Puntos
de Vista
Análisis
y opinión sobre energía y política
Ricardo
Andrés De Dicco: El negocio de la garrafa

El
mercado gasífero argentino fue controlado por dos empresas
de propiedad estatal: Gas del Estado SE (en adelante GdE),
que desde su creación en 1945 y hasta su transferencia
al sector privado a inicios de 1993 operaba monopólicamente
en los eslabones correspondientes a la prestación del
servicio público transporte y distribución de
gas natural, y Yacimientos Petrolíferos Fiscales SE
(en adelante YPF), que se ocupaba en forma casi monopólica
de las actividades relacionadas con la exploración
y explotación de este hidrocarburo.
Hasta la implementación de las reformas estructurales
iniciadas en 1989 en el mercado ampliado de la energía,
YPF era la única empresa del país que abarcaba
la casi totalidad de los eslabones del circuito productivo
del petróleo y los correspondientes al área
de negocio upstream (exploración y extracción)
de la cadena gasífera, entregándole el fluido
a GdE a precio de costo (de producción), para el transporte,
distribución y comercialización.
Cabe destacar la significativa expansión
de la red troncal de gasoductos que abastece al mercado interno
y de la red de usuarios del sistema de distribución
que llevó a cabo GdE hasta el año anterior a
las reformas estructurales (en 1988, cuando ingresó
en operación el gasoducto NEUBA II, de 1.665 km, proveniente
de la cuenca Neuquina y con destino final Buenos Aires), así
como también el considerable incremento de las reservas
gasíferas derivado de los esfuerzos exploratorios encarados
por YPF (alrededor del 95% de las reservas de hidrocarburos
del país fueron descubiertas por YPF durante sus 70
años de existencia como empresa estatal). Por consiguiente,
las empresas beneficiadas con los programas de privatización
de YPF y GdE recibieron un mercado hidrocarburífero
maduro en términos económicos y estructurales,
ya que tanto las inversiones relacionadas al desarrollo de
los pozos y las de alto riesgo e incertidumbre en la exploración
como las correspondientes a la expansión estructural
de la cadena gasífera, suponen un reducido margen de
rentabilidad, y en el contexto histórico de las reformas
el Estado nacional había transferido al sector privado:
1º excelente nivel de reservas certificadas de hidrocarburos,
que en el caso del gas natural su horizonte de vida superaba
holgadamente los 30 años; y 2º el sistema de transporte
de gas natural más extenso de América Latina
(prácticamente sin expansión alguna en los últimos
diecisiete años). A tal punto se desarrolló
el sistema gasífero local que antes de la privatización
éste energético explicaba el 38% de la matriz
energética nacional por fuentes de energía primaria,
y se encontraba cercano al límite de su expansión
posible.
Durante la gestión privada, el sistema
de gasoductos del mercado interno no tuvo expansión
alguna. No obstante, entre 1993 y 2000 los productores y prestatarias
de transporte y distribución de gas natural percibieron
una masa extraordinaria de ganancias como resultado de los
aumentos tarifarios sistemáticos –ilícitos,
ya que violaban el propio Marco Regulatorio y la Ley de Convertibilidad–,
la que no se destinó a la expansión de la red
troncal de gasoductos que abastece al mercado interno, sino
más bien una parte de los capitales acumulados fueron
transferidos al exterior y otra parte destinada a la construcción
(a partir de 1996) de 10 nuevos gasoductos de exportación
(7 hacia Chile, 2 a Uruguay y 1 a Brasil). Por consiguiente,
la población afectada por la carencia de provisión
de gas natural por redes como resultado de la pésima
gestión privada y nula regulación y planificación
estatal se fue incrementando hasta llegar a los 13.461.000
ciudadanos argentinos en 2001 (36,1% de la población),
según el Censo 2001 publicado por el INDEC. A modo
ilustrativo, el 100% de los hogares de las provincias del
Noreste argentino (NEA) no tiene acceso al gas natural por
redes, al igual que el 41,2% de los correspondientes a las
provincias del Noroeste argentino (NOA); en el caso del Gran
Buenos Aires (GBA) el porcentaje llega al 16,4%.
Estudios preliminares del IDICSO-USAL para
Enero de 2005 señalan que el 39% de los hogares del
país carece de provisión de gas natural por
redes y que alrededor del 80% de los mismos consume gas licuado
de petróleo (GLP) envasado en garrafas de 10 kg (el
GLP es un hidrocarburo que se obtiene tanto del procesamiento
del gas natural como de la refinación de petróleo),
y el 20% restante quema plásticos, residuos vegetales/animales,
leña, etc. Dicho estudio señala que las ganancias
internalizadas por los agentes económicos que operan
en el mercado del GLP ha sido superior a los U$S 5.300 millones
en los últimos siete años. No conformes con
las ganancias extraordinarias mencionadas antes, resultado
de los incrementos de los precios tras la devaluación
(más de 180%), el lobby petrolero ha ganando este año
fuertes avances en la nueva Ley para la “regulación”
del GLP (que NO considera a la comercialización del
mismo como un Servicio Público, sino como “de
interés público”, dejando a las “fuerzas
del mercado” la formación de precios).
El año pasado la garrafa de 10 kg,
que oscilaba –y oscila– entre $ 24 y $ 32 según
el punto de venta y región del país, tras una
decisión política de la actual Administración
se determinaron alrededor de 606 puntos de venta autorizados,
sobre un total de casi 95.000, para comercializar la misma
con “tarifa social” de $ 18 a $ 19, según
la Provincia, tras el “Acuerdo de Estabilidad del Precio
de Gas Butano envasado en Envases de 10 kg”, suscrito
entre la Secretaría de Energía de la Nación
y las empresas productoras y fraccionadotas en Julio de 2004.
Al promediar el primer semestre de este año se decidió
disminuir la misma a $ 16, con una alícuota para el
IVA equivalente a 10,5%. Para Julio de 2005 los puntos de
venta autorizados habían disminuido a 597.
Ahora bien, en base a datos del IDICSO-USAL
para fines de 2004, el gasto familiar de las garrafas de 10
kg en hogares de bajos ingresos representa entre el 50% y
60% sobre el gasto total de los servicios públicos
elementales, según la región geográfica
del país. Esto denota una seria preocupación
cuando se considera que el 40,2% de los ciudadanos argentinos
vive por debajo de la línea de pobreza y un 15% son
indigentes (en números absolutos: 15.619.280 y 5.828.090,
respectivamente), según la CTA en base a datos del
INDEC para el segundo semestre de 2004. En este sentido, el
abaratamiento de la garrafa con “tarifa social”
(considerando un consumo mensual de 3 garrafas en este tipo
de hogares) no ha tenido lugar, si se tiene en cuenta que
alrededor del 60% de los ciudadanos argentinos que consumen
garrafas de 10 kg vive por debajo de la línea de pobreza,
según estimaciones del IDICSO-USAL en base a datos
del INDEC para el segundo semestre de 2004. En suma, el GLP
envasado en garrafas de 10 kg tiene una notable incidencia
en la canasta básica alimenticia y en los gastos de
servicios públicos elementales, considerando que el
60% de los consumidores vive por debajo de la línea
de pobreza.
El mercado argentino de GLP se encuentra altamente
concentrado. Para fines de 2003, el 88,6% de la producción
a granel estaba controlada por 8 empresas: 27% por Repsol
YPF en forma directa, 19% por Compañía Mega
(38% de Repsol YPF, 34% de Petrobras y 28% de Dow Chemical
Co.), 11,3% por TGS (controlada por Petrobras y ENRON), 8,5%
por Total Austral, 8,5% por Refinor (71,5% de Repsol YPF y
28,5% de Petrobras), 5,3% por ESSO, 4,7% por Petrobras y 4,3%
por Shell; considerando las relaciones horizontales entre
Compañía Mega, Petrobras, TGS, Refinor y Repsol
YPF, las firmas Repsol YPF y Petrobras concentraban para fines
de 2003 casi el 70% de la producción nacional de GLP
a granel, en base a datos de la Secretaría de Energía
de la Nación. En base al informe “Área
de Negocio” de Repsol YPF para fines de 2004 esta empresa
concentraba el 30% de la producción nacional en forma
directa. Al analizar la comercialización de GLP en
el mercado fraccionador, se observa que para fines de 2003
el 72% se concentraba en 3 empresas: 37,3% Repsol YPF Gas,
25,7% Total Gaz y 9% Shell Gas. En base al informe “Área
de Negocio” de Repsol YPF para fines de 2004 esta empresa
concentraba el 35,5% de la comercialización en forma
directa.
Por
último, cabe destacar el costo de la garrafa de 10
kg. El IDICSO-USAL ha estimado en $ 4 el costo de producción
en base a datos de la Secretaría de Energía
de la Nación; y las empresas declaran costos equivalentes
a $ 7.
Agosto
de 2005.
Ricardo Andrés De
Dicco es Investigador del Área
de Recursos Energéticos y Planificación para
el Desarrollo del Instituto de Investigación en Ciencias
Sociales (IDICSO) de la Universidad del Salvador, del Centro
de Estudios de Pensamiento Económico Nacional (CEPEN)
de la Universidad de Buenos Aires (UBA), del Instituto de
Energía e Infraestructura de la Fundación Arturo
Íllia (FAI) y del Movimiento por la Recuperación
de la Energía Nacional Orientadora (MORENO).Email:
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