Puntos
de Vista
Análisis
y opinión sobre energía y política
A
treinta y ocho años de Ernesto "Che" Guevara
1967 - 2005
nELSON
santos
karikamania.no.sapo.pt/
Por Pablo Mora
Si el poeta eres tú, como dijo el poeta, y el que ha
tumbado estrellas en mil noches de lluvias coloridas eres
tú, qué tengo yo que hablarte, Comandante. Si
el que asomó al futuro su perfil y lo estrenó
con voces de fusil fuiste tú, guerrero para siempre,
tiempo eterno, qué puedo yo cantarte, Comandante. (Pablo
Milanés).
Estás en todas partes. En el indio hecho de sueño
y cobre. Y en el negro revuelto en espumosa muchedumbre, y
en el ser petrolero y salitrero, y en el terrible desamparo
de la banana, y en la gran pampa de las pieles y en el azúcar
y en la sal y en los cafetos, tú, móvil estatua
de tu sangre como te derribaron, vivo, como no te querían,
Che Comandante, amigo.
Cuba te sabe de memoria. Rostro de barbas
que clarean. Y marfil y aceituna en la piel de santo joven.
Firme la voz que ordena sin mandar, que manda compañera,
ordena amiga, tierna y dura de jefe camarada. Te vemos cada
día y puro como un niño o como un hombre puro,
Che Comandante, amigo.
Pasas en tu descolorido, roto, agujereado
traje de campaña. El de la selva, como antes fue el
de la Sierra. Semidesnudo el poderoso pecho de fusil y palabra,
de ardiente vendaval y lenta rosa. No hay descanso.
¡Salud, Guevara! O mejor todavía
desde el hondón americano: Espéranos. Partiremos
contigo. Queremos morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives, Che Comandante, amigo. (Nicolás
Guillén)
Te han cubierto de afiches, de pancartas,
de voces en los muros, de agravios retroactivos, de honores
a destiempo. Te han transformado en pieza de consumo, en memoria
trivial, en ayer sin retorno, en rabia embalsamada. Y quizás
han resuelto que la única forma de desprenderse de
ti o dejarte al garete es vaciarte de lumbre, convertirte
en héroe de mármol o de yeso y por lo tanto
inmóvil o mejor como mito o silueta o fantasma del
pasado pisado; sin embargo tus ojos interminables, Che, miran
como si no pudieran mirar, asombrados tal vez de que el mundo
no entienda que treinta y tres años después
sigues bregando dulce y tenaz por la dicha del hombre. (Mario
Benedetti)
Pudiste haber muerto en un terremoto cuando
bebías unos tragos con los amigos de tu barrio, cuando
fuiste declarado no apto para el servicio militar obligatorio,
cuando tuviste tu primer desengaño amoroso y te fuiste
a recorrer el mundo como un ferrocarrilero perdido. O sea
noche. Cuando los muchachos del colegio se burlaban de ti
porque no sabías bailar caminito que el tiempo ha borrado,
y la soledad creció como un águila misteriosa
en tus labios. Sí. Pudiste haber muerto en el cine
o en la tranquilidad de la lluvia como cualquiera de nosotros:
pensando en las musarañas, en carlitos gardel o en
el cabro de borges. O en esa vecina que creía en la
amistad como un árbol lleno de espejos. Pero jamás
falleciste ni siquiera cerraste los ojos cuando te cortaron
las manos y te dispararon un tiro en la nuca y otro en el
pecho. Ni cuando escribías en la selva algunos breves
poemas al pie de un tronco musgoso. Ni cuando amanecías
buscando el sol en los bosques. Ni cuando mandaste al diablo
a monje (del pc-boliviano) y te quedaste solo, besando con
tus compañeros la soledad de la noche. Y menos cuando
triunfó la revolución y los caracoles y retamas
abrieron sus espumas de fuego. Porque no morirás jamás
"sabueso contemporáneo" de la historia. Pues
solamente falleciste como tú querías: recordando
la historia de los hombres y avanzando a gritos en el río
y escupiéndole en el corazón a tu verdugo y
haciéndole comprender a una humilde profesora las miserias
de su patria y las sombras agujereadas de su vida. (Nicolás
Guillén)
Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca pero
no importaba. Yo tuve un hermano que iba por los montes mientras
yo dormía. Lo quise a mi modo, le tomé su voz
libre como el agua, caminé de a ratos cerca de su sombra.
No nos vimos nunca pero no importaba, mi hermano despierto
mientras yo dormía, mi hermano mostrándome detrás
de la noche su estrella elegida. (Julio Cortázar)
Tu mano gloriosa y fuerte desde la historia
dispara cuando todo Santa Clara se despierta para verte. Aquí
se queda la clara, la entrañable transparencia de tu
querida presencia, Comandante Che Guevara. Seguiremos adelante,
como junto a ti seguimos y con Fidel te decimos Hasta Siempre
Comandante. (Carlos Puebla)
Así estamos, consternados, rabiosos,
aunque esta muerte sea uno de los absurdos previsibles. Da
avergüenza mirar los cuadros, los sillones, las alfombras;
sacar una botella del refrigerador, teclear las tres letras
mundiales de tu nombre en la rígida máquina
que nunca nunca estuvo con la cinta tan pálida. Vergüenza
tener frío y arrimarse a la estufa como siempre, tener
hambre y comer esa cosa tan simple, abrir el tocadiscos y
escuchar en silencio sobre todo si es un cuarteto de Mozart.
Da vergüenza el confort y el asma da vergüenza,
cuando tú comandante estás cayendo … ametrallado,
fabuloso, nítido… eres nuestra conciencia acribillada.
Dicen que te quemaron... con qué fuego van a quemar
las buenas buenas nuevas, la irascible ternura que trajiste
y llevaste con tu voz, con tu barro. Dicen que incineraron
toda tu vocación menos un dedo… basta para mostrarnos
el camino, para acusar al monstruo y sus tizones, para apretar
de nuevo los gatillos.
Así estamos, consternados, rabiosos,
claro que con el tiempo la plomiza consternación se
nos irá pasando, la rabia quedará, se hará
más limpia. Estás muerto, estás vivo,
estás cayendo, estás nube, estás lluvia,
estás estrella… Donde estés … si
es que estás … si estás llegando…
aprovecha por fin a respirar tranquilo, a llenarte de cielo
los pulmones. Donde estés … si es que estás
… si estás llegando … será una pena
que no exista Dios. Pero habrá otros, claro que habrá
otros dignos de recibirte comandante (Mario Benedetti)
Como si San Martín la mano pura a Martí
familiar tendido hubiera, como si el Plata vegetal viniera
con el Cauto a juntar agua y ternura, así Guevara,
el gaucho de voz dura, brindó a Fidel su sangre guerrillera
y su ancha mano fue más compañera cuando fue
nuestra noche más oscura. Huyó la muerte. De
su sombra impura, del puñal, del veneno, de la fiera,
sólo el recuerdo bárbaro perdura. Hecha de dos
un alma brilla entera, como si San Martín la mano pura
a Martí familiar tendido hubiera. (Nicolás Guillén)
Prohibido llorar sobre los vivos a ochenta
años de la augusta gesta, frente a los de Bolívar
y Camilo, a treinta del viraje hacia la estrella. Al pie de
tus treinta años te decimos: préstanos tu morral
y tu escopeta, tus focos, tus Vietnams y tus caminos, tu esperanza,
ternura y arrechera. Préstanos tu montaña, tus
morteros, tu magia, soledad, naufragio y suerte, tus planos,
tus trincheras, tus secretos. Préstanos tu escondite
y taburete y tu diario y tus manos y portentos para empuñar
fusiles nuevamente. (Pablo Mora)
¿Treinta y tres años ya? ¿O
sea que pudimos seguir sobrando treinta y tres años
en un mundo en que no estaba él? ¿O sea que
hay una generación que ha podido nacer, crecer y engendrar
en un mundo en que desde hace treinta y tres años falta
él? ¿Cómo concebir el mundo treinta y
tres años sin él? Lo dejamos solo comandante
sin ejército… creyeron que había muerto
y anunciaron "el fin de la historia" como si ya
todos pensáramos igual con la indócil excepción
de Chiapas y de Cuba, pero yo sé, sabemos que la historia
sí puede terminar antes de que regrese el hombre nuevo
que él anunció, trayendo consigo como la más
bella utopía de América y por eso lo espero
para poder seguir vivo y poder seguir esperando lo que viene
entonces, Che. ¿Hasta la victoria siempre? (Jorge Enrique
Adoum).
Guevara, como todos los soñadores,
no triunfó. Lo mataron, como a todos los héroes
desbocados. Quizás nadie sepa nunca hasta dónde
pudo haber llegado su locura. Quizás por eso su tumba
está en nuestro corazón. (Adriano González
León). Como Anfiáreo, la muerte no interrumpe
sus recuerdos. La aristía, la protección en
el combate, la tuvo siempre a la hora de los gritos y la arreciada
de cuello, pero también la areteia, el sacrificio,
el afán de holocausto. El sacrificarse en la pirámide
funeral, pero antes dio las pruebas terribles de su tamaño
para la transfiguración. Donde quiera que hay una piedra,
decía Nietzsche, hay una imagen. Y su imagen es uno
de los comienzos de los prodigios, del sembradío en
la piedra, es decir, el crecimiento tal como aparece en las
primeras teogonías, depositando la región de
la fuerza en el espacio vacío. (José Lezama
Lima).
Ahora serán las palabras, las más
inútiles o las más elocuentes, las que brotan
de las lágrimas o de la cólera; ahora leeremos
bellas imágenes sobre el Fénix que renace de
las cenizas, en poemas y discursos de ira fijando para siempre
la imagen del Che. También estas son palabras, pero
no las quiero así, no quiero ser yo quien hable de
él. Pido lo imposible, lo más inmerecido, lo
que me atreví a hacer una vez, que sea su mano la que
escriba estas líneas. (Julio Cortázar).
Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien
mucho para poder dominar la técnica que permite dominar
la naturaleza. Acuérdense que la Revolución
es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale
nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más
hondo cualquier injusticia cometida contra cualquier parte
del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.
(Ernesto Che Guevara).
Ejemplo indestructible y que, aun destruido
en la persona, en nada habrá de menguar la lucha que
se lleva adelante para la liberación de la América
nuestra - la auténtica, la que verdaderamente podemos
llamar "nuestra" en tiempo presente. El mito, la
leyenda, la conseja, la tradición transmitida de boca
en boca, lleva, a lo ancho de las tierras, en el lomo de las
cordilleras, a lo largo de los ríos, el nombre del
Che. Nombre de un hombre por siempre inscrito en el gran martirologio
de América, que se hizo uno con la idea misma de la
revolución y, caído, habrá de levantar
nuevas energías revolucionarias en el camino donde,
según últimas palabras de su diario, el paso
de sus hombres "había dejado huellas". Huellas
que no se borran. Que jamás habrán de borrarse.
Que quedan marcadas en el sueño del continente entero.
(Alejo Carpentier).
El Che, como pocos hombres en nuestro hemisferio,
entendió que la revolución es una gran aventura.
Un desafío a la realidad y un compromiso feroz con
la imaginación. Un ejército ético propio
de una conciencia de titanes, donde se sabe de antemano y
con lucidez que la libertad se inventa en la acción
sublime de cada día. (Iván Darío Álvarez).
La
figura del Comandante Che Guevara es hoy más que nunca
para nosotros como un relámpago de oro en la conciencia.
Su acción y su pensamiento, su increíble audacia
histórica, constituyen una permanente advertencia para
todos aquellos que pensamos, con Marx, que no basta con interpretar
el mundo, sino que es preciso cambiarlo, transformarlo, alterarlo
revolucionariamente. El Che Guevara hablaba constantemente
de la necesidad de crear un hombre nuevo, que él llamaba
"el hombre del siglo XXI", y advertía que
esa era una tarea enormemente dificultosa; nosotros, aquí
y ahora, tenemos el deber, al recordar hoy la figura del guerrillero
asesinado, de meditar a fondo sobre ese principio revolucionario
que, desgraciadamente,
ha sido tomado muy poco en cuenta por los revolucionarios
socialistas. (Ludovico Silva).
¿Dónde
estás, caballero, el más puro, caballero, el
mejor caballero? Encendiendo el hachón guerrillero
en lo oscuro, señora, en lo oscuro. (Mirta Aguirre).
Che
recuerda lo que ya sabemos desde Espartaco y que a veces olvidamos:
la Humanidad encuentra en la lucha contra la injusticia un
escalón que la eleva, que la hace mejor, que la convierte
en más humana. (Subcomandante Marcos).
Del
Editor: Este articulo se publica con el fin de recordar a
un hombre que luchaba por unas ideas, las cuales no compartimos,
pero que deben servir de ejemplo y hacernos reflexionar en
la lucha por todos y cada uno de nuestros ideales para con
la sociedad en la cual queremos vivir y ver crecer a nuestros
hijos, especialmente en los actuales momentos en que el populismo
confunde y engaña a las masas de nuestros pueblos a
cuenta de una revolución que nos lleva mas bien a dictaduras
personalistas. - E.Ohep
Pablo Mora
nació en Santa Ana del Táchira (Venezuela),
en 1942. Licenciado en Letras en la Universidad Católica
“Andrés Bello”(1966) de San Cristóbal,
Estado Táchira, Venezuela. Obtuvo doctorados en Psicopedagogía
y en Periodismo en la Università degli Studi di Torino
y La Università Cattolica del Sacro Cuore de Milán,
Italia, respectivamente. Profesor Titular Jubilado de la Universidad
Nacional Experimental del Táchira (UNET), autor de
varios libros y ensayos. Autor de la Letra del Himno de la
UNET.
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Nota
del Editor: El presente poema fue publicado originalmente
por Voltarienet.org., el 14 de octubre del 2005. Petroleumworld
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