Puntos
de Vista
Análisis
y opinión sobre energía y política
OILWATCH
a la asamblea general de la OPEP:
La soberanía bajo amenaza

En los años setenta la OPEP logró un giro fundamental
en la correlación de fuerzas mundiales, favoreciendo
por primera vez a los países del Sur del mundo poseedores
de petróleo. Logró poner límites al modelo
colonial de apropiación de materias primas.
A través
de los procesos de nacionalización de los hidrocarburos
y la creación -o fortalecimiento- de empresas estatales,
ningún otro grupo de países productores de una
materia prima tan estratégica, había tenido
tanto éxito en el control de sus recursos naturales,
desde un punto de vista económico y de la soberanía.
Sin embargo,
con este triunfo, todos los países productores de la
OPEP entraron por cuenta y riesgo propios al corazón
de un patrón técnico mundial, creado desde y
para beneficio de los países metropolitanos. Así,
pasaron a depender directamente del funcionamiento mundial
de la industria, las finanzas y del aparato científico-técnico
del mismo. Por ello, las posibilidades de mantener una correlación
económica de fuerzas favorables dentro de la actual
civilización petrolera en realidad fueron muy fugaces.
No casualmente
la mayor parte de las conquistas técnicas, económicas
y sociales obtenidas por los países petroleros del
sur, sean de la OPEP o de fuera de la OPEP, se han ido perdiendo
desde la mitad de los años ochenta, tanto en el plano
de la soberanía como en la búsqueda del bienestar
en los países poseedores de este recurso.
La estrategia
de los países del Norte y sus respectivas empresas
privadas, se centró en la creación de la Agencia
Internacional de Energía (AIE), logrando a partir de
1985 la fractura de los acuerdos de la OPEP, consolidar la
función intermediadora de las empresas transnacionales
petroleras y de los servicios petroleros y, con ello, logró
detener eficazmente el flujo de los excedentes petroleros
hacia el Sur para garantizar el descomunal despilfarro energético
en los países del Norte.
Las empresas
trasnacionales han ido recuperando el espacio que perdieron
en la década de 1970 con la creación de la OPEP.
Estas han recuperado el control directo de las empresas, de
los yacimientos, o bien adquiriendo cada vez más garantías
que les permiten ocupar tácticamente espacios a nivel
nacional e internacional. Por ello, en la actualidad tienen
más influencia en OPEP, retomando un creciente control
de esa riqueza que momentáneamente habían perdido.
Frente
a esto, la mayoría de las empresas estatales de los
países miembros de la OPEP y de fuera de ella no han
logrado detener efectivamente ni aislar la intervención
de las compañías petroleras transnacionales.
Por el contrario, estas avanzan tanto en el área estratégica
de los servicios, como en los procesos de reformas y ajustes
impuestos por la banca multilateral en nuestros países,
para alentar el desmantelamiento de las empresas nacionales.
A pesar
de los esfuerzos iniciales de la OPEP, nuevamente, las empresas
transnacionales determinan las políticas energéticas
en todos los países petroleros del mundo. Comenzando
por el hecho de que los directivos de Halliburton, Exxon-Mobil
y Chevron-Texaco tengan extremo poder dentro del gobierno
de Estados Unidos -principal consumidor deficitario de petróleo-,
y que sean quienes, teniendo la información de las
reservas del planeta, protagonicen las guerras de conquista
y control de este recurso.
No obstante,
con el arribo del nuevo siglo, este mundo hecho a imagen y
semejanza de la civilización petrolera, está
llegando a tocar dos grandes límites: primero, el agotamiento
mundial de las reservas, sobre todo de los países pequeños
y medianamente productores, y segundo, el catastrófico
agotamiento de la capacidad ambiental de todo el planeta para
soportar mas quema de hidrocarburos.
Frente
a la crisis ambiental, las empresas ya alistan sus estrategias
para entrar en el negocio de las energías “alternativas”,
y sientan las bases para controlar el mercado de la energía,
a través de los llamados Public-Private Partnerships
y otros mecanismos. La captación del servicio de energía
por parte de las mismas empresas que hoy pretenden controlar
el petróleo, tendrá implicaciones económicas,
sociales y ambientales graves para el Sur del mundo. Este
es un desafío que debe ser enfrentado por la OPEP.
Mientras
tanto los países de la OPEP han hecho poco o nada en
la gestión de la investigación y el recambio
de alternativas energéticas apropiadas a las características
de sus propios países, ni han diversificado sus economías.
Una crisis
ambiental casa adentro
Iniciamos
el nuevo siglo con severos problemas ambientales. Los desastres
climáticos, provocados por el sobre consumo de combustibles
fósiles, son cada vez más frecuentes, intensos
e incontrolables y afectarán al conjunto del planeta.
A la vulnerabilidad
ambiental de los propios países miembros de la OPEP
se suman una serie de pasos dados por las empresas transnacionales,
por los países altamente consumidores, y por los propios
gobiernos miembros, que ponen en riesgo el espíritu
con el que fuera creado este cártel de productores.
Ambiente
y Economía son dos escenarios en donde las piezas se
mueven peligrosamente para los miembros de la OPEP. Los que
se valoran como beneficios inmediatos de las políticas
de precios del crudo y sus derivados, son contradictorios
con los efectos progresivamente desastrosos en el mediano
y largo plazo.
Los países
miembros de la OPEP enfrentan ya los impactos de esos cambios
climáticos y la contaminación, vinculados por
la civilización petrolera, basta recordar por ejemplo,
el desastre de Vargas en Venezuela, provocado por niveles
de lluvia totalmente impredecibles, o los incendios forestales
de Indonesia y otros países de la región, desencadenados
por las sequías.
A estos
deben por fuerza añadirse, los impactos ambientales
locales que derivan de la propia actividad de extracción,
transporte y refinación del crudo.
Los países
con ecosistemas áridos y semiáridos están
sufriendo, debido al cambio climático, un endurecimiento
en los procesos de desertificación; están sufriendo
la pérdida de sus pocas tierras agrícolas y
la contaminación de sus escasas fuentes de agua.
Por su
parte, los países con bosques tropicales pierden velozmente
la biodiversidad, otro recurso estratégico con el que
cuentan, y enfrentan además, contaminación de
las fuentes de agua.
Adicionalmente
los impactos locales de esta actividad generan descontento
en las poblaciones y reacciones de protesta, legitimas desde
la perspectiva de esas comunidades, que los Estados deben
enfrentar.
Tres países
miembros de la OPEP son parte central de la preocupación
de Oilwatch, pues se trata de países tropicales con
explotación petrolera. Nigeria, Indonesia y Venezuela.
En ellos la situación es crítica, se ciernen
amenazas de invasión extranjera, se están destruyendo
las fuentes de sobrevivencia de los pueblos, las transnacionales
ganan rápidamente terreno, y se destruyen los recursos
que en el futuro permitirían el bienestar de los pueblos.
En la
actualidad, los ciudadanos de estos países han recibido
medidas, injustas y opresivas desde el punto de vista social,
ecológico, ambiental y político, mientras que
los beneficios los obtienen solo las corporaciones transnacionales
petroleras y máximo las elites nacionales.
En Nigeria
e Indonesia, por ejemplo, los ciudadanos experimentan la subida
del precio de los combustibles, cada vez que el precio del
crudo aumenta en el mercado mundial, confirmando la maldición
del petróleo sobre los pueblos en cuyas tierras este
recurso es extraído.
Indonesia
además se sufre el agotamiento de las reservas, pues
se ha explotado ya un tercio de las mismas. Y lo que resulta
más grave, es que Indonesia, siendo el único
miembro de Asia de OPEP, este considerando abandonarla, por
la ausencia de una política de protección a
los miembros.
En el
caso de Venezuela los mega planes de exploración y
explotación petrolera y gasífera 2006-2030,
y la apertura de Venezuela a las empresas privadas trasnacionales
resultan incongruentes con las propuestas de reformas políticas
en favor de la población, la soberanía y el
respeto a los derechos ambientales y los derechos de los pueblos
indígenas, pescadores y campesinos. Además acentúan
los impactos y riesgos antes mencionados.
Los gobiernos
diligentemente hablan de subsidiar los costos petroleros,
mientras que son las comunidades empobrecidas que han visto
sus aguas y tierras colonizadas por la industria petrolera,
quienes subsidian el costo del petróleo aún
con su propia sangre.
Es vital
para los miembros de la OPEP considerar el interés
de sus ciudadanos antes que danzar al ritmo de las cambiantes
estrategias de las naciones consumidoras y corporaciones más
poderosas.
Recuperar
la soberanía, establecer una política de reinversión
y de control del excedente y sembrar las condiciones para
una nueva civilización post petrolera es, sin duda,
un imperativo para lograr los objetivos de proteger a los
países y su gente.
De otra
manera quedará para estos países una inmensa
deuda ecológica y social, un acumulado de externalidades
que nadie sabrá quién debe pagar. Ruina, decadencia
económica y ambiental, y dependencia serán nuestro
legado, a la misma velocidad con que el cambio climático
castigará a estos países.
Por lo
señalado, Oilwatch propone:
Abrir
el diálogo nacional e internacional, sobre soberanía
y privatización, sobre el corto y el largo plazo. Y
sobre la justicia social, económica y climática.
Iniciar
una reflexión sobre una economía post petrolera,
en la que las energías alternativas sean controladas
y provistas por los Estados y que logre identificar bases
sólidas para sustentar la soberanía energética
y el bienestar económico y social.
Acoger
el principio de precaución, recogido ya en las principales
convenciones internacionales. Descuidar el punto implica seguir
avanzando sin atender el problema de un futuro cada vez más
incierto.
Abrir
un debate al interior de los países tropicales miembros
de la OPEP con relación a los mayores beneficios ecológicos
y económicos de salvaguardar petróleo en el
subsuelo, como una forma de conservar la biodiversidad y el
agua, de respetar los derechos de la gente, de contribuir
a enfrentar los cambios climáticos y de reorientar
su política hacia una nación no dependiente
de los hidrocarburos y soberana.
Eliminar
la criminalización de la protesta y resistencia de
las comunidades locales que denuncian los impactos de las
actividades petroleras, puesto que ellas defienden derechos
de los pueblos, de las naciones y del planeta.
Por el
planeta y su gente
Oilwatch
Oilwatch es
una red de organizaciones de la sociedad civil en Africa,
Asia y América Latina, que promueve una civilización
pospetrolera.
Coordinación
de Organizaciones Mapuche - ARGENTINA
Belice Institute of Environmental Law and Policy (BELPO) -
BELICE
Toledo Developement Corporation (TDC) - BELICE
Bullet Tree Falls Environmental Club - BELICE
FOBOMADE – BOLIVIA
FUNDACIÓN SOLÓN – BOLIVIA
Projeto Brasil Sustentável e Democrático/Rede
Brasileira de Justiça Ambiental - BRASIL
GTA / Comision Pastoral de la Tierra - BRASIL
Asociación CENSAT Agua Viva – COLOMBIA
FUNDACION AGUAVIVA - COLOMBIA
Centro de Desarrollo Comunitario - Cabildo Mayor U’Wa
- COLOMBIA
ORJUWA-T Organización Wayúu Munsurat COLOMBIA
OILWATCH COSTA RICA
FoE CURAZAO
Acción Ecológica – ECUADOR
CESTA – EL SALVADOR
Madre Selva - GUATEMALA
Consejo de Investigaciones para el Desarrollo de Centroamérica
(CIDECA) - GUATEMALA
Alianza por la vida y la Paz - GUIATEMALA
Frente Petenero Contra Represas - GUATEMALA
MOVIMIENTO MADRE TIERRA - HONDURAS
Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH)
- HONDURAS
Confederación de Pueblos Autóctonos de Honduras
(CONPAH) - HONDURAS
ALIANZA VERDE - HONDURAS
Federación Indígena Tawahka, (FITH) - HONDURAS
Federación de Tribus Xicaque de Yoro (FETRIXY) - HONDURAS
Federación Indígena FETRIPH pueblo PECH de Olancho
- HONDURAS
Casifop - MEXICO
Sociedad de Amigos Santo Tomás – MEXICO
Centro Humboldt - Oilwatch Mesoamérica - NICARAGUA
URACCAN-IREMADES - NICARAGUA
Centro de Educación para la Paz y la Justicia (CEDUPAZ)
– NICARAGUA
CENTRO DE ESTUDIOS INTERNACIONALES - NICARAGUA
COIBA - PANAMA
ECORED - PANAMA
MNJ-PAT - PANAMA
SOBREVIVENCIA - PARAGUAY
APRODEH - PERÚ
CONACAMI - PERÚ
Racimos de Ungurahui - PERÚ
TOXIC TEXACOWATCH – SURINAM
WRM – URUGUAY
REDES - URUGUAY
Amigransa- Red Alerta Petrolera Orinoco Oilwatch - VENEZUELA
Centre Pour l’Environnement et le Développement
- CAMERÚN
Cadic - CONGO
EPOZOP / ASSAILD - CHAD
CPPL - Commission Permanente Petrole Locale - CHAD
Chadian Association for the defence of Human Rights / LTDH
- CHAD
RESAPIME SARH GRAMP/TC - CHAD
CILONG - CHAD
CIAJE - GABON
Third World Network - GHANA
FoE GHANA
LIVANINGO - MOZAMBIQUE
Oilwatch Africa – NIGERIA
Environmental Rights Action (ERA) - NIGERIA
Justice et Paix (of Catholic Church) - REPUBLIC OF CONGO (BRAZZAVILLE)
GroundWork – SOUTH AFRICA
Earthlife Africa eThekwini – SOUTH AFRICA
Earthlife Africa Johannesburg - SOUTH AFRICA
Earthlife Africa Cape Town - SOUTH AFRICA
Sudan Council of Churches (SCC) - SUDAN
Ecograph - AZERBAIJAN
UBINIG - BANGLADESH
BanglaPraxis - BANGLADESH
Community developmnet Library - BANGLADESH
PRAYAS - INDIA
PAN - INDONESIA
JATAM (Jaringan Advokasi Tambang) - INDONESIA
FoE MALAYSIA
Third World Network - MALAYSIA
ActionAid - PAKISTAN
Pakistan Institiute of Labour Education and Research - PAKISTAN
Center for Environmental Justice - SRI LANKA
EarthRights International (ERI) - THAILAND
CAIN Campaign for Alternative Industriy Network - THAILAND
Burma Issues - THAILAND
Study Group for Natural Resource Sustainability - THAILAND
Kalayanamitra Council - THAILAND
LAOHAMUTUK - TIMOR
PERDU-Manokwari - WEST PAPUA
CEE Bankwatch Network - GEORGIA
Indigenous Oil Campaign Organizer Indigenous Environmental
Network - USA
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