La
inteligencia norteamericana,
Chávez, Castro y Choquehuanca

Por Sergio
P. Luís
En estos dos años se vio mucho, en especial las variadas
y ricas anécdotas negras del populismo en el poder y la
pugna por el primer lugar en el dislate fue dura; no se limitó a
Bolivia.
Sabemos que la musa inspiradora –¡y qué fea!– es
el actual presidente venezolano Hugo Chávez Frías,
y que sus discípulos aprovechados son los presidentes
de Ecuador (Correa, que ya se salió de madre) y Evo Morales,
al que hay que dedicarle mucha atención para encontrar
coherencia cuando declara o pronuncia discursos.
Pero tuvo que aparecer lo insólito: el gobierno de los
Estados Unidos había necesitado de la acción de
una costosa y muy bien montada agencia de inteligencia –la
misma que analiza la política mundial, vigilando a Al
Qaeda y a los ayatolaes iraníes– para “descubrir” que
el díscolo presidente de Venezuela se las trae en esto
de construir dictaduras en los países de la región
y ser la estrella rutilante del despotismo.
El señor Michael McConnell, director de la inteligencia
nacional de los Estados Unidos, según una noticia publicada
en La Razón (8 de enero de 2008, pág. A17) presentó al
senado norteamericano un informe en el que cuenta que “el
gobierno del venezolano Hugo Chávez influye y apoya procesos
políticos que ponen en riesgo la democracia en Bolivia,
Nicaragua y Ecuador”.
La verdad es que el señor McConnell no requería
de eficientes y esforzados agentes para saber lo que es público
y notorio. Por lo menos aquí en Bolivia estamos conscientes
de que el gobierno, apoyado por los regímenes de Chávez
y Castro, está socavando los cimientos de la democracia.
Las pruebas están a la vista y ya hay cansancio de nombrar
las tropelías antidemocráticas del populismo boliviano
que, según parece, fueron ignoradas por Washington: el
corazón del “imperio”, como le gusta llamar
a los Estados Unidos el desquiciado de Caracas.
La injerencia del chavismo y el castrismo, consentida
por el populismo boliviano, es desembozada. Hay enjambres de
agentes
(incluidos embajadores y supuestos médicos) de venezolanos
y cubanos que vigilan y espían a los bolivianos; los aviones
de la Fuerza Aérea Venezolana realiza constantes vuelos
sospechosos en Bolivia –¿llevan armas u otra carga?–;
los helicópteros chavistas transportan al jerarca del
Palacio Quemado en sus paseos demagógicos para repartir
los cheques de la Embajada de Venezuela; los equipos de radiodifusoras
enviados por el gobierno de Chávez se instalan para la
propaganda oficial, etc. Al fin, si hubiéramos sabido
que el señor McConnell estaba interesado en conocer la
situación en Bolivia, muchos se la habríamos contado,
y así, sin esfuerzo, hace tiempo que él habría
podido también contarles a sus senadores sobre lo que
pasa en Bolivia, con el entrometido de Chávez.
Hay más: David Choquehuanca acaba “desmentir” al
director de la inteligencia norteamericana. Y, como siempre,
sale con una bobería: Venezuela y Cuba están apoyando –dice– “a
la democratización de la propia democracia en Bolivia
(sic)”. (La Razón, edición citada). Vaya
vocero del disparate; el mismo que reconoce el sexo de las piedras.
Con esta pobre entelequia hecha canciller, no hay que esperar
mucho de nuestras relaciones internacionales.
Sergio
P. Luís, Profesional
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Bolivia 17 02 08