Puntos
de Vista
Análisis
y opinión sobre energía y política
Rigoberta
Menchú, embustera

Por David
Horowitz
"Rigoberta
Menchú tomó por idiotas a los defensores del
tercermundismo en el comité del premio Nobel y a sus
irresponsables patrocinadores académicos de Stanford
y otras universidades, todos los cuales buscaban tal fraude
para legitimar sus fantasías".
LA HISTORIA
DE RIGOBERTA MENCHÚ, una india maya quiché de
Guatemala cuya autobiografía la catapultó a
la fama internacional, la que le granjeó un premio
Nobel de la paz y la convirtió en emblema de los pueblos
indígenas desposeídos del hemisferio occidental
y de su intento de rebelarse contra la opresión de
los conquistadores, ha sido expuesta hoy como una fabricación
política, un entramado de mentiras y una de las mayores
bromas pesadas intelectuales y académicas del siglo
XX.
Durante
la década pasada, Rigoberta Menchú se convirtió
en el principal icono de la cultura universitaria. En uno
de sus celebrados "logros" de izquierda multicultural,
una manifestación de profesores y estudiantes de extrema
izquierda liderados por el Reverendo Jesse Jackson en la Universidad
de Stanford, cantaron "¡Hey, hey, jo, jo, las culturas
occidentales tienen que irse!". El blanco de la canción
era el plan de estudios de civilización occidental
exigido a los de Stanford. Los funcionarios universitarios
se doblegaron rápidamente ante los manifestantes, y
el título del curso se cambió a simplemente
"CIV". Los trabajos de autores "tercermundistas"
(marxistas principalmente) previamente "excluidos"
eran ahora introducidos en el canon de grandes obras de lectura
obligatoria. Al frente de éstas se encontraba una autobiografía
de una guatemalteca indígena y una vez revolucionaria
Yo, Rigoberta Menchú, que ahora ocupaba su lugar junto
a Aristóteles, Dante y Shakespeare como introducción
al mundo para los estudiantes de Stanford.
Publicada
en 1982, Yo, Rigoberta Menchú fue escrita en realidad
por una izquierdista francesa, Elisabeth Burgos-Debray, esposa
del marxista Regis Debray, quien proporcionó la "estrategia
de foco" al fracasado esfuerzo del Che Guevara por fomentar
una guerra de guerrillas en los años sesenta en Bolivia.
La idea del foco consistía en que los intelectuales
urbanos insertaran un frente militar dentro del sistema de
opresión social, y proporcionaran el catalizador del
cambio revolucionario. La errónea teoría de
Debray logró que Guevara y un número indeterminado
de campesinos bolivianos acabaran muertos, y como veremos
[a continuación], se encuentra en la raíz de
las tragedias que abrumaron a Rigoberta Menchú y a
su familia, y que son (falsamente) relatadas en Yo, Rigoberta
Menchú.
Según
lo relatado en esta autobiografía, la historia de Rigoberta
Menchú es el tipo de mito marxista clásico.
Los Menchú eran una pobre familia maya residente en
los márgenes de un país del que habían
sido desposeídos por conquistadores españoles.
Sus descendientes, conocidos como ladinos, intentan expulsar
a los Menchú y a otros campesinos de la tierra sin
reclamar que habían cultivado. Según cuenta
su historia, Rigoberta es analfabeta, y su padre campesino,
Vicente, evitó que recibiera una educación.
Él rehúsa enviarla a la escuela porque la necesita
para trabajar los campos, y porque teme que la escuela la
vuelva contra él. La familia Menchú es tan pobre
a causa de su falta de tierra, que Rigoberta tiene que ver
morir de hambre a su hermano menor. Mientras tanto, Vicente
se alista en una batalla heroica pero desesperada en última
instancia contra los caciques ladinos por una parcela que
cultivar. Finalmente, Vicente organiza un movimiento de resistencia
llamado Comité Campesino de Unidad para impulsar las
reclamaciones sobre la tierra de los indígenas contra
los señores ladinos. Rigoberta se convierte también
en organizador político.
Entra
en el foco de guerrilla Guevara–Debrayista. El movimiento
de resistencia indígena organizado por el padre campesino
de Rigoberta se vincula a una fuerza revolucionaria armada,
el Ejército Guerrilla de los Pobres (ERG). Ahora, los
campesinos tienen una posibilidad de luchar. Pero los descendientes
ladinos de los conquistadores acuden a las brutales fuerzas
de seguridad guatemaltecas para aplastar la rebelión
y preservar el status quo de injusticia social. Matan a Vicente
Menchú. La familia que sobrevive es forzada a ver al
hermano de Rigoberta arder vivo. La madre de Rigoberta es
violada y asesinada.
Según
lo dicho por Rigoberta, la tragedia de los Menchú es
"la historia de todos los pobres de Guatemala".
La autora de Yo, Rigoberta Menchú hace explícito
este vínculo: "Mi experiencia personal es la realidad
de un pueblo entero". Es un llamamiento a la gente de
buena voluntad de todo el mundo a ayudar a los pueblos indígenas
nobles pero impotentes de Guatemala y de los países
del tercer mundo a lograr su herencia legítima. Internacionalmente
famosa por el éxito de su libro y por el premio Nobel
que se le concedió en 1992, Rigoberta es hoy gerente
de la Fundación Rigoberta Menchú Tum de Derechos
Humanos y portavoz de la causa de la "justicia social
y la paz".
Desafortunadamente
para esta fantasía política, virtualmente todo
lo que ha escrito Rigoberta es mentira. Además estas
mentiras no son ni fortuítas ni accidentales. Son mentiras
acerca de los sucesos y los hechos centrales de su historia,
y se han inventado deliberadamente para ajustar su contenido
político y para crear un mito político específico.
Este mito comienza en la primera página misma del texto
de Rigoberta:
"Cuando
fui mayor, mi padre lamentó que no fuera a la escuela,
dado que era una chica capaz de aprender muchas cosas. Pero
él decía siempre: ´desafortunadamente,
si te envío al colegio, harán que olvides tu
clase; te convertirán en un ladino. No quiero eso para
ti y eso es por lo que no te envío´. Pudo haber
tenido la oportunidad de mandarme al colegio cuando tenía
14 o 15 años, pero no pudo hacerlo porque sabía
cuáles serían las consecuencias: las ideas que
me darían".
Para el
lector confiado, esto aparenta ser una realización
impecable del paradigma marxista, en el que las ideas de la
clase dominante, que controla los medios de educación,
se convierten en las ideas predominantes. Pero, al contrario
que en sus propios relatos, Rigoberta no carecía de
educación. Su padre tampoco se opuso a su educación
porque temiera que la escuela la adoctrinara en los valores
de la clase ladino dominante. Según compañeros
de clase, profesores y miembros de la familia, Vicente Menchú
sí que envió a Rigoberta al colegio. De hecho,
la envió a dos prestigiosos internados privados, gestionados
por monjas católicas, donde recibió el equivalente
a una educación escolar media. (En una ironía
reveladora, lo más probable es que fuera reclutada
en la fe marxista y se convirtiera en portavoz de las guerrillas
comunistas). Como Rigoberta pasó la mayor parte de
su juventud lejos en realidad, en el internado, además,
sus detallados relatos de trabajar ocho meses al año
en las plantaciones de café y algodón, y organizando
un [movimiento] político oculto, probablemente sean
falsos.
Éstos
y otros detalles pertinentes han sido establecidos hoy por
el antropólogo David Stoll, uno de los principales
expertos académicos en Guatemala. Stoll se entrevistó
con más de 120 guatemaltecos, incluyendo parientes,
amigos, vecinos, y profesores y compañeros de clase
de Rigoberta Menchú, durante un período de diez
años, como base de su nueva biografía, Rigoberta
Menchú y la historia de todos los pobres guatemaltecos.
Coincidiendo con la publicación del libro de Stoll,
el New York Times envió al reportero Larry Rohrter
a Guatemala para intentar verificar los hallazgos de Stoll,
lo cual pudo hacer fácilmente.
Quizá
lo más sobresaliente de los descubrimientos Stoll sea
el modo en que Rigoberta ha distorsionado la sociología
de la situación de su familia, y la de los mayas de
la región de Uspantán, para ajustarse a los
preceptos marxistas. Los Menchú no eran parte de los
pobres sin tierra, y Rigoberta [nunca] tuvo ningún
hermano que muriera de hambre, al menos ninguno que su propia
familia recuerde. Los ladinos no fueron una clase dominante
en la región o la ciudad de Rigoberta, en la que no
hubo [nunca] grandes propiedades, o fincas, como afirma ella.
Lejos de ser un campesino desposeído, Vicente Menchú
fue propietario de 2753 hectáreas de tierra. El conflicto
de 22 años de duración descrito por Rigoberta,
que es el suceso central que en su libro lleva a la rebelión
y las tragedias que siguieron fue, en realidad, por una parcela
pequeña pero significativa de 151 hectáreas.
Lo que es más importante, la "lucha heroica de
Vicente Menchú contra los terratenientes que querían
apropiarse de nuestra tierra" no fue en realidad un conflicto
con los representantes de una clase conquistadora de ascendencia
europea, sino con sus propios parientes mayas, la familia
Tum, encabezada por el tío de su mujer.
Vicente
Menchú no organizó una resistencia campesina
llamada Comité Campesino de Unidad. Él era un
campesino conservador en cuanto a que no era político
en absoluto. Lo que es incluso más importante, su consumidora
pasión no era alguna preocupación social, sino
el feudo de la familia con sus cuñados, que eran pequeños
terratenientes campesinos como él. Fue su implicación
en este feudo familiar lo que le causó acabar atrapado
en el drama político mayor decretado por estudiantes
y revolucionarios profesionales, que era realmente irrelevante
para sus preocupaciones, y que en última instancia
le mató.
Al final
de los setenta, coincidiendo con una ofensiva global soviética,
el dictador comunista de Cuba, Fidel Castro, inició
un nuevo giro en la política exterior cubana, patrocinando
y armando una serie de levantamientos de guerrilla en América
Central. Los más significativos de ellos tuvieron lugar
en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, y siguieron las directrices
que habían sido trazadas por Regis Debray y el Che
Guevara la década anterior. Los líderes de estos
movimientos generalmente no eran campesinos indios, sino hispanos
de ciudad, principalmente vástagos de las clases media
y media-alta. Eran a menudo licenciados de grupos procedentes
de centros de entrenamiento de Moscú en La Habana,
y de campamentos de entrenamiento de terroristas en El Líbano
y Alemania Oriental. (Los líderes de las guerrillas
del Salvador hasta incluyeron a un comunista libanés
y musulmán chi´í llamado Shafik Handal).
Una de
estas fuerzas, el Ejército Guerrilla de los Pobres
de Guatemala, surgió en Uspantán, el municipio
más grande cerca de la aldea de Rigoberta, Chimel,
el 29 de abril de 1979. Según testigos presenciales,
las guerrillas pintaron de rojo todo lo que tocaron, se hicieron
con el dinero de los recaudadores de impuestos y lo arrojaron
a la calle, demolieron la cárcel, liberaron a los presos
y cantaron en la plaza de la ciudad, "Somos los defensores
de los pobres", durante 15 o 20 minutos.
Ninguno
de los intrusos de la guerrilla iba enmascarado, porque ninguno
de ellos era local. Como extranjeros, no tenían conocimiento
de la situación en Uspantán, en la que virtualmente
todos los conflictos por tierra se daban entre los propios
habitantes mayas. En su lugar, percibieron el problema social
según la versión del libro de texto marxista,
que ahora ha sido perpetuado por Rigoberta y el comité
del premio Nobel a través del libro de Rigoberta. En
su primer acto revolucionario, las guerrillas ejecutaron a
dos propietarios ladinos locales.
Pensando
que esta violencia exitosa había establecido a las
guerrillas como poder en su región, Vicente Menchú
apostó por ellos, proporcionándoles un lugar
de reunión y acompañándoles en una protesta.
Pero las fuerzas de seguridad guatemaltecas, que habían
sido preparadas por la ofensiva hemisférica de Castro
con respaldo soviético, respondieron haciendo caer
sobre la región la brutalidad característica.
Las matanzas que sobrevinieron fueron incitadas por familiares
enfurecidos de los campesinos ladinos asesinados buscando
venganza contra los asesinos izquierdistas. El rastro de violencia
dejó muchos inocentes masacrados a su estela, incluyendo
a los padres y a un segundo hermano (cuya muerte Rigoberta
sensacionaliza afirmando que fue quemado vivo y que sus padres
fueron forzados a contemplar la escena).
El incidente
más famoso del libro de Rigoberta es la ocupación
de la embajada española en Guatemala en enero de 1980
por un grupo de guerrillas y campesinos protestando. Vicente
Menchú era el campesino portavoz. La propia ocupación
estaba liderada por el Frente Revolucionario Estudiantil Robín
García. Un testigo describió a David Stoll cómo
prepararon a Vicente Menchú para su papel:
Si le
hubieran dicho a Don Vicente, "Dí, el pueblo,
unido, jamás será vencido", Don Vicente
habría dicho, el pueblo, unido, jamás será
vencido. Si le hubieran dicho a Don Vicente, Levanta tu mano
izquierda cuando lo digas, él habría levantado
su mano izquierda.
Cuando
habían preparado el viaje que les llevó a la
embajada española, los campesinos de Uspantán
que acompañaban a los estudiantes revolucionarios no
tenían idea ninguna de adónde iban, o de cuál
era el propósito del viaje en realidad. Más
adelante, David Stoll se entrevistó con una superviviente
cuyo marido había muerto en el incidente. Ella dijo
que el viaje surgió en una fiesta de boda en la iglesia
católica de Uspantán. Dos días después
de la ceremonia, la fiesta de boda cambió de emplazamiento.
"Los señores dijeron que iban a la costa, pero
llegaron a la capital". Una vez allí, los estudiantes
revolucionarios procedieron con su plan de ocupar la embajada
y tomar rehenes, con los sorprendidos mayas atrapados. Aunque
la causa de la tragedia que siguió no está clara,
David Stoll presenta pruebas convincentes de que un cóctel
Molotov traído por los estudiantes se prendió
e incendió la embajada. Al menos 39 personas, Vicente
Menchú incluido, fueron asesinadas.
Como resultado
de la investigación de Stoll, Rigoberta Menchú
ha sido expuesta como agente comunista trabajando para terroristas
que en última instancia eran los responsables de la
muerte de su propia familia. La lealtad de partido de Rigoberta
hacia la causa castrista es tan rígida que después
de que se publicara su libro y se convirtiera en portavoz
internacional de los pueblos indígenas, ella rehusó
denunciar el intento genocida de los dictadores sandinistas
por erradicar a sus indios miskito. Hasta se enfadó
con su propia traductora, Elisabeth Burgos-Debray, por el
tema de los miskitos (Burgos-Debray, junto con otros destacados
izquierdistas franceses, había protestado por los ataques
sandinistas).
La respuesta
de Rigoberta a este descubrimiento de sus mentiras ha sido,
por una parte, "no hay declaraciones", y por la
otra, añadir otra negación desmayada de que
ella tuviera algo que ver con el libro que la hizo famosa.
Pero David Stoll escuchó dos horas de las grabaciones
que hizo ella para Burgos-Debray (que proporcionan el texto
del libro) y concluye que la narrativa que grabaron es idéntica
a la versión (falsa) de los hechos del propio libro.
Por supuesto, Rigoberta no negó la autoría del
libro al aceptar el premio Nobel.
La ficticia
vida de Rigoberta Menchú es un ejercicio de propaganda
comunista diseñada para incitar el odio a europeos
y occidentales, y a las sociedades que han construido, y para
organizar el apoyo a organizaciones comunistas y terroristas
en guerra contra las democracias de Occidente. También
se ha convertido en el tratado social más influyente
leído por estudiantes universitarios americanos. Se
han escrito más de 15.000 tesis acerca de Rigoberta
Menchú en todo el mundo, aceptando sus mentiras como
evangelio. La propia Rigoberta ha sido receptora de 14 doctorados
honoris causa de prestigiosas universidades, y el comité
del premio Nobel ha convertido a Rigoberta en una figura internacional
y portavoz de "la justicia social y la paz".
Casi tan
notable como el propio timo e indicador del enorme poder cultural
de sus autores materiales es el hecho de que la revelación
de la mentira de Rigoberta no ha cambiado nada. El comité
del Nobel ya ha rehusado reclamar su premio, los miles de
cursos universitarios que hicieron de su libro un texto obligatorio
para los estudiantes americanos continuarán haciéndolo,
y los redactores editoriales de las principales instituciones
de prensa ya han defendido sus falsedades con los mismos argumentos
que los partidarios del timo de Tawana Brawleys hicieron famosos:
incluso aunque miente, dice la verdad.
En un
editorial en respuesta a estas revelaciones típico
de las reacciones de la prensa, el Los Angeles Times sacó
brillo a la enormidad de lo que han labrado Rigoberta, los
terroristas guatemaltecos, la izquierda francesa, la comunidad
internacional izquierdista de "derechos humanos",
los compañeros de viaje del comité del premio
Nobel y los radicales en posesión de la comunidad académica
americana. Al tiempo que reconocen que hay algo que no encaja,
el Times concluye que sería incorrecto empañar
toda la causa por los excesos del libro de Rigoberta. "Tras
las mentiras iniciales, el aparato internacional de activismo
de los derechos humanos, el periodismo y la academia cooperaron
para exagerar la calamitosa condición de los campesinos,
cuando un simple relato de la verdad habría sido suficiente".
¿Pero
lo habría sido?. Si el simple relato de la verdad hubiera
sido bastante, entonces las mentiras de Rigoberta serían
innecesarias. ¿De modo que por qué las dice?.
Si hubiera alguna verdad en el mito mismo, las guerrillas
de Guatemala no habrían desaparecido en dos o tres
años. El hecho es que no hubo sustrato social ninguno
para la insurrección armada que estos castristas intentaron
forzar, el mismo que hubo en favor del esfuerzo suicida de
Guevara en Bolivia años antes. En última instancia,
la fuente de la violencia y la miseria resultante que Rigoberta
describe en su pequeño libro destructivo es la propia
intelligentsia [élite intelectual] izquierdista, para
la que esta poseur [presumida] guatemalteca era una heroína
marxista que esperaba que sucediese.
Rigoberta
Menchú tomó por idiotas a los defensores del
tercermundismo en el comité del premio Nobel y a sus
irresponsables patrocinadores académicos de Stanford
y otras universidades, todos los cuales buscaban tal fraude
para legitimar sus fantasías. Junto con los agentes
castristas de desinformación tras este proyecto, todos
convirtieron a Yo, Rigoberta Menchú en un monstruo,
que ahora figura junto a los diarios de Hitler, un pájaro
de pluma política similar, como el gran timo literario
de nuestra época
David Horowitz
es autor, editor de front Page Magazine,
activista politico y antiguo radical de la década de
los sesenta. Los puntos de vista expresados no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
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Este comentario fue originalmente publicado por neoliberalismo.com,
el 25/05/2005.Petroleumworld
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