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Puntos de Vista
Análisis y opinión sobre energía y política


Visión y Agenda para un Mundo Nuevo
La Felicidad como Centro de la Sabiduria Indigena Ancestral



Por Frank Bracho

Introducción

El término “sabiduría ancestral” tiene hoy dos connotaciones. La usual, que es la cronológica referida en los dicionarios, la cual remite el término a un “legado de los antepasados, algo tradicional y remoto”. Y otra cualitativa, mas contemporánea, surgida al calor de las carencias de nuestra época, que ve a lo ancestral como una sabiduría perdida que añoramos; una sabiduría anterior mas conectada con la esencia mas natural y genuina del ser humano y su entorno; una sabiduría mas sabia –valga la redundancia. Porque en verdad estamos reaprendiendo, luego de que por tanto tiempo se nos enseñara lo contrario, que “no todo lo nuevo es siempre mejor; ni todo lo viejo, peor”..sino que la historia humana se ha movido mas bien en especie de ciclos donde a veces los tiempos pasados han sido mejores o mas sabios –aunque nada se ha repetido nunca igual porque ha sido mas bien una especie de movimiento espiralado.

Hoy existe la sensación generalizada de que hemos estado viviendo una parte baja o desfavorable en la onda cíclica; una “era de oscuridad y desarmonía”; y anhelamos, buscamos de nuevo, la vuelta a otra “era de luz y bienestar”, segun la conciencia de lo posible que late en nuestra memoria recóndita.

Todo lo anterior, reivindicado en muchas tradiciones espirituales y proféticas, tiene encuentro común en el estudio y enseñanzas de la sabiduría ancestral. En la cual descolla el acervo indígena, tan conectado con el Orden Natural y sus Leyes; libro abierto del Gran Espiritu y de Dios. Libro donde yacen las claves de la realización humana resumidas en el concepto de la Felicidad. Sobre las cuales discurriremos en este trabajo.

La Felicidad en la búsqueda humana

Ser feliz ha sido siempre una aspiración fundamental del ser humano desde que se tenga memoria. De allí que todas las tradiciones de sabiduría se hayan referido de una forma u otra a cómo lograrlo; conceptuando con frecuencia la felicidad como sumum o pináculo de la realización humana.

La meta de la felicidad ha sido incluso consagrada como valor fundacional para naciones o gobiernos. Asi lo preconizó Simón Bolívar, líder de la independencia de varias repúblicas suramericanas, quien afirmó: “El sistema de gobierno mas perfecto es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible”. La Declaración de Independencia de los Estados Unidos señaló a la “búsqueda de la felicidad” como una de las aspiraciones fundamentales de la nueva nación; y padres de dicho manifiesto como Thomas Jefferson y Benjamín Franklin hicieron del valor de la felicidad parte central de su ideario político. A la felicidad en esos tiempos del siglo XVIII-XIX se le solía vincular con sentimientos de seguridad y estabilidad personal y social.

A pesar de lo anterior, a algunos escépticos-pragmáticos de hoy les sonará quizás demasiado general o utópico tal ideal, y algunos incluso dirán, con sorna, que si en esa época hubiese existido el concepto del Producto Nacional Bruto (PIB), la medida monetaria que los economistas han entronizado hoy como valor supremo del bienestar nacional, los próceres lo habrían preferido.

Pero la meta de la felicidad sigue hoy retornando a la agenda de líderes y pueblos, cual aspiración vital insatisfecha. En ello han coincidido países tan diversos como Bhutan, cuyo gobierno ha declarado en tiempos recientes, en base a ancestrales enseñanzas budistas, que “el Producto Nacional de la Felicidad es mas importante que el Producto Nacional Bruto”; e Inglaterra, donde el gobierno ha decidido incorporar en las políticas públicas la promoción del bienestar y la felicidad social como objetivos explícitos. Por cierto, esto ultimo es emblemático puesto que fue en Inglaterra desde donde la ideología del PIB inició su proyección a todo el mundo.

Un reciente gran recuento de la BBC, la reconocida agencia de noticias inglesa, sobre la atencion que el tema de la felicidad esta logrando en la actualidad concluye lo siguiente: “La felicidad no es precisamente uno de esos temas que los medios que se llaman a sí mismos "serios" habrían considerado tratar hasta hace unos años....Pero de un tiempo a esta parte, como si se tratara de un virus infeccioso, el tema ha penetrado la cobertura de todos aquellos que se creían por encima de tal territorio... Ya sea que se trate de una cuestión de mercado o de las influencias de la llamada Era de Acuario, lo cierto es que el tema está de moda” El reportaje de la BBC documenta además algo revelador que puede explicar el cambio en las políticas públicas inglesas antes mencionado: “De décadas de trabajo monitoreando la felicidad, uno de los datos cruciales que ha emergido es que, a pesar del enorme aumento de la riqueza vivido en los últimos 50 años en los países ricos, los niveles de felicidad no han aumentado”. Finalmente, de todos los estudios consultados, la BBC termina resumiendo las siguientes dos claves principales para el logro de la felicidad: “’En primer lugar, familia y amigos. Los estudiosos sostienen que mientras más amplio sea el círculo de personas con las que nos relacionamos y más profundas sean esas relaciones, mejores efectos tienen sobre el organismo.. El segundo ingrediente vital es tener un significado en la vida, el creer en algo más grande o más poderoso que uno, ya sea en forma de religión, espiritualidad o una filosofía de vida”. Ambas claves también centrales en la sabiduría indígena sobre la felicidad–como veremos mas adelante a lo largo de este trabajo.

En la Cumbre del Milenio de la ONU, celebrada en el 2000 en Nueva York, el Secretario General de dicha Organización, Kofi Anan, presentó a los Jefes de Estado los resultados de una encuesta Gallup internacional, la cual ha sido la encuesta de opinión pública mas grande que se haya realizado y que abarcó unos 60 países. La encuesta concluyó que “la gente valora la buena salud y una familia feliz como lo mas importante sobre cualquier otra cosa”.

Como ya hemos dicho, una de las tradiciones de sabiduría mas iluminadora, a los efectos de la búsqueda de la felicidad, ha sido la de los pueblos indígenas. Y dentro de ésta, la sabiduría de los pueblos indígenas de Las Américas, la cual influenció mucho el pensamiento de prominentes líderes revolucionarios de los siglos XVIII y XIX en Europa y Las Américas, en su lucha en contra del autoritarismo monárquico-feudal y en pro de sociedades mas humanas y libres.

Entre ellos estaban líderes como Franklin, Jefferson y Bolívar.

La admiración de Jefferson por la sabiduría indígena en materia de felicidad llegó a ser tal que le hizo comentar: “Estoy convencido que sociedades como las indígenas, que viven sin ningún gobierno, disfrutan en su población general de un infinitamente mayor grado de felicidad que aquellas que viven bajo los gobiernos europeos”. Jefferson había notado además que: “Los indígenas norteamericanos no están sometidos a ningunas leyes, poderes coercitivos o sombras de carácter gubernamental. Sus únicos controles son sus propias costumbres y sentido moral de lo correcto e incorrecto. La violación de ello es castigado con el desprecio o la exclusión de la vida social..Imperfecto como este tipo de coerción pudiera parecer, los crímenes son muy raros entre los indígenas” (Johansen, 1982).

Bolívar por su parte nos dejó los siguientes comentarios: “El indio es de un carácter tan apacible que sólo desea el reposo y la soledad; no espera acaudillar a su tribu, mucho menos a dominar las extrañas...esta especie de hombres es la que menos reclama preponderancia; aunque su número excede a la suma de los otros habitantes....es una especie de barrera para contener a los otros partidos, ella no pretende la autoridad, porque ni la ambiciona ni se cree con aptitud para ejercerla, contentándose con su paz, su tierra y su familia. El indio es amigo de todos.”

El mismo Cristóbal Colón había comentado en sus primeras crónicas lo siguiente en relación a su encuentro con la cultura indígena del “nuevo continente”: “Son la mejor gente del mundo y mas sana. Aman al prójimo como a si mismos. Son fieles y sin codicia de lo ajeno..su discurso es siempre dulce y gentil, y acompañado con una sonrisa..”

La información llegada a Europa sobre las felices bondades del autogobierno indígena influenció en verdad una serie de pensadores revolucionarios a lo largo de varios siglos; desde Tomas Moro hasta John Locke, Rousseau, Engels y Marx. La ideas de éstos a su vez regresarían al continente americano para influenciarlo en un interesante flujo en reverso. A pesar del distinto sentido ideológico de cada uno de ellos (la anarquía ilustrada de Moro, el énfasis en los derechos naturales de Locke y Rousseau, la sociedad comunista de Engels-Marx, etc), y aún de las diversas formas en que dichas teorías fueron llevadas a la práctica, todos dichos pensadores tuvieron en común haberse nutrido de lo indígena como pauta idealista de la felicidad y armonía social –tal como lo hicieron los Jeffersons y los Bolívar en el propio continente americano de la observación directa de lo aborigen.

Pero antes de seguir con tanto ensalzamiento de lo indígena, que lamentablemente probó ser de limitada duración en las Américas ante el posterior genocidio de los aborígenes que tuvo lugar, detengámonos a intentar precisar en que consiste la felicidad. Y, a partir de esa precisión, hagamos un juicio mas objetivo de hasta que grado la ancestral sabiduría indígena la lograba.

En qué consiste la Felicidad

La felicidad puede ser entendida como un estado profundo de bienestar y satisfacción-contentamiento fundado en nuestra identidad natural.

En cuanto a nuestra identidad natural, se admite en general universalmente que los seres humanos somos materia y espíritu, cuerpo y alma; dependiendo de la forma en que quiera llamarse a los dos componentes característicos de nuestra identidad: el denso y el sutil

La dimensión del “bienestar” en el concepto de felicidad se referiría a los aspectos mas físicos, densos y externos de nuestro ser. Mientras que la dimensión de la “satisfacción-contentamiento” se referiría a los aspectos mas sutiles e interiores, mas espirituales, de nuestra identidad.

La dimensión de bienestar podríamos aparejarla también con la de la salud, definida en el sentido amplio que le da la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para la OMS, salud es: “Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no tan sólo la ausencia de enfermedad”. Dicha amplia concepción destaca la importancia de los aspectos afirmativos y preventivos de la salud (mas allá de sólo lo reparador-curativo en que se ha quedado la medicina moderna); así como enfatiza a la salud como un estilo de vida, en lo cual, además de la atención a la salud como tal, iría incluida la atención a la alimentación, vivienda, vestido, ejercicio físico, educación, calidad ambiental, y el afecto y protección en vida comunitaria.

Sin embargo es evidente que la salud se entrecruza y tiene una relación de continuidad con la otra dimensión mas sutil. Tanto el término “enfermedad” mismo, el cual proviene del latin “infirmus” que significa “falto de firmeza o equilibrio”, como el ámbito mental de la salud, citados en la definición de la OMS, nos recuerdan de los aspectos sutiles de la salud. Se ha dicho también que la materia, en definitiva, no es sino energía concentrada.

En lo referente a la dimensión de satisfacción-contentamiento, prerrequisito para la felicidad es tener sabiduría, pues ésta nos dará las pautas correctas para diferenciar lo que nos hace feliz de lo que no nos hace. Relacionarnos con nosotros mismos y otros seres desde una perspectiva de amor, compasión, respeto por toda vida, así como sentirnos útiles, son otros requerimientos fundamentales para una vida feliz. En relación a lo anterior, el eminente biólogo chileno Humberto Maturana ha observado: “Nuestra esencia biológica se fundamenta en el amor y en la cooperación”. Añadiendo, en un señalamiento que nos revierte a la vinculación con la dimensión de bienestar-salud: “..tendemos a enfermarnos por falta de amor, pero nunca por falta de agresividad o violencia”.
A pesar de la mencionada vinculación entre las dos dimensiones, la de bienestar-salud y la de satisfacción-contentamiento, es evidente que esta última, ligada a lo mas espiritual, es la mas crucial. Pues, como han dicho los indigenas norteamericanos anishinabes, en verdad “no somos sino espíritus en una travesía humana” (por cierto, una aserto muy similar al del teólogo cristiano Pierre Teilhard de Chardin: “No somos seres humanos en una búsqueda espiritual, somos seres espirituales en una experiencia humana”).

Recapitulando, a partir de la expuesta definición de la felicidad surgen los siguientes requisitos básicos para lograrla:

-En cuanto a la dimensión de bienestar-salud: salud como tal, implicando también la alimentación, vivienda, vestido, ejercicio físico, educación, afecto-protección en comunidad, calidad ambiental, adecuados.

-En cuanto a la dimensión de satisfacción-contentamiento: sabiduría, amor, compasión, el respeto por toda vida, y el sentirse útiles.

-Teniendo en cuenta que, si vamos a ser fieles a la mayor jerarquía de lo espiritual, el último conjunto de requerimientos en verdad sería el que tendría mas prelación.

Sabiduría indígena y Felicidad. Comparación con la sociedad moderna.

¿Cómo calificar la sabiduría indígena ancestral en función de estos requerimientos para la felicidad? Y por otro lado, qué decir de la sabiduría de la civilización moderna misma? Procedamos ahora a algunas consideraciones sobre tales preguntas.

En cuanto a la primera, no se debería idealizar o “romantizar”” la sabiduría indígena, ni desconocer que ha estado sujeta también a degeneración propia, en un ciclo del cual no parece haberse escapado ninguna parte de la humanidad. Los próceres y pensadores del siglo XVIII que se deslumbraron con lo indígena incurrieron, en verdad, en cierta idealización de la sabiduría aborigen, la idealización de quien tiende a ver en otro lo que profundamente le falta, o sencillamente la idealización del simplificador o conocedor limitado. No todas las culturas indígenas conque se encontraron los europeos cuando llegaron a Las Américas estaban en su estado de mayor sabiduría; algunas como las de los aztecas, mayas e incas estaban en descenso de sus “épocas más doradas”.

Pero, a pesar de todo lo anterior, en lo referente a lo indígena primigenio o ancestral, las crónicas de admiración de los europeos y americanos de tal descendencia no estaban lejos de la verdad.

Al referirnos a lo indígena primigenio o ancestral, cabe destacar que para nosotros lo indígena, mas que un color de piel o raza, es un estado de conciencia que consiste en una comunión íntima y respetuosa con la Madre Naturaleza y sus leyes.

Aunque el término “felicidad” no siempre figura explícitamente en las lenguas indígenas, los valores y pautas sobre el estilo de vida para ser feliz siempre aparecen.

En la lengua de los waraos, los ancestrales aborígenes del Delta del Orinoco en Venezuela, el término existía como tal, bajo la acepción: “oriwaka”. Oriwaka para los waraos tiene los siguientes significados: “esperar juntos”, “tener fiesta”, “goce de compartir con otros”, “paraíso donde los muertos son felices”, significados que destacan la importancia del compartir, de la alegría y de lo trascendente como claves de la felicidad. En lengua piaroa, etnia del amazonas venezolano, “felicidad” se dice “eseusa”, y significa principalmente “goce de compartir con otros”, en valor afín a la concepción warao. Para los antiguos achaguas arawakos, también habitantes de la Venezuela precolombina, su palabra-saludo “chunikai” significaba tanto “felicidad” como “salud” (en relación que nos retrotrae a la precisión que hiciéramos antes en la definición de la felicidad). Para los Bari, al occidente de Venezuela, cuando su Creador Sabaseba les dio vida lo hizo con el siguiente mandato: “Seran llamados Bari y serán siempre felices y sonrientes”; por ello en su tradición oral los Bari aun cuentan que: ‘’Por ello no nos está permitido ponernos bravos, porque felices nos hizo Sabaseba, como nuestros ancianos siempre lo han dicho. Porque asi siempre hemos sido desde el comienzo, y asi habremos de seguir siendo”

En cuanto a los mayas, es interesante notar la importancia atribuida a la felicidad en el comportamiento prescrito en su código moral El Pixab: “Es bueno algo mientras no cause daño a nadie. Es correcto algo en tanto contribuya a la felicidad y a la vida” (subrayado nuestro).

En el idioma maya Q’eqchi felicidad se dice sahil ch’oolejil y significa literalmente: “”tener el corazón contento”. En confirmación de la gran centralidad que tenía el valor de la felicidad en la vida cotidiana maya Q’eqchi, el saludo social permanente es masa’ laa ch’ool, que significa: “¿Cómo está tu corazón?” .

El contraste con el estilo de vida europeo sirvió para que el indígena concientizara los méritos de su estilo de vida ancestral en cuanto a la felicidad. En tal sentido, expresiva es la siguiente reflexión del Cacique Micmac en Norteamérica hacia el año 1676: “¿ Cúal es mas sabio y feliz: aquél que labora sin cesar y sólo obtiene, con gran esfuerzo, apenas suficiente para vivir, o aquel que vive en comodidad y encuentra todo lo que necesita en el placer de cazar y pescar...No hay indio que no se considere infinitamente más feliz y poderoso que los franceses” (Nerburn y Mengelkoch,1991). O la siguiente comparación del Cacique Maquinna, de la nación Nootka, también en Norteamérica, luego de haber conocido la práctica bancaria traída por la civilización blanca: “Nosotros los indígenas no tenemos ese tipo de banco; pero cuando tenemos mucho dinero o mantas, los regalamos a otros caciques y gentes, siendo el pago de interés que nuestro corazón se siente bien.
La forma en que damos es nuestro banco” (Idem).

Compárese lo anterior con la codicia y el individualismo que, a pesar de las iniciales intenciones de próceres como Franklin, Jefferson y Bolívar, persistieron como legado de la conquistadora cultura europea. Tales inclinaciones devendrían, a la postre, en las funestas prácticas de avasallamiento y esclavitud a las que los colonos someterían a los indígenas y los posteriormente “importados” africanos, así como en el creciente materialismo mercantilista y corporativo que luego se entronizaría. En este último sentido, en cuanto al caso de Estados Unidos analistas como el historiador Richard Beard han destacado que los estrechos intereses económicos truncaron mucho del alto espíritu de la Declaración de Independencia de ese país, redactada en 1776; sobre todo al momento en que tocó aplicarla a la Constitución Nacional de 1787. Lo que explicó, entre otras cosas, por qué la esclavitud de los negros no fue abolida en este último documento, de cuyos proclamados “derechos universales” fueron excluidos tantos los indígenas como los africanos. Esta omisión en cuanto a la esclavitud de los afro-norteamericanos le salió al final muy cara a la nueva nación, pues tuvo que ser dirimida unos 80 años después con una pavorosa guerra civil. A partir de dicha guerra, por otro lado, las corporaciones y el dinero adquirieron un decisivo poder en dicho país; lo que hizo al Presidente Lincoln, vocear las siguientes preocupaciones, cargadas de aire profético para todo el posterior devenir norteamericano: “Veo en el futuro próximo una crisis en gestación que me desvela y me causa ansiedad por la seguridad de mis país. Como resultado de la Guerra, las corporaciones se ha entronizado...Una era de corrupción en las altas esferas vendrá a continuación, y el poder del dinero en el país se empeñará en prolongar su dominio manipulando los prejuicios del pueblo” (Waserman, 1984).

Las estrechas ambiciones económicas también, por supuesto, jugaron su parte al “sur del Río Grande” y también truncaron los sueños solidarios y de felicidad social que abrigaban los padres fundadores de las nuevas repúblicas en esa parte del continente. Las nuevas élites de hacendados y comerciantes buscaron el parcelamiento político y económico inescrupuloso al servicio de sus propios fines.

Cabe encontrar la raíz de toda esta codicia económica en la propia Revolución Industrial, la cual, propagada desde Inglaterra al resto del mundo, ironicamente en forma contemporánea a las grandes revoluciones políticas e independentistas de fines del siglo XVIII y principios del XIX , terminó predominando sobre mucho de lo que éstas pretendían, incluyendo sus ideales de felicidad social. El gran historiador Arnold Toynbee ha dejado sentado el siguiente juicio sobre el particular: “Hubo paradójicas e infelices consecuencias humanas del incremento de la producción de riqueza material. La causa de este descarrilamiento social fue el motivo que animaba a los empresarios que habían impulsado a la revolución industrial. Su motivo fue la codicia, y la codicia había sido liberada de sus tradicionales amarras dictadas por las leyes, las costumbres y la conciencia”.

La codicia desde ese entonces se ha desbordado tanto que está hoy en el tapete central de discusión; luego de sucesos como la gran ola de escándalos corporativos que ha sacudido al mundo en los últimos tiempos en forma generalizada, con casos emblemáticos a nivel internacional como el de la empresa Enron de Estados Unidos y europea Parmalat.

Dimensión de Bienestar-Salud en la Felicidad

En base a la anteriormente expuesta definición de la OMS, que (la) define a la salud fundamentalmente como un estilo de vida, mucho puede aprenderse de la sabiduría de nuestros ancestros indígenas pues en dicha sabiduría se privilegia, precisamente, el estilo de vida y lo preventivo como pivotes de la salud. Ello, en base al cumplimiento de las leyes de la Naturaleza (sobre lo cual nos extenderemos mas adelante) y su amplia gana de remedios naturales.

Estos últimos incluyen no sólo a las plantas (tanto en su acepción medicinal como alimentaria), sino también a la tierra misma (a través de usos como la “arcillaterapia” y la ingesta directa de sus minerales y sustancias), la luz y el calor (a través de la apropiada exposición a los mismos), el aire (a través de apropiadas técnicas de inhalación y exhalación), y el “éter” o energía mas sutil (la cual incluye prácticas como las oraciónes, cánticos, danzas sagradas, y en general pensamientos positivos y valores espirituales). Todo lo anterior, basado en el pleno aprovechamiento de los también llamados Cinco Elementos Básicos de la Creación: “Tierra”’, “Agua”, “Fuego”, “Aire” y “Eter”; en forma respetuosa y ecológica, sin explotación mercantilista, y en servicio desinteresado al prójimo.

En cuanto al uso de las plantas, la “medicina indígena” se basa en el uso de la planta (o su parte correspondiente) completa, y no en fraccionamientos químicos de la misma como los llamados “principios activos”. Estos últimos, que han sido el basamento de la medicina moderna para la confección de su remedios o drogas, además de desnaturalizar el poder de la materia prima vegetal introducen los riesgos de toxicidad (los llamados “efectos secundarios” que a veces han probado ser peores que las enfermedades que intentan curar) y son de mas difícil asimilación (al perderse la importante complementariedad de los ingredientes de toda la planta completa). Un caso emblemático ha sido el uso de la “cocaína” versus la coca. De hecho, la forma en que la farmacopea moderna interviene o manipula las plantas sería considerado normalmente como irreverente y profanador por cualquier auténtico chamán indígena. Otras medicinas tradicionales conservadas hasta hoy como la china han sabiamente mantenido -aun a pesar de su práctica en gran escala- el uso de las plantas completas (normalmente, deshidratadas, lo que comporta una mínima intervención);
La medicina indígena ha tenido asimismo cánones rigurosos sobre la recolección de las plantas para el uso medicinal (en relación al tiempo y horas para hacerlo, normas para “pedir permiso” a las “animas” de las plantas antes de hacer uso de ellas, normas sobre el estado anímico mismo del recolector, etc); así como en cuanto a su posterior disposición y preparación -directrices todas normalmente enmarcadas en elaborado ritual.

El conocimiento indígena sobre las plantas como remedios ha sido en verdad muy sofisticado. El repertorio de plantas curativas no infrecuentemente asciende a centenares por cada etnia indígena -particularmente en el mundo tropical. En el caso de una cultura como la azteca, se ha estimado que sus curanderos utilizaban unas 1200 plantas para tratar enfermedades específicas.

En cuanto a la catalogación de enfermedades, el conocimiento indígena también ha mostrado gran sofisticación. Tan sólo en cuanto a una afección, por ejemplo: la conocida como “disentería” por la medicina moderna, los kayapo de Brasil han diferenciado 250 diferentes tipos de ella, para cada uno de los cuales han tenido prescrito un remedio herbal específico.

Sin embargo, siempre el uso de las plantas en la cultura indígena tradicional ha estado acompañado por prescripciones en estilo de vida. Así, el tratamiento de la malaria no se reducía al uso de la planta científicamente conocida como chichona calisaya, contentiva de la hoy tan renombrada “sustancia activa “ quinina; la terapéutica preventiva indígena también abarcaba medidas sanitarias medio-ambientales (en particular evitar aguas estancadas-criaderos propicios de los zancudos, y asegurar ambientes en que las poblaciones de éstos fueran naturalmente mantenidas a raya por depredadores naturales de los mismos como peces y sapos), así como prescripciones en la dietas alimentarias (por ejemplo, un mayor consumo del sabor amargo y menos del dulce) –sobre todo en las épocas de lluvia o de mayor proliferación de los mosquitos.

La pretensiones modernas de apropiarse, “patentar” ó “encapsular” ciertos aspectos parciales del acervo médico indígena, incluyendo los “principios activos” de las plantas utilizadas en el mismo, no pueden conducir, pues, muy lejos en términos de garantía de salud, a menos que se incluya el tema del estilo de vida –algo en definitiva inapropiable, impatentable y dependiente de condiciones in situ.

Para los indígenas, en verdad, tradicionalmente no ha existido la noción separatista de “plantas medicinales”, sino la de plantas benéficas en general, que son al mismo tiempo que remedio también nutrimento; en coincidencia con la vieja noción hipocratiana“Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”, hoy olvidada en general por los médicos modernos que dicen seguir los dictados de Hipócrates. El “qué, cómo y cuando comer”, pues, era parte intrínseca y primordial de la medicina indígena (algo que también ha terminado mayormente olvidado por los médicos modernos). Contrariamente al trillado estereotipo de que los indígenas eran primordialmente “cazadores y pescadores” -quizás un producto del prejuicio carnívoro de antropólogos de influencia europea o norteña que lo han propagado, la alimentación indígena en el Trópico, y ciertamente en el trópico americano, era mayormente vegetariana. Los mayas eran 80% vegetarianos; los incas, 90%; y los sacerdotes o amautas de estos últimos, 100% . En coincidencia con lo prescrito frecuentemente en otras culturas indígenas a lo largo del trópico americano para los ritos de realización chamánica-éspiritual, así como en muchas otras culturas espirituales del mundo en general. Los indígenas americanos no conocían el consumo de la vaca, el cerdo, el chivo y la gallina; todos ellos fueron traídos por Colón. Ni la nociva fritura de los alimentos (también traída por los europeos); los aborígenes preferían asar o cocer.

Ni el queso. Tampoco, el consumo social del tabaco y el alcohol, cuya ingesta para los indígenas estaba confinada a excepcionales actividades ceremoniales (fueron también los europeos los que propagaron el consumo social cotidiano de estos rubros, con consecuencias funestas).

Todas las aseveraciones anteriores las hemos documentado en detalle en nuestra compilación titulada “La alimentación de los pueblos precolombinos”, que publicáramos en nuestro libro “Del Materialismo al Bienestar Integral (ver Bibliografía). Entre los testimonios acopiados en la misma, cabe citar el siguiente del historiador Rafael Cartay, que en forma magistral ha reseñado el gran “choque de civilizaciones” en torno al tema alimentario que tuvo lugar en nuestro continente a raiz de la conquista europea, asi como las consecuencias del mismo: “La colonización española dislocó la vida indigena, arruinando elementos esenciales como fue la economía campesina de carácter colectivo. En lugar de la economía tradicional impuso una economía latifundista basada en la explotación de la mano de obra indígena. La ruptura de los equilibrios establecidos por los sistemas indígenas de uso de la tierra, empobreció la alimentación indigena y trajo consigo la desnutrición. La triste trilogía de la insuficiencia alimentaria, las epidemias y las extenuantes condiciones de trabajo, se convirtió en la vía mas expedita para el exterminio indígena, despues de la Conquista. El paisaje americano comenzó a ser cambiado y se impuso una dieta cárnica a los habitantes del Nuevo Mundo. El ganado (traido por Colón) inundó los sembradíos indígenas desestabilizando la producción agrícola y trayendo habre masiva”

Algunos cultivos-alimentos, como por ejemplo el caso del amaranto, tan prodigioso y venerado por culturas indígenas como los incas y los aztecas, fueron incluso sistematica y brutalmente reprimidos por los españoles.

Pero también cabe destacar, del mismo mencionado recuento, el siguiente testimonio del insigne estudioso naturalista de la América colonial Alexander Humboldt, en cuanto a la naturaleza principal de la alimentación indigena:“’Es que gentíos excitados por la necesidad y debiendo casi toda su alimentación al reino vegetal, descubren principios nutritivos, sustancias harinosas y alimenticias donde quiera que la naturaleza las ha depositado, en la savia, la corteza, las raíces o los frutos de los vegetales”.

Asi como este otro, del conquistador portugués de Brasil Pedro Alvarez Cabral en 1500 en relación al tipo de producción indígena en dicho territorio y su afición por la yuca: “Ellos no labran ni crían. No hay bueyes ni vacas, ni cabras, ni ovejas, ni gallinas. Ni ningún animal que esté acostumbrado a vivir con los hombres, ni comen sino esa iñame (la yuca), que aquí hay mucho, y de esa simiente y frutos que la tierra y los árboles de si mismos arrojan, y con esto andan tan duros y rollizos como no lo somos nosotros tanto”.

En relación a la última aseveración de la cita anterior, los estudios del Instituto Smithsonian, ademas de los de Manuel Cartay y Francisco Herrera Luque, muestran suficiente evidencia sobre la superioridad biológica y en materia de salud de los indígenas sobre los europeos. Aún en materia de prácticas curativas para tratar enfermedades, los indígenas eran por lo general superiores. Verano y Ubulaker, del Smithonian, citados también en nuestra mencionada compilación, han señalado para el caso de Mesoamérica lo siguiente: “Los conquistadores sumidos en una generalizada falta de confianza en su propias habilidades, con frecuencia preferían a los curanderos aztecas por sobre los propios compatriotas curanderos”.

Por otro lado, la siguiente declaración del líder indígena norteamericano Tenskawata, de los shawnee, en 1805, ha mostrado lo siguiente en relación a la historia de su gente:“Nuestro Creador nos puso en esta amplia, rica tierra, y nos dijo que éramos libres de ir a donde estuviera la cacería y donde el suelo fuese bueno para sembrar. Ese era nuestro estado de verdadera felicidad....Así fuimos creados. Así vivimos por un largo tiempo, dignos y felices. Nunca habíamos comido carne de cerdo, ni probado el veneno llamado whisky, ni usado la lana de oveja, ni encendido el fuego ni cavado la tierra con acero, ni cocinado en hierro, ni cazado o peleado con ruidosos fusiles, ni sufrido nunca enfermedades que tornaban ácida nuestra sangre o pudrían nuestros órganos. Eramos puros, y por tanto fuertes y felices” (Windwalker, 2002).

Cuando se perdía la salud, el indígena recurría a la purificación para recuperarla.

Como señala el El Pixab de los mayas: “Cuando la enfermedad, los problemas, el dolor y la desesperación invaden nuestros días, es necesario hacer una purificación para que retorne la armonía, para que retorne la paz y la felicidad”. La purificación tenía diversos métodos y profundidad, según la necesidad; ayunos, desintoxicación con múltiples remedios, penitencias, el servicio a otros, ofrendas, retiros espirituales, etc.

Cabe señalar que en el plano mental, sutil o espiritual, la medicina indígena ha sido también particularmente atenta y poderosa. La conciencia aborigen sobre la Interdependencia de la Vida (“Todo es Uno y Todo está vivo” dice la máxima chamánica), la ha llevado a ser sumamente respetuosa de la Ley de Causa y Efecto a fin de tener un comportamiento adecuado para no perturbar el vital equilibrio natural espiritual y traer sobre si serias consecuencia o enfermedades.

Lo anterior, por tanto, también conducente a la previsión de distintos remedios espirituales de purificación para el restablecimiento del orden perturbado. Por eso es que los cánticos chamánicos curativos, danzas sagradas, y otros diversos recursos para las enfermedades del sutil mundo espiritual y anímico, fuente última de toda enfermedad del mundo corporal, han sido empleados con frecuencia en las culturas indígenas. Así puede verse en tradiciones como las de los chamanes wisiratus waraos y meñeruas Piaroas en Venezuela, asi como la de los legendarios kallawayas de Bolivia – tan sólo para citar algunos ejemplos.

Sin embargo, a pesar de todas las bondades de la cultura indígena y toda su sabiduría en materia de bienestar, ella no pudo contra el arrollador avance europeo de la Conquista, que a la postre terminó infligiendo sobre los aborígenes uno de los mas grandes genocidios que ha conocido la historia de la humanidad. Al término de la conquista y la colonia, cerca de un 90% de la población amerindia había sucumbido. Como se desprende de lo dicho anteriormente, mas que debido a la acción de los arcabuces o armas de fuego, debido a las enfermedades que diezmaron a los aborígenes. Y éstas, mas que provenientes del contagio directo del europeo como usualmente se dice, provinieron mas bien mayormente del derrumbe del estilo de vida aborigen, en lo físico y espiritual, ante al asalto y avasallamiento colonialista europeo. Ello significó el derrumbe de todo su sistema inmunológico y ser, por tanto, pasto para todo tipo de enfermedades.

Se trata de la misma suerte que espera, por cierto, a la actual humanidad, la cual ha llegado tan lejos en la profundización de una vida anti-natura y la destrucción o contaminación del ambiente natural, que se enfrenta ya a un similar colapso –como lo muestra toda la actual proliferación de enfermedades de los mas diversos tipos.

A menos que la humanidad cambie oportunamente su suicida curso, y aprenda de la enseñanza mas sabia de culturas como la de nuestros antepasados indígenas.

Y, en particular, del tipo de alimentación indígena, muy distinto al de la actual desnaturalizada y enfermante comida chatarra moderna-promovida por un inescrupuloso aparato empresarial-mediático); de la preventiva medicina natural aborigen (en contraste con la reduccionista y quimiquizada medicina moderna); y de los hábitos de vida sanos y cuido del medio ambiente indígenas.

En relación al tema ambiental, por cierto, éste hoy se ha convertido en gran causal de enfermedad. En la visión indigena tradicional el ser humano y el ambiente son una misma cosa. La palabra “ambiente” como tal incluso es en general desconocida en las lenguas indígenas. Por consiguiente, el bienestar humano estaba indisolublemente ligado a la calidad del entorno: el equilibrio climático, el agua, los suelos, el aire, los bosques y los otros seres vivos. Como bien nos lo dejara dicho el inmortal sabio indígena Seattle: “El hombre no tejió la trama de la vida, tan solo es una hebra de ella; por tanto todo lo que él le haga a la trama se lo hará a si mismo”.

La generalizada y masiva actual destrucción y contaminación del ambiente, sobre la cual Seattle también proféticamente advirtiera; y en particular de industrias de efectos planetarios como el petróleo, el gas y la petroquímica, en virtud de la inherentemente destructora-contaminante extración de sus respectivas materias primas asi como sus miles de altamente contaminantes productos, han generado todo tipo de nuevas patologías de intoxicación, cancerígenas, desquiciantes hormonales y derrumbadoras del sistema inmunológico; asi como el recrudecimiento de enfermedades infecto-contagiosas como el paludismo y el dengue –por el calentamiento del planeta y la intervención y el envilecimiento de las aguas. Es lamentable que algunos de nuestros paises del Sur sigan prestándose a seguir siendo territorios de explotación de tan insano y suicida tipo de “riqueza”, llamándola ilusamente “bienestar”o “fuente de poder político” (¿Cómo podría serlo algo logrado a costa de la destruccion de las fuentes mismas de la Vida ?).

A pesar de todo el previo colapso del mundo indígena, asi como de la penetración de nuevos valores envilecidores o desnaturalizadores, sobreviven, todavía algunas culturas indígenas auténticas, que, de la mano con nuevas fuerzas afines como la ecología, el naturismo y otros sistemas de” medicina alterna”, pueden ser luz en el rescate de la medicina natural basada en un estilo de vida integrado al Orden Natural -marco básico para la supervivencia humana. Toca a los estudiosos rescatar, fortalecer y aprovechar el maravilloso patrimonio terapeútico indígena para el bien de la humanidad.

Dimensión de satisfacción-contentamiento en la felicidad.

Tornemos ahora nuestra atención principal a la dimensión de satisfacción-contentamiento en el concepto de felicidad. Se trata, como hemos dicho antes, de la mas sutil pero también mas clave dimensión de la felicidad. Aún con salud física, y en posesión de muchos bienes materiales y relaciones sociales, podemos terminar infelices. Parte de ello puede estar en tener demasiado apego a todas esas cosas, con lo cual podemos terminar como “poseedores poseídos”. Cuando la codicia entra en juego en este proceso, el asunto se hace mas grave. Como hemos dicho antes, la codicia es anatema en grado mayor para la felicidad, pues nunca deja satisfechos a los seres humanos de los que se posesiona. Como bien lo dijo Gandhi: “El mundo tiene suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no para saciar la codicia de tan sólo uno”. La codicia nos hace querer acumular en forma insaciable bienes o dinero con frecuencia a expensas de las necesidades de otros y del Orden Natural, en contra de los preceptos del amor, la compasión y el no dañar la vida. Los bienes acumulados terminan así convertidos en “males’’.

Bajo la influencia en buena parte de las nociones indígenas, la propiedad había sido excluida de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos por Jefferson de la categoría de “derecho natural”, categoría reservada en dicha proclama sólo para la vida, la libertad y la felicidad. Jefferson consideraba que la propiedad debía tener límites sociales, y por tanto ser mas bien un “derecho civil” -sujeto a regulación. La propiedad privada y su mal uso a través de la codicia o la avaricia era, en efecto, vista de similar manera en la cultura indígena, como lo muestra la siguiente declaración del ohiyesa santee sioux Charles Eastman: “La tribu reclamaba para si el suelo, los ríos, la caza; solo la propiedad personal era del individuo, y aun en ese caso se consideraba vergonzoso incrementarla demasiado. Pues la codicia devenía en crimen, y mucha propiedad hacía a los hombres olvidar a los pobres....Sin ningún complejo de verguenza o mendicidad, la nación cuidaba de los jóvenes, los indefensos y ancianos, en retribución de los tiempos de servicio de éstos a la sociedad.¿Cómo ello funcionaba? La avaricia, considerada la raíz de todo mal, y la característica dominante de la razas europeas, era desconocida para los indígenas; en verdad el sistema que ellos habían desarrollado la hacía imposible” (Windwalker, 2002).

Otra parte de la explicación sobre el por qué la posesión de cosas o relaciones puede no necesariamente hacernos felices podría estar en la calidad de lo que se tiene o disfruta. Podemos tener mucho, de pero no de la calidad necesaria para satisfacernos.

Pero la razón mas importante para explicar el por qué el tener o disfrutar de cosas no garantiza la felicidad es el carácter efímero de muchas de ellas, lo que ocasiona que todo apego a las mismas esté inexorablemente destinado al sufrimiento cuando éstas desaparezcan –como inevitablemente habrán de hacerlo- de nuestra vida. En cuanto a esto último, el mayor apego de todos puede ser el apego a nuestra a propia vida física, pues, en verdad, lo único seguro de ella es que terminará en su propia muerte, sin que podamos tener la certeza del exacto cuándo y cómo.

De lo anterior surge entonces la importancia de apegarnos sólo a lo trascendente, a lo permanente; y ello sólo se consigue en el terreno de Dios y en el terreno del alma, ó, para ponerlo en términos mas indígenas, de El Gran Espíritu o Creador y del espíritu de cada uno de nosotros.

De El Creador, y su obra el Cosmos Natural, viene toda la sabiduría indígena para ser feliz. Y recordemos que la sabiduría es prerrequisito -junto al amor, la compasión, el respeto por toda vida y el sentirse útiles- para la realización de la dimensión de satisfacción-contentamiento segun señaláramos antes.

A la luz de lo anteriormente expuesto, cobra plena significación la sagrada “Oración de Acción de Gracias” de los Oneidas de Norteamérica: “Nuestra Madre Tierra cuida de todas nuestras vidas. Pongamos nuestras mentes juntas. Así sea en nuestras mentes...Al que hizo todas las cosas agradecemos aquí en la tierra. Pongamos nuestras mentes juntas. Así sea en nuestras mentes”.

Separarse del Orden Natural era para el indígena separarse de la sabiduría. Como lo reconocía la siguiente declaración del cacique Oglala Sioux Oso Parado Luther: “Los antiguos dakotas eran sabios. Ellos sabían que cuando el corazón del hombre se alejaba de la Naturaleza se endurecía; ellos sabían que la falta de respeto por otros seres vivientes conducía pronto a la falta de respeto por los humanos también. Así que ellos mantenían a sus niños cerca de la gentil influencia de la Naturaleza” (Nerburn y Mengelkoch, 1991).

Por todo lo anterior, cabe reflexionar acerca de hasta que grado las primigenias culturas recolectoras indígenas (sin haber entrado a lo agrícola o industrial) eran tan primitivas como ha rezado la actual sabiduría convencional. Esta nos dice que la progresión evolutiva del hombre ha ascendido desde lo recolector como el estado “mas atrasado” hasta lo industrial como lo “mas avanzado”. Sin embargo, contariamente al anterior señalamiento, las culturas recolectoras, por requerir de un íntimo conocimiento del Orden Natural, a fin de poder sobrevivir establemente en base a los frutos silvestres, eran sofisticadas conocedoras del mismo, y, por tanto, se acercaban mas a una mayor sabiduría–desde el punto de vista indígena que enfatizaba la compenetración con el Orden Natural.

Por otro lado, suele también decirse convencionalmente que culturas aborígenes como la Caribe, que pobló a Brasil, Venezuela y el Mar Caribe, fueron mas atrasadas que los aztecas y los incas por haber carecido de la monumentalidad de éstas -reflejada en sus grandes urbes, templos, pirámides, etc. Pero ¿No podría decirse mas bien que el Caribe fue mas libre, feliz y sabio, precisamente por evitar caer en lo anterior y contentarse mas bien con vivir de un aprovechamiento de baja intensidad del medio natural, a través de una descentralizada cultura recolectora-cazadora-agrícola, incluso en buena medida de carácter itinerante; sin las amarras de la monumentalidad y la estratificación social de los grandes imperios indígenas de Las Américas ? La evidencia histórica parece indicar que, de hecho, los Caribes, conocidos por su gran devoción a la libertad, se mantuvieron en ella como algo deliberado, y en verdad fueron mas difíciles de someter por los conquistadores europeos.

Sabiduría, Leyes del Orden Natural y Felicidad.

Para el indígena, pues, la sabiduría para ser feliz estriba en estar sintonizados con la Naturaleza y sus leyes. Destaca entre éstas la de “La Unicidad de la Vida” o la del “Todo es uno y todo está vivo” –la gran máxima chamánica que antes hemos mencionado. Si los humanos somos tan sólo “una hebra en la trama de la vida” –como dijo el Gran cacique Seattle- entonces ello tiene como consecuencia –según el mismo Seattle- que “cualquier cosa que hagamos a la trama nos la haremos a nosotros mismos”.

De allí el corolario de que debemos evitar hacer daño a toda vida (el mandamiento ama guaña de los Incas análogo al ahimsa de los budistas e hinduistas) y, por el contrario, mas bien profesar amor a toda la Creación. La creación misma, en verdad, es un acto de amor; aún nuestra propia vida como seres humanos proviene por lo general de la fusión amorosa entre dos seres. La Creación toda surge del amor, se nutre del amor, vive para el amor, y termina disolviéndose en amor.(No en balde el primer mandamiento cristiano, en coincidencia con todas las otras principales religiones, se refiere al Amor –en una ”regla de oro” de todas éstas que engloba a todos los otros preceptos)

Otra ley cardinal del Orden Natural es la de la “Ley de la a impermanencia”, que nos dice que “lo único constante es que nada es constante”. La muerte en ese sentido es una gran maestra en la cultura indígena porque nos recuerda que hoy toca vivir a plenitud. En la tradición indígena todo “guerrero espiritual” se prepara para cada batalla como si fuese su última y al así hacerlo alcanza la excelencia. La impermanencia nos enseña a valorar lo trascendente y lo inmortal como lo mas importante para la felicidad. Como dijo el yamparika comanche Diez Osos: “Busco por los beneficios que duren por siempre y así mi cara brilla de goce”. De las enseñanzas del fabulado sabio yaqui Don Juan resalta la de “tener siempre la muerte de compañera y maestra” como clave para la sabiduría”.

Una tercera ley fundamental es la “Ley de Causa y Efecto”, que nos dice que “toda acción produce una consecuencia o reacción”. De allí que en toda cultura indígena tradicional, el nativo cuida mucho todos sus pasos, está en permanente estado de alertez para prever las consecuencias de lo que hace, y se relaciona con el medio natural desde una perspectiva de gran respeto a fin de no causar consecuencias indeseables que inevitablemente recaerían sobre él. Por la misma razón, en la sabiduría indígena también es común la noción de tratar de reparar inmediatamente cualquier daño; y la noción de procurar mas bien siempre acciones positivas a fin de obtener efectos favorables. Ilustrativa en relación a todo lo anterior es la siguiente enseñanza del Cacique Joseph, de la nación nez perce en Norteamérica: “Se nos enseñó que El Gran Espíritu ve y oye todo, que nunca olvida, y que consecuentemente da a cada hombre un espíritu-hogar de acuerdo a sus acciones; si ha sido un buen hombre, tendrá un buen hogar; si ha sido un mal hombre, tendrá un hogar malo” (Nerburn y Mengelkoch, 1991). En Venezuela, en relación a culturas indígenas como los waraos y los pemones, impresiona ver como se le rinde culto a la ley de causa y efecto en sus minuciosos códigos tradicionales de comportamiento, llenos de “tabués”, “contras” (para reparar daños o contrapesar sus efectos), y recomendaciones, a fin de mejor llevarse con el medio natural y otros seres vivos.

Otras leyes mas, como la “ley del movimiento cíclico-espiralado de la Vida y su procesos” (fácilmente discernible para el indígena en su estrecha comunión con los “ciclos” de las estaciones, de la recolección, la siembra, el agua, etc.), la “ley de la analogía” (el microcosmos refleja el macrocosmos y viciversa), y la “ley de la complementaridad de los polos”, también fueron parte del acervo vital de la sabiduría indígena.

La Felicidad: Un asunto del “Ser” mas que de “tener”.

De todo lo anterior se deriva que, para el alcance de la felicidad, en definitiva, los aspectos del “Ser” , vinculados a lo trascendente y mas perenne, son mas importantes que los del “tener”, vinculados a lo menos trascendente y lo mas transitorio.

Y que en el caso de la sabiduría indígena ancestral el “Ser”, en la forma mas satisfacedora, en la forma mas proclive a la felicidad, se vinculaba a la mayor integración posible con la Creación, con el Orden Natural y sus leyes. No en balde, el credo de paz y felicidad de los indígenas Hopis, tan reverenciados por su sabiduría ancestral, se resumía en su exclamación: Techqua Ikachi !, que significaba: “fusionarse con la tierra y celebrar la vida”. Esta noción de la vida como una celebración nos recuerda la siguiente enseñanza en la tradición quechua del Intij Inti, El Creador, cuando en su génesis del indígena sentenció: “Id al mundo a disfrutar, porque disfrutando aprendereis, y aprendiendo crecereis y creciendo se cumplirá el sagrado propósito de la evolución” No en balde en general el celo de los indígenas tradicionales en reverenciar y respetar el Orden Natural, como bien lo resumiera la siguiente enseñanza del Cacique Joseph que además hacía comparación con la actitud del europeo conquistador: “A nosotros nos contentaba dejar las cosas como El Gran Espíritu las había hecho. A los blancos no, ellos cambiarían los ríos y las montañas si no eran de su conveniencia” (Nerburn y Mengelkoch, 1991).

Epílogo. La Felicidad: Una vital misión de vida

Todo lo anterior nos retrotrae a un aspecto fundamental de la definición de felicidad, su conformación con la identidad natural, con lo que somos de acuerdo a los designios de El Creador, con nuestra natural misión de vida existencial.

A la luz de lo anterior, adquiere significado universal la siguiente aguda apreciación de Henry Steel Commager refiriéndose a la sabiduría perdida: “Sólo el hombre en estado natural era feliz”. O, para, para decirlo en sentido inverso, si realizamos nuestra identidad natural seremos automáticamente felices, pues, como ha dicho el quechua Chamalu (Luis Espinoza): “La felicidad es nuestra condición natural y el principal síntoma de estar en nuestro sitio”

Para ser feliz, sin embargo, hay que añadir, a la común misión existencial de vida que tenemos como humanos y seres vivos conscientes, la misión de vida individual de cada quien. En relación a esto último la siguiente aclaración sobre el concepto nawal de los mayas lo resume muy bien: “..La felicidad y la realización plena de la vida se obtienen al cumplir el trabajo o la función encomendada en el momento de la concepción y el nacimiento..Nadie viene al mundo porque quiere venir, dicen los Ancianos, quienes sabiamente aseguran que todos tenemos una misión que cumplir en la vida. Una papel que jugar en beneficio de la humanidad. Todo ser humano tiene un nawal que define una personalidad en particular y que lo hace diferente a las demás personas.....la misión de vida dependerá entonces de sus cualidades, aptitudes, virtudes y defectos, regidos por su nawal, que no es mas que una divinidad que ayuda y guía al individuo. El ser humano no puede renunciar a su misión. Es su don, su regalo, su responsabilidad, y si renunciara a esa misión se enfermaría o, lo peor de todo, se moriría” (Oxlajuj Ajput, 2001).

Somos felices, pues, si cumplimos la misión a la que estamos destinados como seres humanos, tanto en lo cósmico como en lo individual. Somos felices, pues, si simplemente somos lo que nos toca ser. Y ello constituye un camino mas que un destino, en el aquí y el ahora.

Para hacer una analogía con el mas sencillo mundo animal: “el pájaro no canta por estar feliz, está feliz porque canta”.

Y al ser felices trascendemos, nos liberamos de lo subalterno y lo perecedero.
Análogamente al pájaro que no teme el momento en que la rama en que reposa empieza a crujir pues él tiene alas para volar.

Como las alas a las que podemos apelar cuando nos llegue la muerte física, porque, como dijo el indio Seattle, en definitiva:“no hay tal cosa como la muerte, sino un cambio de mundos”.

Como las alas puestas sobre las figuras humanas indígenas de la cuidad sagrada de Tiwanaku en Bolivia o de las rocas de Atures en el Orinoco venezolano, que nos recuerdan nuestra propia conexión con la trascendencia.

La trascendencia donde mora la felicidad.

Corolario: La Felicidad como base de la visión y agenda para un Mundo Nuevo
En base a todo lo anteriormente expuesto en este trabajo, cómo aplicar toda la redescubierta “sabiduría de la felicidad” a la construcción del Mundo Nuevo hoy requerido ante la inoperancia y derrumbe del actual ?..Cuál debe ser la nueva visión y agenda?

La Visión debe ser el poner al Ser Feliz en el centro de las motivaciones personales y las políticas públicas; y la Agenda, favorecer todo lo que nos haga feliz y descartar lo que no.

Cabe entender porque a tantos, atrapados en tanto problema abrumador del mundo de Hoy, les pueda parecer algo “cuesta arriba”, un imposible, el ser feliz.

Pero en verdad, si ser feliz es algo consustancial a nuestra identidad natural, como hemos demostrado ampliamente en este trabajo, debería ser mas bien todo lo contrario de lo anterior. Ser feliz sería lo mas facil, lo “cuesta abajo”; y ser infeliz, lo mas difícil, lo “cuesta arriba”. Hasta los estudiosos de la fisonomía lo han notado: se requiere mover menos músculos faciales para sonreir que para ponerse bravos !!!

El problema es que la civilización que nos ha regido es anti-natura y se ha acostumbrado a hacer todo al reves. El Producto interno Bruto, ese valor monetario que mide lo producido en un pais, y que los economistas nos han vendido como “el índice máximo del bienestar nacional”, no sólo no se preocupa ni por la calidad o sustentabilidad de lo producido sino que suele prosperar de la enfermedad, la muerte y la infelicidad. Si la gente se enferma mas y hay mas gastos médicos o de consumo de medicinas, el PIB sube; como sube cuando se contamina o se destruye el medio ambiente (en lo cual están incursas la mayor parte de las industrias que aportan al PIB); o cuando hay mas divorcios (mas gastos de abogados, mas liquidación de bienes, etc)! Las flagrantes contradicciones del PIB con el logro de real bienestar y felicidad son una perogrullada que no hemos querido ver.

El haber perdido la capacidad de ver perogrulladas, de ver lo obvio, de ejercer el “sentido común’’ (que hoy parece en verdad el menos comun de los sentidos); por tanto enredo en que nos hemos o nos han metido, por tanta información/instrucción confundidora –que no sabiduría ! es uno de los síntomas mas reveladores del desvarío humano actual.

Asi como el diagnóstico es obvio, las soluciones también. Tenemos que redefinir el sentido del bienestar y el progreso a fin de reenfocarlo hacia la vieja y vital ansia de ser feliz. Tan vital, que a pesar de toda la alienación y confusión actual, esta volviendo a la palestra en forma incontenible –como mostráramos al comienzo de este trabajo.

Lo anterior implica cambiar la falsa y suicida ideología del PIB, inventada por los economistas y perpetuada por el poder político-económico, por un nuevo sistema de índices de bienestar que ponga a la felicidad y a la salud otra vez en el centro.

Un sistema de índices de bien-estar y bien-ser que valoren lo cualitativo sobre lo cuantitativo, la solidaridad sobre el egoísmo, la responsabilidad sobre la irresponsabilidad, lo espiritual sobre lo material, las omni-sabias leyes del Orden Natural o Divino por sobre las estrechas o ego-céntricas leyes humanas.

Y todo esto último, en definitiva, está opuesto al sistema del PIB, el cual descansa incluso en una concepción totalitaria-opresiva de la Vida, al pretender confinar todo lo que vale a la capacidad de hacer dinero; concepción totalitaria-opresiva de la que se han embebido incluso los “Estado-Nación” (forma de organización política que, con sus apenas 300 años de vida, ha pretendido regir sobre formas de organización humana de miles de años de antigüedad o sabiduría), así como otras instituciones como el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio custodias del actual colapsante “orden mundial”.

Tenemos que re-aprender que las cosas mas importantes de la Vida como la felicidad, la salud y el afecto, en verdad no se compran ni se venden, ni son cuantificables; se viven y se sienten. Y re-aprender que aun las recetas de bien-estar y bien-ser mas obviamente universales deben dejar libre un espacio para la autodeterminación personal y local para que puedan ser instrumentadas e internalizadas según la respectiva especificidad y ritmo personal y local –sin la desvirtuadora imposición “de un arriba hacia abajo homogenizante”.

Por tanto, no pueden seguir teniendo cabida en la agenda del Mundo Nuevo actividades que dañen a los seres vivos y que vulneren la felicidad social y ambiental. Lo cual descalifica a industrias tan notorias en este sentido como la de los hidrocarburos (incluyendo el petróleo, el gas y la petroquímica); la minería depredadora; la industria forestal depredadora; la agricultura de los monocultivos agroquímicos o de los frankesteins-transgénicos (devastadora o contaminante de los suelos, el agua, la diversidad biológica; desnaturalizadora de los alimentos); industrias basadas en productos o vicios enfermantes como el tabaco, el alcohol o los casinos; para citar sólo algunos ejemplos emblemáticos..Todo este tipo de actividad, por lo demás, en frontal riña con la genuina sabiduría indígena, sabiduría de salud y vida, sabiduría de responsabilidad...Lo que sin embargo no ha obstado para que, a fin de legitimar su explotación en territorios o culturas indígenas, dicho tipo de actividades se hayan pretendido presentar a lo largo del continente americano como compatible con lo indígena –cuando mas bien significan su perversión o extinción definitiva !

Los Estados-Nación, tanto los de las grandes potencias como de los países mas chicos que ha imitado tal modelo, con frecuencia se han escudado tras el concepto de la “soberanía nacional’’ no sólo para evadir su responsabilidad para con el medio ambiente –local y planetario- en cuanto a sus actividades, sino también para reclamar en forma centralista propiedad sobre los “recursos naturales”. Ambas pretensiones están en riña con la visión indígena. En cuanto al tema de la “soberanía”, se trata de un concepto ajeno a la sabiduría aborigen, que mas bien reconoce que en el Orden Natural no hay nada por el estilo sino que mas bien todo es “interdependencia” –en base a la máxima “Todo es uno y todo esta vivo”. En cuanto a la propiedad, tal noción choca con la enseñaza indígena de que “La tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la tierra”. Por tanto, el término mismo “recursos naturales’’ es inapropiado porque ve a la Naturaleza en forma instrumental, algo de lo cual los humanos se sirven a conveniencia, y no algo de lo cual ellos son parte, por lo cual lo mas correcto sería mas bien hablar de “”dones o bienes naturales”. Por ello, a los indígenas el término “propiedad” normalmente les es ajeno (recordemos la respuesta de Seattle a los colonos europeos “Cómo podemos venderles lo que no es nuestro?””); prefiriendo ellos ver su relación con la Madre Naturaleza y sus dones como de custodia responsable, so pena de consecuencias desfavorables a revertirse sobre los propios seres humanos (en esto la sabiduría indígena coincide con otras genuinas sabidurías, como la de la misma Biblia que dice: “”Dios traerá la ruina de los que han arruinado a la tierra”).

Así pues que, por el contrario, lo que se requiere en la nueva agenda es de formas de ganarse la vida, formas de abastecimiento, que promuevan líneas como la de las energías alternativas renovables aprovechadas en forma ecológica (como la del sol, el agua (incluyendo los ríos y mares), el viento, la geotermia, biomasa, y de nuevas revolucionarias fuentes como el hidrógeno) –sobre las cuales existe ya un suficiente conocimiento para desarrollarlas en gran escala si sólo hubiese suficiente voluntad/ concertación política para hacerlo; se require de industrias para nuevos sistemas de transporte que reemplacen al de la actual suicida y congestionadora “carrocracia”–abiertamente insustentable; materiales de fabricación biológicos renovables y reciclables que reemplacen a otros de características o procedencia tan anti-ecológica como los plásticos petroquímicos o los metálicos-minerales producto de la devastación de la Naturaleza; una agro-industria alimentaria natural y ecológica sana, que reemplace al actual enfermante y anti-ecológico complejo industrial-mediático-consumista de la comida chatarra de origen agro-químico-o desnaturalizado; industrias y tecnologías para la descontaminación y recuperación del planeta; industrias de reciclamiento; industrias para sistemas de salud natural y preventiva... Para citar solo algunas, capaces de servir de pauta y marco para otras, y capaces de generar millones y millones de nuevos empleos y fuentes de manuntención;.. en una prosperidad concatenada mas sana y sustentable.

Pero, además de los anteriores aspectos relativos a la satisfacción de necesidades humanas primarias, se requiere también de otro orden de prioridades y valores en nuestra –mas superior y vital- naturaleza espiritual. Los problemas del mundo actual han llegado tan lejos y son tan abrumadores, en verdad, que solo el cambio en el orden espiritual, con todo su gran poder y capacidad de transmutación, puede salvarnos. Cambio a ser precedido primero que todo por una gran purificación espiritual.

Precisamos recurrir a mucho amor, compasión y solidaridad a fin de poder enfrentar problemas tan ominosos como la actual gran debacle de violencia en que se encuentra sumido el mundo actual; en relacion a la cual pareciera a veces que, mas que palabras como “solucionar”, cabría usar expresiones como “exorcizar” !
Tal es el alcance de la tarea requerida ! Y la fuerza y recursos para ello sólo estan disponibles en el ambito espiritual !

La violencia es la negación de la vida y la convivencia. En su informe sobre la Salud y la Violencia del 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha puesto al problema en la categoría de “flagelo universal que rompe la fibra de las comunidades y amenaza la vida, la salud y la felicidad de todos”. La OMS ha definido a la violencia en los siguientes términos: “El uso intencional de la fuerza física o el poder, en amenaza o en hecho, en contra de si mismo, otra persona, o en contra de un grupo o comunidad, el cual resulta o tiene alta probabilidad de resultar en herida, muerte, daño psicológico, maldesarrollo o privación”.

Una definición integral en verdad que coincide con lo dicho en todas las grandes tradiciones espirituales o religiones del mundo, que también proscriben a “la violencia en pensamiento, palabra u obra”. Un mal que aun cuando se inflinge sobre otro daña no solo a la víctima sino también al perpetrador; por aquello que nos recordara tan bien el indio Seattle cuando dijera “el hombre no tejió la trama de la vida, tan solo es una hebra en ella, por tanto todo lo que él le haga a la trama se lo hará a si mismo”. Por cierto Seattle, inicialmente un gran guerrero, terminó como gran pacifista. También nos dejó dicho: “Cuando nuestros jovenes se tornan airados y desfiguran sus caras con pinturas de guerra, sus corazones también se desfiguran...esperemos que las hostilidades entre los pieles rojas y sus hermanos cara-pálida nunca vuelvan. Tendríamos todo que perder y nada que ganar..” En tal transmutación Seattle hizo causa común con otros ex-guerreros devenidos en grandes abanderados de la paz; como Ashoka en la India (que pasó de temido conquistador a amado emperador propagador del budismo por el mundo), Bolívar (de quien, aunque algunos aun siguen empeñados en recordar principalmente su espada guerrera, también quedó de sus ultimos mas serenos años la siguiente significativa sentencia: “De la paz se deben esperar todos los bienes y de la guerra nada mas que desastres....lo que se destruye es inútil a todos”).

Los iroqueses, esa gran cultura indígena norteamericana que descollara tanto en el arte de la organización politica en paz, que inspirara a ideológos tan dismiles como Tomas Jefferson y Federico Engels, nos han transmitido enseñanzas tan interesantes como la siguiente del Cacique Oren Lyons, en cuanto a lo que animó a su gente a abandonar la guerra y desconcentrar el poder para el logro de su gran Era de Paz: “Los pueblos de las naciones enterraron sus armas convencidos de que cualquier sociedad dirigida por un solo hombre o una minoría dominante estaría estructurada segun las costumbres de la violencia y seguiría alojada bajo las ramas del Arbol de la Guerra. Creían que la violencia es la raiz de una sociedad jerarquizada y que tales sociedades jamas conocerían la Paz”.

La causalidad que los iroqueses encontraron entre la violencia y los resultados que generaba, nos lleva a destacar otro punto crucial de carácter ético: no se puede alegar ser no-violento y utilizar medios violentos para llegar a un determinado fin. Pues, como dijo Gandhi, los medios y el fin son la misma cosa, estan indisolublemente ligados, los medios producen el fin. Si bien hay una papel legitimo para el uso de la fuerza con caracter defensivo y como un ultimo recurso, que debe cuidar ademas no dañar a gente inocente que no sea parte del conflicto ventilado, la violencia debe siempre mantenerse como éso: un ultimo recurso y no ser blandido como el primero –detonando con frecuencia una espiral incontrolable que termina tornándose al final contra los mismos que la hayan comenzado. Las figuras que deben inspirarnos para la nueva era de sabiduría, justicia y paz que reclama el mundo, no pueden ser combatientes o guerilleros que se quedaron en la violencia, sino figuras como Seattle, Jesus, Juan Pablo II, Gandhi o Luther King.

Esto dos últimos en particular nos enseñaron mucho sobre de cuántos recursos no-violentos disponen los pueblos para oponerse a situaciones intolerables de injusticia u opresión: boicots, huelgas, movilizaciones, consumo y produccion alternativas, etc. -siempre cuidando que no fuesen teñidos ni siquiera con la violencia en el pensamiento !

Aún la forma de hacer justicia en la sabiduría indígena mas genuina se atenía a la compasión, prefiriéndose una concepción de la justicia “restauradora” mas que punitiva. Asi, en el Pixab de los mayas encontramos la siguiente enseñanza en relacion a como trataban a los transgresores: “’..los problemas y las maneras de solución no llegaban a la tortura ni a la muerte, táctica particular de los invasores europeos. Se respetaba el derecho a la auto-corrección o auto-mejoramiento. Los conflictos se resolvían respetando la vida e integridad de la persona o grupo vencido”.

Por otro lado, en el fondo de la sabiduría iroquesa estaba bien claro lo clave de la fuerza espiritual para el logro de un sólido orden político. Otra vez, en palabras de Oren Lyon: “La espiritualidad es la forma mas elevada de la conciencia política’’.

Mensaje de gran importancia hoy para tantos activistas políticos que aun no terminan de entenderlo; y en particular muchos de la llamada izquierda que con frecuencia arrastran un lastre de exclusivo ateismo o mundanidad que no les permite llegar al fondo de todo el potencial humano para los cambios mas trascendentes. Si bien en un determinado contexto histórico o cultural aquella frase de Marx “La religión es el opio de los pueblos” puedo haber tenido algun sentido, haberse quedado en ella como verdad absoluta o permanenente es un gran error. La “religión” (literalmente la unión con Dios, El Gran Espíritu, Cosmos, o como se le quiera llamar) es una necesidad vital del ser humano para su realización plena. En verdad, el peligro mayor y mas permanente que habría que concientizar es el de “el materialismo como el gran opio de los pueblos” !! Y ciertamente ese el problema mas relevante hoy. La carencia en mucha de gente de izquierda o socialista de la dimensión espiritual y de suficiente sensibilidad ecológica los incapacita en verdad para entender cabalmente lo indígena, aunque digan apoyarlo o, aun mas, aleguen con auto-conveniente alarde –como parece haberse puesto de moda hoy- que las sociedades indigenas precolombinas eran “socialistas” (cuando en verdad lo mas correcto es decir que los socialistas han querido copiarse de lo indigena aún sin plena coherencia o éxito !)

El hecho de que los practicantes hayan fallado no invalida pues el valor de la genuina religiosidad o espiritualidad. A pesar de todas las atrocidades cometidas en nuestro continente contra lo aborigen en nombre de la Cruz cristiana, no se puede condenar por ello la enseñanza humanista, compasiva y universal de Cristo. Despues de todo, asi como hubo tantos impíos cristianos anti-aborigen, también ha habido los Bartolomés de Las Casas y un Papa como Juan Pablo II que pidió perdón por dichas at