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Puntos de Vista
Análisis y opinión sobre energía, política y civilización

 

Transnacionales, saqueo de recursos y conflicto ambiental en Latinoamérica


Selva Amazonica


Por
Ricardo Cifuentes Villarroel

Los grandes proyectos de las empresas transnacionales basados en el saqueo
de recursos naturales y la destrucción del medioambiente a una escala nunca
vista hasta ahora, se han convertido en la fuente principal de conflictos
ambientales en América Latina. La proliferación de estas operaciones
económicas es favorecida por planes que fomentan las exportaciones,
fundamentalmente de materias primas, con miras "al crecimiento y el
desarrollo" de una región con vastas riquezas minerales, con la mayor
reserva de biodiversidad, con un tercio del agua dulce y cerca de un tercio
de los bosques del planeta.

La situación se identifica en los últimos quince años con una globalización
financiera y corporativa, que ha asumido una posición central en todos los
negocios internacionales. Este mercado global entre empresas transnacionales
define el rumbo de una acumulación: fuerte en el centro y débil en las
periferias, desarrollando un estilo colonial en la explotación de los
recursos. Estas operaciones, dominadas por el capital transnacional y su
búsqueda exclusiva de ganancias inmediatas, distorsionan las cifras del
producto bruto de cada país, al incluirse la explotación de recursos en el
rubro correspondiente a la producción nacional.

El proceso está marcado por la entrega abierta de territorio, exenciones
tributarias, facilidades en las concesiones de aguas y de explotaciones
mineras, servicios baratos generalmente provistos por fondos públicos,
desprotección de la fuerza de trabajo, del medio ambiente y de la salud y el
modus vivendi de muchas comunidades. Este proceso se está dando de modo
similar en diferentes países latinoamericanos, conformando en algunos casos
verdaderos modelos de operación, donde las transnacionales, con una
inversión mínima se llevan recursos de enorme valor, dejando un saldo de
contaminación y destrucción del medio ambiente y un empeoramiento de las
condiciones económicas y de salud de las poblaciones afectadas directa o
indirectamente por su accionar.

Como el objetivo básico es incrementar el capital, el mundo corporativo
impulsa preferentemente el desarrollo de industrias que garanticen las
mayores ganancias, como los monocultivos agroindustriales y la minería. Más
aún, dentro de cada una de estas actividades se da prioridad al tipo de
producción más rentable. Así, los monocultivos se orientan hacia la
exportación de alimento animal o de celulosa, y la actividad minera muestra
una tendencia a centrarse en la extracción de oro y uranio.

Frente a esta arremetida de las transnacionales que operan en el ámbito de
la extracción de recursos, los gobiernos locales no han hecho la inversión
necesaria en educación, capacitación, ciencia y tecnología para crear
capacidades orientadas a la obtención de un potencial valor agregado
dirigido a un "desarrollo hacia adentro". Mas bien, las nuevas promociones
de técnicos y profesionales pasan a constituir otro aporte nacional al éxito
de la inversión extranjera, al entrar de lleno al juego de la
"competitividad" de los países, medida en términos del crecimiento de las
exportaciones de las empresas transnacionales.

Todos los componentes de la ecuación -grandes corporaciones en busca de la
máxima rentabilidad, organizaciones económicas intergubernamentales
instrumentalizadas por el gran capital para la obtención de sus fines,
gobiernos y políticos locales obsecuentes, legislaciones débiles o
inexistentes, desinformación y ausencia de espacios de participación
ciudadana real- contribuyen a fortalecer la salida vertiginosa de los
recursos de América Latina. Se establece así una suerte de destino
manifiesto en el servicio de los intereses corporativos, cuya orientación es
totalmente opuesta al desarrollo, al mejoramiento de la calidad de vida, la
justicia social, la sustentabilidad. Por el contrario, y pese al ambiguo y
autocomplaciente discurso macroeconómico de gobiernos y elites nacionales,
en buena parte de la región se vive un constante deterioro de las
condiciones económicas y sociales de sectores mayoritarios de la población,
incluso en países que se presentan como paladines de esta cruzada
neoliberal. El caso de Chile es paradigmático, con su sorprendente y siempre
creciente desigualdad en la distribución del ingreso.

*Ocupación del territorio*

El desarrollo de los proyectos extractivos exige ocupar e intervenir
inmensas extensiones de territorio, utilizar enormes cantidades de agua pura
y emplear substancias tóxicas de modo intensivo. La satisfacción combinada
de estas necesidades implica la destrucción masiva del medioambiente y un
deterioro grave de las condiciones de vida de las comunidades afectadas, que
incluso pueden verse privadas del acceso a recursos vitales como el agua y
los recursos marinos. Poco importa para este tipo de explotaciones que los
territorios intervenidos sean ricos en biodiversidad o que sirvan de
sustento a determinadas comunidades.

Resulta ilustrativo revisar el crecimiento de la superficie ocupada por
estos proyectos. Entre 1990 y 2000 se deforestaron 467.000 km2 en América
Latina para destinarlos a usos tales como la agroindustria y las
explotaciones mineras (1 <http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#1>).
La deforestación de la Amazonia brasileña había llegado en 2005 a unos
680.000 km2, de acuerdo con un informe gubernamental que identifica con
imágenes satelitales las áreas destruidas por plantaciones para celulosa,
siembras de soya, empresas mineras y otros depredadores.
( http://www.mre.gov.br/<http://www.mre.gov.br/portugues
/noticiario/nacional/s elecao_detalhe.asp?ID_RESENHA=136490>,
acceso el 21 de marzo de 2006)

En 2002 las plantaciones de eucaliptos en Brasil sobrepasaban los 30.000 km2
y ahora se discute una ley que permite la devastación forestal prácticamente
ilimitada. Se estima que Argentina perdió casi dos tercios de sus bosques
originarios durante el siglo veinte. Gran parte de ese territorio está ahora
ocupado por cultivos de soya, algodón y maíz transgénicos (140.000 km2) y
plantaciones de pinos y eucaliptos. En Paraguay la superficie sembrada de
soya creció entre 1995 y 2003 de 8.000 km2 a casi 20.000 km2. Para cultivar
soya en Bolivia se deforestaron más de 10.000 km2 de bosque durante los
últimos 15 años.

El área concesionada a proyectos mineros tiende a cubrir un promedio del 10%
del territorio de los países en la región. Esta dimensión varía con la
duración de las faenas (entre 5 y 20 años) y si las solicitudes de
exploración y explotación se refieren más de una vez a un mismo sector.
También hay que considerar que el área de influencia de la explotación
minera es siempre mayor que la superficie concesionada, puesto que implica
toda la infraestructura de vías de comunicación y accesos a suministros,
fuentes de energía y agua. La energía proviene en parte de centrales
hidroeléctricas -existentes o proyectadas- que ocupan a su vez más
territorio, más agua y generan otros conflictos.

En Perú la superficie concesionada a las mineras creció de 1,49% en 1991 a
8,2% en 2006 (105.504 km2); en México, 3% en 1994 y 8%, en 2002
(158.595km2); en Chile, 7,3% en 2002 y 10,6% en 2003 (
80.000 km2); en Ecuador, 5% en 2000 y 16,7% en 2004 (45.513 km2). En este
último país las solicitudes de concesiones cubrían el 69% del país en 2000 y
el 84,5% en 2004. (2 <http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#2>)

*Los daños*

A las emisiones nocivas lanzadas por estas industrias al aire (CO², SO²), al
agua y los suelos (dioxinas y derivados del uso de cianuro, arsénico y
mercurio, entre otros), se agregó en los últimos años la contaminación con
plaguicidas y transgénicos de los monocultivos. Además de provocar serios
problemas de salud y deterioro de condiciones de vida a poblaciones
campesinas de varios países, la aplicación masiva de agroquímicos está
produciendo daños de otro tipo que en un futuro no tan lejano agravarán el
panorama más allá de cualquier predicción. Se teme que la destrucción de su
hábitat, el uso de plaguicidas y la introducción de cultivos invasores está
causando la disminución de polinizadores, lo que pone en el peligro de
extinción a muchas especies vegetales
(3<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#3>).


Las empresas transnacionales de plaguicidas producen también las semillas
transgénicas y son propietarias de la mayoría de las patentes de
biotecnología agrícola, con lo que pueden tener el control de la agricultura
y de la cadena alimentaria a nivel mundial
(4<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#4>).
La contaminación transgénica es un negocio adicional de estas industrias,
que por la vía judicial exigen pago a los agricultores cuyos cultivos
accidentalmente se han contaminado con semillas patentadas. Incluso cuando
no pueden cobrar por sus patentes, como le ocurrió a Monsanto en Argentina,
se beneficiaron con la venta de plaguicidas
(5<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#5>).


La operación de cada planta de celulosa requiere de cientos de miles de
hectáreas de plantaciones, conocidas ya como "desierto verde" porque han
significado la destrucción de una superficie similar o mayor de bosque
nativo con la correspondiente pérdida de biodiversidad en flora y fauna, la
contaminación y el agotamiento de cauces de agua. Además, la cantidad de
agua que precisa cada una de estas fábricas en sus procesos es tan enorme
que tienen que instalarse junto a grandes ríos para aprovechar el recurso y
luego desecharlo seriamente dañado.

Empresas y gobiernos presentan en sus campañas a los monocultivos de árboles
como "forestación". Sin embargo, los estudios confirman los efectos
negativos de esta actividad al registrar destrucción de bosque nativo,
disminución de biodiversidad y fuentes de agua, problemas de salud a
comunidades vecinas, contaminación de agua y degradación de suelos
(6<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#6>).


La devastación que produce la minería queda patente en los grandes depósitos
de escoria contaminada que han acumulado años de explotación en cada uno de
los países. Esta destrucción continúa y se agrava a medida que crece el
número de las explotaciones a tajo abierto de cobre y sobre todo de oro y
uranio. Como en estos casos el mineral está diseminado en extensos terrenos,
su extracción implica remover con explosivos grandes cantidades de roca y
someter el material resultante a un proceso de lixiviación que emplea
enormes cantidades de agua mezclada con ácido sulfúrico para extraer cobre y
uranio, y con cianuro para recuperar el oro. Parte importante de estas
labores se efectúa a más de mil metros de altura sobre el nivel del mar,
cerca de fuentes acuíferas. Los desechos quedan ahí para siempre y se
convierten en fuente de contaminación de aguas superficiales y subterráneas
que al descender hacia los valles afectan a sectores con economías basadas
en principalmente en la agricultura.

En 1998, 23 de los 29 proyectos mineros del departamento de Cajamarca en
Perú correspondían a extracción de oro. Las empresas socias del Consejo
Minero -que extraen casi la totalidad del cobre, oro, plata y molibdeno de
Chile- explotaban en 2004 nueve yacimientos de oro en ese país. Ese mismo
año se realizaban operaciones en 23 yacimientos de oro en Centroamérica. La
cifra tiende a aumentar en esa subregión: este año se otorgaron 16 licencias
para exploración de oro solamente en el altiplano guatemalteco de San
Marcos.

En Latinoamérica únicamente Argentina, Brasil y México usan uranio para
producir energía eléctrica, por lo que despertó preocupación la denuncia
sobre exploraciones de uranio en Guatemala desde enero de 2005 y el
otorgamiento de nuevas licencias este año para explorar el elemento
radioactivo en ese país. En marzo de 2006 más de 32 empresas realizaban
prospecciones y exploraciones de uranio en Argentina, Bolivia, Brasil,
Guatemala, México y Perú (http://www.wise-uranium.org/upsam.html, acceso el
27 de marzo de 2006).

El negocio parece asegurado para los próximos años puesto que la Agencia
Internacional de Energía Atómica anunció recientemente la instalación de 130
nuevas centrales nucleares y el precio del uranio sigue en ascenso. Dadas
las precarias condiciones actuales para supervisar las explotaciones de oro
cabe preguntarse cómo se va a controlar la extracción del uranio. Conviene
recordar la mina de uranio de Wismut, que funcionó entre 1945 y 1990 en la
ex República Democrática Alemana y dejó más de 5.000 mineros muertos de
cáncer al pulmón (7 <http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#7>).

En 2004 Perú contaba con ocho funcionarios para monitorear en terreno más de
6.200 concesiones mineras; ese mismo año el gobierno chileno dictaba un
decreto para que la empresa Barrick Gold hiciera fiscalización aduanera a su
propio proyecto de plata y oro en la frontera con Argentina
(8<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#8>).

Con tan mínima fiscalización estas industrias pueden ocultar buena parte de
sus actividades, incluyendo escapes radiactivos o tóxicos, intencionados o
accidentales. De hecho, en 1999 lluvias fuertes desenterraron centenares de
tambores de cianuro de sodio en Amapá, Brasil, en terrenos de una mina
asociada al Grupo AngloGold/Anglo American. Hubo muertos y los peces
desaparecieron del río Vila Nova, pero nadie se hizo responsable
(9<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#9>).

En Chile, en 2005, a raíz de un accidente radiactivo en una planta de
celulosa de Celco en construcción, se supo que la empresa había ocultado
hechos similares en el pasado (10<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#10>).

Poco después se descubrió que otra empresa de celulosa en Chile, CMPC,
ocultó durante diez años un derrame de mercurio en una de sus plantas
(11<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#11>).


*Reacción de los afectados*

Pese a que las elites políticas hacen frente común con las empresas en las
operaciones de blanqueo de imagen y en la represión de las protestas a
través de paramilitares o mercenarios - práctica habitual en Africa
(12<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#12>)
y situación cada vez más común en países latinoamericanos como Colombia,
Ecuador y Perú (13 <http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#13>) - la
reacción de las comunidades ha ido en aumento al conocerse el real impacto
de estos proyectos sobre su salud, sus patrimonios ambientales, sus culturas
y sus economías. Comienza a saberse que estas operaciones industriales
generan falsas expectativas de empleo y ni siquiera aportan ingresos a los
gobiernos nacionales, ya sea en impuestos o regalías. A las movilizaciones
indígenas y campesinas en Brasil, Bolivia, Colombia, Guatemala y Ecuador,
que se han enfrentado por años a las compañías mineras, petroleras y
forestales, se agregan ahora las protestas de sectores ciudadanos que
rechazan la instalación de megaproyectos destructivos del medio ambiente en
Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. La gente también está reaccionando
contra las políticas que por un lado impiden que la población tenga acceso a
los recursos vitales y por otro los entregan al negocio transnacional, como
sucede con la privatización del agua y la concesión a privados de los mares
territoriales y bordes costeros. Se suma a lo anterior una oposición cada
vez más fuerte a los tratados de libre comercio bajo los términos de las
corporaciones transnacionales, que facilitan el saqueo y la destrucción de
recursos al disminuir aún más las débiles regulaciones nacionales.

La reacción frente a las protestas es asumida indistintamente por las
empresas o los gobiernos, por separado o en conjunto. Son numerosos y
repetidos los casos de abusos a los derechos humanos cometidos para
facilitar la instalación y desarrollo de estos negocios. Estos atropellos
van desde la persecución de opositores individuales hasta la represión
masiva y el desplazamiento de comunidades. Estos últimos años se han
reportado casos graves de esta índole en Brasil, Colombia, Ecuador,
Guatemala, Honduras, Paraguay y Perú. Pero la represión puede tomar otras
formas, como en Chile, donde se echa mano a leyes antiterroristas para
encarcelar a dirigentes de comunidades indígenas que defienden sus derechos
territoriales frente a la expansión de las empresas forestales. La mayoría
de éstas se halla involucrada en denuncias por participar en acciones
represivas contra comunidades indígenas, por conflictos de tierra o
destrucción de bosques.

Afianzadas en la región durante los regímenes dictatoriales de la segunda
mitad del siglo veinte, estas industrias no constituyen una fuente
importante de empleo. Más bien prescinden de la población, excepto como mano
de obra barata ocasional. Su accionar destructivo del entorno promueve el
despoblamiento de las zonas donde operan.

*Los beneficios*

En definitiva, los únicos beneficiados reales resultan ser las empresas
inversoras y sus accionistas. En 2004 los ingresos de las 10 empresas
mineras más grandes que operan en Latinoamérica fueron de más de 130 mil
millones de dólares (Alcoa, AngloGold/Anglo American, Barrick Gold,
BHP-Billiton, Meridian Gold, Newmont, Noranda, Phelps Dodge, Placer Dome y
Rio Tinto). Cinco empresas forestales productoras de celulosa tuvieron
ingresos por US$10.501 millones en 2004 (Aracruz Celulose, Celulosa Arauco,
CMPC, Bahia Sul Celulose, Votorantim Celulose) Tres productoras de semillas
transgénicas y plaguicidas tuvieron ingresos por US$20.645 millones en 2005
(DuPont Agriculture & Nutrition, Monsanto y Syngenta)
(14<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#14>).

Cargill, la empresa de agronegocios señalada como caso ilustrativo de lucro
con la destrucción de la Amazonia, tuvo ingresos de más de 63 mil millones
de dólares en 2003 (15 <http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#15>).

Entre 1994 y 2001, el Banco Mundial, a través de su Corporación Financiera
Internacional (CFI), otorgó préstamos por más de 790 millones de dólares
para proyectos mineros en Bolivia, Brasil, Chile, México, Perú y Venezuela
(a Anglo American, BHP-Billiton, Barrick Gold, Mitsubishi, Mitsui, Newmont,
Pan American Silver y Rio Tinto, entre otras). En Aracruz y Bahia Sul hay
participación del Banco Mundial, a través de la CFI (
http://www2.ifc.org/ogmc/eirprojects.htm, acceso 8 de noviembre de
2004) (16<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#16>).


Por otro lado, desde 1988 hasta 2005 el Organismo Multilateral de Garantía
de Inversiones (MIGA) había girado garantías por un total de US$1.110,6
millones a proyectos mineros en general. Los nombres de las empresas
señaladas anteriormente se repiten entre los beneficiados
(17<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#17>).


La magnitud alcanzada por estas instalaciones productivas resulta posible
gracias a la participación interesada de la elite política, que actúa como
facilitadora de concesiones y encubridora de una inmensa contaminación
ambiental, a la vez que abandona su rol cautelar de los derechos económicos
y sociales de los sectores mayoritarios de la población. Ya no es la clásica
corrupción ligada al indebido enriquecimiento personal o de pequeños grupos.
Ahora se trata de elites políticas nacionales integradas al tejido de las
transnacionales, con sus funcionarios saliendo y entrando de puestos
públicos a privados (en directorios de empresa, agencias de lobby o de
asesorías) o a cargos en organismos intergubernamentales, colocando a sus
familiares y correligionarios en puestos de poder, obteniendo financiamiento
para los partidos políticos, recibiendo honores y participación en
fundaciones u otras plataformas para seguir en el negocio.

Todo se enmarca en una legalidad ad hoc, diseñada en muchos casos por
juristas y economistas vinculados a las pasadas dictaduras militares y luego
ampliada y perfeccionada por las corporaciones y los gobiernos civiles. En
las negociaciones previas y en la puesta en marcha de cada industria opera
el arte de la no transparencia, fenómeno ya documentado en el caso de las
petroleras a nivel mundial
(18<http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm#18>).

La aplicación de políticas neoliberales coordinadas e impuestas a través del
Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización Mundial de
Comercio, en connivencia con las redes políticas locales, crea un ambiente
favorable para estos proyectos, traducido en débiles obligaciones laborales,
ambientales y de fiscalización, grandes facilidades financieras y amplia
disponibilidad de mano de obra barata. Tales condiciones permiten a las
empresas operar con un ostensible desprecio por las comunidades a las que
afectan y utilizar procesos destructivos y contaminantes rechazados en
países desarrollados.

Esta situación se ha ido enraizando profundamente hasta constituirse en el
modelo natural de hacer las cosas, que origina un convencimiento
gubernamental reforzado por los dogmas neoliberales predominantes en la
clase política. Los países latinoamericanos deben "crecer hacia fuera", en
brazos corporativos. Se trata de "la única vía posible de crecimiento",
afirman a coro el sector empresarial y los políticos. Este desastre se ha
constituido así en sistema, y el avance de una crítica se hace difícil ya
que debe enfrentar a la totalidad de las fuerzas involucradas en este
exitoso esquema de explotación colonial y de alienación, quizás el más
perfecto de la historia. La información disponible nos dice que en la región
nos encontramos con una pérdida brutal de recursos naturales y humanos, con
una gigantesca distorsión en el desarrollo y con un proyecto destinado a
causar situaciones de pobreza y deterioro ambiental irreversibles.

*NOTAS*:

1. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), (2005)
*Objetivos de Desarrollo del Milenio: una mirada desde América Latina
y el Caribe<http://www.eclac.cl/cgi bin/getProd.asp?xml=/publicaciones /xml/1/2154 1/P21541.xml&xsl=/tpl/p9f.xsl&base=/tpl-i/top-bottom.xslt>
*, Santiago: CEPAL, p. 182.

2. Fuentes: Perú. Instituto Nacional de Concesiones y Catastros
Mineros (INACC); México. Secretaría de Economía. Informe de la minería
mexicana, 2002; Chile. Servicio Nacional de Geología y Minería
(SERNAGEOMIN); Ecuador, Dirección Nacional de Minería, Gestión de
Seguimiento y Gestión Minero. Estadística de Áreas y Hectáreas, 1991 -
2004.

3. Ashman, T., M. Burd, S. Mazer, T. Knight, J. Steets and J. Vamosi.
(2006) "Pollination Decays in Biodiversity Hotspots <http://www.pnas.org/cgi/reprint/103/4/956.pdf>";.
Proceedings of the National Academy of Sciences 103(4): 956-961.

4. Paul, Helena and Ricarda Steinbrecher (2003) *Hungry Corporations:
Transnational Biotech Companies Colonise the Food Chain*, London: Zed
Books, p. 34.

5. Id. p. 204.

6. Araya, J., Carrasco, N. and Montalba, R., (2006) *Contexto
Económico y Social de las Plantaciones Forestales en Chile: El caso de la
comuna de Lumaco, región de laAraucanía <http://www.wrm.org.uy/paises/Chile/LibroLumaco.html> *, Montevideo: WRM-OLCA, p. 66-68.

7. Diehl, Peter (1995) *Uranium Mining in Europe: The Impacts on Man
and Environment <http://www10.antenna.nl/wise/439-440/uran.zip>*,
Amsterdam: WISE.

8. Alcayaga, J., Luna, D. and Padilla, C. (2004) *El Exilio del Cóndor: Hegemonía transnacional en la frontera. El tratado minero entre Chile y Argentina<http://www.olca.cl/oca/informes/exilio_del_condor.pdf>
*, Santiago: OLCA.

9. Oliveira, Cimoni (2004) 'Um enterro de tonéis de cianeto ao lado do
garimpo Vila Nova<http://folhadoamapa.com.br/more.php?id=6054_0_12_0_C>',
Folha do Amapá, 10 de septiembre.

10. Alonso, Carla (2006) 'Documento confirma que hubo irradiados en
planta Celco deValdivia <http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20060417/pags/20
060417214541.html>', La Nación, 18 de abril.

11. Diario Siete (2006) 'Mercurio en planta de celulosa Laja <http://www.olca.cl/oca/chile/region08/cmpc001.htm>', 3 de abril.

12. Baracyetse, Pierre, (1999) *L'Enjeu Géopolitique des Sociétés
Minières Internationales en République Démocratique du
Congo<http://www.grandslacs.net/doc/3746.pdf> *, Buzet: SOS Rwanda-Burundi.
Human Rights Watch, (2005) *The Curse of
Gol <http://hrw.org/reports/2005/drc0505/> *, Washington: HRW.

13. Maldonado, Adolfo, (2001) *La Manera Occidental de Extraer
Petróleo: la OXY en Colombia, Ecuador y Perú <http://www.oilwatch.org/doc/libros/maneraocci.pdf> *, Lima: Oilwatch.

14. Basado en información del portal Yahoo Finance, seccion Industry
Center <http://biz.yahoo.com/ic/ind_index.html> con datos de
referencia proporcionados por Standard & Poor's Capital IQ, Database of
Auditable Public Company Fundamentals, 2005 y Hemscott Group Limited y
Hoover's, Inc, 2005.

15. Greenpeace (2006) *Devorando la Amazonia <http://www.greenpeace.org/espana/reports/devorando-la-amazonia>
*, Amsterdam: Greenpeace.

16. CFI, (2005) *Informe Anual <http://www.ifc.org/ifcext/publications.nsf/Content/AR2005_Spanish>
*, Washington: IFC, p. 120-128.

17. MIGA, (2005) *Supporting Mining Investments <http://www.miga.org/documents/mining06.pdf> *, Washington: MIGA, p. 3.

18. Laurent, Éric (2006) *La Face cachée du pétrole*, Paris: Plon *(*) Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales
(OLCA)<http://www.olca.cl/>
*

http://rcci.net/globalizacion/2006/fg633.htm<http://rcci.net/globalizacion>


Ricardo Cifuentes Villarroel es miembro del Observatorio Latinoamericano de
Conflictos Ambientales (OLCA), y de rcci.net/ globalización. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor: Este trabajo fue publicado originalmente por Paginadigital®., en Nov. 11, 2006. Petroleumworld no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por esta publicacion, por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.

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