subyacente intención de impedir
un acuerdo. Es que todo indica que el objetivo era –aún
lo es– ganar tiempo. Y vaya que el gobierno lo logró.
Tuvo el tiempo necesario para tomar dos medidas con intenciones
aviesas. La primera, es la señal de que el gobierno no
para en sus demasías: con la responsabilidad del incompetente
ministro de hacienda el oficialismo persiste si pausa, en la
pretensión de consolidar, ignorando el diálogo
en curso, la confiscación de los recursos prefecturales
porvenientes del IDH. Esto es deshonesto.
El
tema es central. Sin estos recursos, como dijo el prefecto
del departamento
de Tarija, Mario Cossío, no habrá autonomía;
tampoco habrá administración ni obras públicas
en los departamentos, debilitando especialmente a los prefectos
que no son partidarios del Movimiento al Socialismo (MAS). Mientras
tanto, el ministro del ramo insiste en una pobre y sectaria defensa
de esta confiscación de recursos, con móviles partidarios
y no en resguardo de las finanzas de la Nación.
Segunda
medida: el gobierno forzó la elección
del nuevo delegado presidencial a la Corte Nacional Electoral
como presidente de este órgano. Se trata de José Luís
Exeni, quien recibió de la publicación "La
tertulia" que dirige Carlos Toranzo y a la que él
colaboró como periodista, el consejo de "cuidar la
imparcialidad e independencia del Organismo Electoral para bien
de la democracia boliviana...". Pero este nuevo miembro
del ente electoral ya estaba teñido de parcialidad y obsecuencia.
Inmediatamente después de asumir la presidencia despidió a
experimentados funcionarios que garantizarían la corrección
de un sufragio ciudadano. La cosa no se detuvo ahí; el
sectario y mostrenco presidente mostrando sin tapujos su banderío
partidista, ahora está empeñado en bloquear el
referéndum para la consideración ciudadana del
proyecto de estatuto autonómico de Santa Cruz (según
las útimas noticias este lamentable intento se extiende
a otros cinco departamentos), ordenando a la corte departamental
cruceña que no admita las firmas ciudadanas exigidas por
la ley para la consulta a la ciudadanía. Y no vacila en
argüir que hay justificación jurídica para
este atropello. La Corte Electoral Departamental de Santa Cruz
rechazó esta prepotente injerencia, inspirada en los caprichos
del populismo. ¡Bravo por la actitud digna de su presidente,
el señor Orlando Parada, que salió en defensa de
la legalidad!
Bueno,
tampoco esto es todo. Se incumplen compromisos. El presidente
convino,
durante la última sesión del diálogo,
en detener la agresiva campaña, ciertamente financiada
con fondos públicos, en favor de la aprobación
del cuestionado proyecto de constitución del MAS, puesto
que el tema estaba en discusión; pero no, sus partidarios
dizque no aceptan el compromiso presidencial y masista. ¡Vaya
autoridad de quien es jefe de la fuerza política en el
poder!
Así ¿quién quiere diálogo? Los interlocutores
podrán insistir en este empeño ostensiblemente
infructuoso, pero el diálogo está muerto; sólo
queda lugar para el réquiem.
El
indeseado curso de colisión aparece ahora cada vez
más amenazante; es un peligro mayor que pone en riesgo
la democracia y que puede ser el signo de un destino dramático
de esta República, cuyos ciudadanos resisten los embates
de la antidemocracia ahora en el poder, y sueñan con reestablecer
la paz y el imperio de la ley.
Marcelo
Ostria Trigo es
abogado y diplomático,
ex representante de Bolivia en la Organizacion de los Estados
Americanos. Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
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Bolivia 26 01 08