Patriotismo
constitucional
Por
Eduardo
Rodríguez Veltzé
Los
debates públicos que la Asamblea Constituyente no
supo ni quiso conducir se están produciendo en los medios.
Contribuyen a descifrar el trabalenguas del proyecto oficialista,
aportan en crítica constructiva, confirman el vigor del
poder constituyente ciudadano y reviven la esperanza de reconducir
un proceso extraviado.
Una de las
expresiones más gráficas del sentimiento
constituyente, para explicar lo que no dice o quisiera decir
el texto del proyecto, fue la invocación del padre Xavier
Albó a la letra de “Viva mi Patria Bolivia, una
gran Nación...” para significar la existencia de
la “nación boliviana”. Pero ni la letra de
este segundo himno nacional está reflejada en el texto,
ni fue el ritmo que pudo alegrarnos a todos los bolivianos para
celebrar el final de la Asamblea, como ocurrió en marzo
del 2006 cuando, bailes incluidos, se acordó en consenso
la Ley de su Convocatoria.
Identificar
y compartir un símbolo, un himno por ejemplo,
es algo que despierta nuestro fervor patriótico genuino,
revela sensaciones de pertenencia, de propósitos comunes,
de aspiraciones al futuro. En tiempos constituyentes el ejercicio
es aún más importante, es más gráfico
y puede contribuir a identificar, de manera más simple
y directa lo que nos une y evitar aquello que confunde o segrega.
Se trata de recuperar lo virtuoso del patriotismo en la Constitución:
el “Patriotismo Constitucional”, concepto ya muy
debatido en otras latitudes para significar la importancia de
nuevas formas de identificación colectiva, que trascienden
a toda conformación étnica o cultural preservada
históricamente. Surge de una nueva identidad que se articula
en torno a valores democráticos compartidos, aún
en sociedades muy diversas y complejas.
Esos valores
democráticos comunes, son la soldadura política
entre todos los bolivianos con “identidad colectiva”,
que despierta y se expresa en vocación de pertenencia
a la “patria Bolivia”, la “gran Nación”.
Sí, cuando cantamos el “Viva mi Patria”, cuando
concurrimos a votar en paz, cuando festejamos las victorias de
la Selección Nacional, o cuando somos solidarios con las
victimas de los desastres naturales. Es en estas ocasiones cuando
celebramos también nuestra diversidad de origen nacional, étnico
o cultural porque nos sentimos ante todo “bolivianos”.
Tienen relación con nuestra historia, con la de nuestros
mayores, pero también con aquella que vivimos en los últimos
tiempos de recuperación y maduración democrática,
asimilando valores universales de libertad, de pluralidad e igualdad.
Pero sobre todo tiene relación con la esperanza de que
esos valores comunes se conviertan en el cimiento de una Constitución
pactada, que reflejen principios y reglas compartidas para vivir
en fraternidad.
La Asamblea
no estuvo a la altura de plasmar esos valores en un texto sencillo
y claro que recupere y sintetice una identidad “boliviana” con
la que todos, en nuestra reconocida diversidad podamos seguirla
celebrando. Acudió a construcciones teóricas complejas
y contradictorias, reflejadas en un texto que divide más
que une, complica y confunde a sus propios destinatarios y sucumbe
a tentaciones ideológicas para construir un proyecto político
hegemónico. No se puede simplemente borrar el sentimiento
primario del patriotismo, aún en maduración. Al
hacerlo estaríamos perdiendo una oportunidad extraordinaria
para construir una Bolivia que aún se siente y piensa
unida.
El compromiso
democrático y el costo de conducir una
Asamblea es demasiado importante para seguir banalizando su curso.
No puede, entre otras cosas, seguirse alentando la realización
de un Referéndum “dirimitorio” de un tema
cuya “definición” no resolverá absolutamente
nada trascendente para la inmensa mayoría de los bolivianos
que no son terratenientes. Otra aproximación a la voluntad
popular, podría más bien servir para adoptar el
convencimiento de que es necesario reconducir el curso constituyente.
Por qué no preguntar al soberano: ¿Esta usted de
acuerdo con la forma en la que se celebró la Asamblea
Constituyente y en llevar a Referéndum el texto aprobado
en Oruro? y así dirimir la duda mayor.
Mas allá de las saludables disquisiciones, dúplicas
y réplicas que sigan a estas u otras ideas que se expresan
post Asamblea, sobre lo que dice o quiere decir el proyecto de
texto constitucional, con sus aciertos o errores, resulta evidente
que el “patriotismo constitucional” de los bolivianos,
está aún vivo. Como dice la canción: por
ella, (nuestra Gran Nación) damos la vida y el corazón,
lo hacemos por sentirnos libres e iguales, al enfrentar solidariamente
nuestras desgracias y al celebrar nuestras alegrías, hagámoslo
igual a tiempo de ser los verdaderos constituyentes.
Eduardo
Rodríguez Veltzé,
ex Presidente de la República de Bolivia. Sus
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