Puntos
de Vista
Análisis
y opinión sobre energía y política
Argentina:
¿Planificación o Colapso Energético?

Por Ricardo Andrés De Dicco
Diagnóstico
y perspectivas
Como es sabido, Argentina es un país hidrocarburo-dependiente,
ya que el petróleo y el gas natural satisfacen casi
el 90% (43% y 46%, respectivamente) de las necesidades energéticas
de la estructura socioeconómica nacional. Este dato
reviste una preocupación muy seria, dado que las reservas
certificadas de ambos recursos naturales no renovables estarían
agotadas en menos de una década, considerando el escaso
interés de las petroleras respecto a la realización
de inversiones de capital de riesgo para incorporar reservas
estratégicas.
Ello es el resultado de una política de explotación
irracional que se practica en el país desde el inicio
de las reformas estructurales en el sector hidrocarburífero
y de manera sostenible desde la privatización de YPF,
donde la ecuación fue y continua siendo: extraer de
manera predatoria todo el volumen posible de los pozos descubiertos
por la vieja petrolera estatal y no realizar esfuerzos exploratorios
significativos para compensar el nivel de reservas a fin de
mantener horizontes de vida que aseguren el abastecimiento
energético en el largo plazo.
Se presentan a continuación una serie de perspectivas
de continuar el modelo energético neoliberal:
I. Alta dependencia hidrocarburífera (mayoritariamente
gasífera) en el suministro de energía eléctrica
(55% en 2004), que de no construirse nuevas centrales nucleoeléctricas
e hidroeléctricas a fin de disminuir drásticamente
la participación de la generación térmica
hacia finales del presente decenio ocurrirá un colapso
energético que se extenderá hasta mediados –o
más– de la década entrante; es decir un
colapso en el sistema de transmisión de energía
eléctrica y fallas parciales con origen en la capacidad
de fuerza de las usinas.
II. La drástica declinación de las reservas
certificadas de gas natural y de petróleo, así
como también la notable disminución en los esfuerzos
exploratorios registrada desde 1998, conllevará a una
inseguridad del abastecimiento energético sin precedentes
en la historia energética nacional; es decir, estará
comprometida la entrega del gas natural y de combustibles
derivados del crudo, al igual que los insumos requeridos por
la industria petroquímica para la elaboración
de agroquímicos, fertilizantes, plásticos, etc.,
ya que la importación neta de petróleo a partir
de 2009 (y total a partir de 2014) se verá afectada
por la tendencia ascendente de los precios internacionales.
Por cierto, esto comprometerá a todo el aparato productivo
nacional en general y al sector agropecuario en particular
(la siembra, cosecha y transporte de cereales y oleaginosas,
por ejemplo, deberán enfrentarse con barriles de crudo
que se comercializarán a precios internacionales –U$S
100 el barril para 2010 no suena descabellado–). Además,
las “inversiones extranjeras directas” tan reclamadas
por los defensores fundamentalistas de la misteriosa “mano
invisible del mercado” no arribarán a un país
sin energía abundante y barata.
III. El suministro de gas natural boliviano no podrá
extenderse más allá del año 2023 en caso
de que el mismo tenga que satisfacer el 100% de las necesidades
de la estructura económica de Argentina a partir del
próximo quinquenio (importación neta de gas
boliviano a partir de 2009 y total a partir de 2013), ya que
las reservas certificadas de gas natural bolivianas superan
levemente a las de Argentina (Bolivia: 760 mil millones de
m3 y Argentina 534 mi millones de m3, según datos oficiales
para fines de 2004). Es decir, los compromisos del país
andino con sus clientes brasileños hasta el 2019 y
sumado a ello el gran volumen de exportación hacia
Argentina a partir de finales de la presente década
(que supone la construcción de dos gasoductos troncales
adicionales al del proyectado actualmente para el NEA), terminarán
agotando las reservas gasíferas bolivianas en una fecha
próxima a la señalada (considerando la sumatoria
de las reservas certificadas y del 50% de las probables, Bolivia
podría disponer de gas natural cuanto mucho hasta el
año 2027).
IV. El ingreso al Sistema de Interconexión Nacional
(S.I.N.) para fines de la década en curso de las generadoras
Yaciretá (2008) y Atucha II (2009) proyectado por la
actual Administración (véase “Plan Energético
Nacional 2004-2008”, publicado por Secretaría
de Energía de la Nación en Mayo de 2004) no
podrá evitar el colapso energético que se espera
para dentro de pocos años si no se suman nuevas centrales
de generación de energía eléctrica alternativas
a la térmica.
Ahora bien, para fines de 2004 la potencia instalada en el
segmento de generación de energía eléctrica
del país era de 23.885 MW (55,4% térmica, 40,3%
hidráulica, 4,2% nuclear y 0,1% eólica). Según
la Comisión Nacional de Energía Atómica
(CNEA), para el año 2025 se requerirán 42.000
MW adicionales. Al día de la fecha, los anuncios de
la actual Administración Pública sólo
confirman el ingreso al S.I.N. de 3.700 MW para 2010: 1.400
adicionales en Yaciretá, más 692 MW de Atucha
II y 1.600 MW correspondientes a dos centrales térmicas
de ciclo combinado; y en los quince años restantes
se deberán implementar los 38.300 MW requeridos para
cubrir la demanda de 2025.
No obstante, la probabilidad de ocurrir un colapso energético
para dentro de muy pocos años es demasiado alta. Es
decir, hacia 2010, con una tasa de crecimiento medio anual
de 4,1% la demanda interna de energía eléctrica
alcanzará los 105.587 GW/h, y sumado a ello las pérdidas
de transporte y consumo propio de las usinas, se elevaría
a 109.487 GW/h; por consiguiente, el déficit será
de 1.444 GW/h. Para 2012 la energía no suministrada
llegará a 4.878 GW/h anual y en 2014 a 5.031 GW/h anual
(véanse cuadros 1 y 2).

Nota: tasas de crecimiento estimadas: Máximo:
5,6%; Medio: 4,1%; Mínimo: 3,2%.
Fuente: elaboración propia en base a datos de CAMMESA,
IDICSO-USAL y CEPEN-UBA.

Fuente: elaboración propia en base a
datos de CAMMESA, IDICSO-USAL y CEPEN-UBA.
Notas:
según datos oficiales, en 2007 se sumarían al
Sistema de Interconexión Nacional (S.I.N.) dos centrales
de ciclo combinado de 800 MW cada una, en 2008 estaría
finalizada Yaciretá, con 1400 MW adicionales a los
existentes, y en 2009 se sumaría Atucha II, con 692
MW. Considerando una tasa de crecimiento medio (4,1%) de la
demanda interna, el primer gran problema se presentará
en 2008, cuando la central nuclear Embalse esté fuera
de operación por 8 meses para su eventual modernización
(para expandir la vida útil de la central hasta 2030),
y un segundo serio problema en 2013 cuando Atucha I quede
fuera de servicio debido al fin de su vida útil.
Claro,
siempre y cuando sea una realidad la importación en
grandes volúmenes de gas natural boliviano a partir
de 2009, de lo contrario el déficit sería peor.
Esto significa que de no incrementarse la instalación
de potencia alternativa a la generación térmica
en la oferta total de energía eléctrica podrían
ocurrir dos cosas: depender energéticamente de Bolivia
como lo es hoy Chile de Argentina y colapsar el suministro
de energía eléctrica cada vez que se presenten
momentos de inestabilidad política en el país
andino, e importar fuel-oil de Venezuela a precio internacional
como resultado de ello, lo que provocaría distorsiones
en la competitividad del aparato productivo nacional. Respecto
a la importación de gas natural venezolano vía
gasoducto, si bien no podrá solucionar este problema,
cabe señalar que sí disminuiría el riesgo
de inseguridad en el abastecimiento, lo cual justifica la
cumplimentación de ese proyecto. También debe
pensarse que el millón de BTU de gas natural boliviano
nos costará a comienzos de la década entrante
U$S 2, por lo menos, y el gas venezolano alrededor de U$S
3,5; si tuviéramos que importar gas natural licuado
–GNL– (por vía marítima), el costo
del millón de BTU podría superar los U$S 6.
En ese sentido, se advierte la siguiente necesidad: el Estado
debe recuperar la renta, gestión y planificación
energética. Por un lado, con el fin de financiar el
desarrollo de fuentes de energía primaria alternativas
a los hidrocarburos y derivados; por otra parte, porque el
país requiere de una oferta de energía abundante
y barata para cubrir las necesidades energéticas de
un proceso de reindustrialización y avance científico-técnico
autónomo en un contexto de Integración Regional
Sudamericana.
De acuerdo a datos del IDICSO-USAL y CEPEN-UBA, sólo
la renta petrolera generada en el país durante el ejercicio
2004 alcanzó los U$S 7.270 millones (según la
UNCTAD, la renta petrolera de 2004 correspondió a U$S
7.132 millones -para el caso, la diferencia entre ambas fuentes
es mínima-), de la cual el Estado captó apenas
el 36% (según la UNCTAD). Por otra parte, el Banco
Central de la República Argentina (BCRA) tenía
acumulados en Octubre pasado alrededor de U$S 26.143 millones
(“alcanza y sobra” para prevenir un colapso).
Buena parte de la renta energética se puede recuperar
inmediatamente cuando se analizan los incumplimientos contractuales
de algunas de las prestatarias gasíferas y eléctricas
y en particular cuando se identifican las violaciones perpetradas
con total impunidad a la Ley de Hidrocarburos por parte de
las compañías petroleras.
En este último caso, aquellas concesiones de explotación
hidrocarburífera que retornen al Estado por lo señalado
antes, tendrán que ser asignadas a ENARSA.
De esta forma, el Estado volvería a gestionar, controlar
y planificar el mercado ampliado de la energía de acuerdo
al interés de la comunidad nacional.
Mientras se recupera la renta energética, la urgencia
resultante de los pocos años disponibles para planificar
opciones de contingencia que eviten un colapso energético
sugiere financiar el desarrollo de fuentes y combustibles
alternativos con parte de los U$S 26.143 millones que se encuentran
en el BCRA.
Lineamientos
propositivos
• Parque de generación nucleoeléctrica,
período 2005-2025: o Inmediata construcción
por parte de INVAP Sociedad del Estado de un prototipo de
central nuclear CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares),
y posterior fabricación serial de modelos con capacidad
instalada de 25 MWe a 300 MWe, para la generación de
energía eléctrica, extracción de crudos
pesados, producción de hidrógeno-vehicular,
procesamiento de radioisótopos y propulsión
de navíos de superficie y submarinos; así como
también podrían exportarse módulos a
países sudamericanos (incluyendo transferencia de tecnología,
dado el contexto de Integración Regional Sudamericana
impulsado por Argentina, Brasil y Venezuela).
Para 2009 deberá estar terminado el prototipo; y a
partir de 2012 deberán ingresar anualmente al S.I.N.
un módulo de 300 MWe. o Inmediata construcción
de cinco centrales nucleares con reactores de 700 MWe netos
para incrementar la potencia instalada del parque existente
(importarlos con transferencias de tecnología, y participación
de INVAP y de su cadena de valor en al menos el 50% de la
fabricación de componentes); además, para extender
la vida útil de las actuales. Las cinco nuevas centrales
deberán incorporarse al S.I.N. entre 2010 y 2014. o
Construcción de seis centrales nucleares de 1.600 MWe
netos (importar los reactores con transferencia de tecnología,
y participación de INVAP y de su cadena de valor en
al menos el 50% de la fabricación de componentes).
A partir de 2014 y cada dos años deberán ingresar
al S.I.N. las seis centrales.
o Hacia 2020 el suministro eléctrico del país
deberá cubrirse en un 62% por centrales nucleares,
36% por centrales hidráulicas y 2% restante por granjas
eólicas (véase Cuadro 3).
• Parque de generación hidroeléctrica,
período 2005-2025: o Inmediato estudio de factibilidad
económica y socio-ambiental para la construcción
de las centrales hidráulicas binacionales Garabí
(de 1.500 MWe) y Corpus Christi (de 3.000 MWe). Garabí
deberá estar operativa en 2014 y Corpus Christi en
2020 (véase Cuadro 3).

Notas:
Para 2010 se considera el ingreso al Sistema de Interconexión
Nacional (S.I.N.) de una central nuclear con reactor de 700
MWe netos y de un módulo CAREM (prototipo) de 27 MWe
netos. Para 2012, se considera el ingreso al S.I.N. de dos
centrales nucleares de 700 MWe netos c/u (una en 2011 y otra
en 2012) y de un módulo CAREM de 300 MWe netos (a partir
de 2012 deberían ingresar anualmente un CAREM de 300
MWe). Para 2014, se considera el ingreso al S.I.N. de la central
hidroeléctrica binacional Garabí de 1.500 MWe
netos (Corpus Christi, de 3.000 MWe podría ingresar
al S.I.N. seis años más tarde), de una central
nuclear de 1.600 MWe netos, de 2 módulos CAREM de 300
MWe netos c/u (uno en 2013 y otro en 2014) y de dos centrales
nucleares de 700 MWe netos (una en 2013 y otra en 2014). Para
2014 no se incluye CNA-I, porque se estima la salida de operación
definitiva de la central hacia 2013 (de realizarse las tareas
de “modernización” pertinentes, considerando
que la misma inició su operación en 1974, se
podría extender la vida útil de la central por
otros diez años más). A modo de resumen: entre
2010 y 2014 deberán ingresar al S.I.N. 5 centrales
nucleares de 700 MWe, a partir de 2012 deberá incorporarse
anualmente un CAREM de 300 MWe, a partir de 2014 -y cada dos
años- deberá incorporarse una central nuclear
de 1.600 MWe, y además en 2014 deberá entrar
en operación la hidroeléctrica Garabí
y en 2020 su par Corpus Christi.
Fuente: elaboración propia en base a proyecciones del
IDICSO-USAL y CEPEN-UBA.
•
Otras propuestas:
o Producción de biocombustibles (bioetanol y biodiesel,
en base a cereales y oleaginosas, respectivamente). Con el
biodiesel se debe reemplazar el 100% del gas-oil empleado
en el sector agropecuario (siembra, cosecha y transporte).
En el caso del bioetanol, como fuera sugerido por el Dr. Alfredo
Calcagno en el Dipló (de Noviembre pasado), mezclarlo
20% con el consumo de nafta del país (lo cual representa
el 8% de la campaña 2003-2004). o Alcanzar una producción
importante de hidrógeno-vehicular (a través
de reactores CAREM de 25/50 MW) a mediados de la próxima
década, con el fin de emplearlo al menos en todo el
transporte público automotor. o Expansión del
Parque Eólico en aglomeraciones urbanas que no se encuentren
dentro del S.I.N. Las granjas eólicas deberán
alcanzar en conjunto hacia 2020 una potencia instalada de
1.000 MWe.
o Desarrollo de la industria carboquímica.
A
modo de reflexión
Cuando pensamos en planificación, inmediatamente estamos
pensando en una tarea en relación al futuro, y no puede
concebírsela de otro modo. Entonces, ¿qué
futuro deseamos los argentinos?, ¿sobre qué
bases descansa el futuro deseado?, ¿realmente estamos
pensando los argentinos en el futuro? No hay dudas que en
las mentes y corazones de muchos compatriotas el deseo tan
ansiado es lograr convertir a la Argentina en un país
desarrollado, y en este sentido se destaca la importancia
que adquieren las siguientes preguntas: ¿qué
tipo de desarrollo?, ¿cuáles son los objetivos
que se pretenden alcanzar con el desarrollo?
La planificación del desarrollo es un instrumento que
ayuda a prever la construcción del futuro, y la misma
es una función de la que el Estado nacional no puede
estar divorciado. En respuesta a los interrogantes mencionados,
podríamos señalar que Argentina debe asegurarse
un desarrollo autónomo en un contexto de Integración
Regional Sudamericana (basada en los ejes energético,
hidrográfico, industrial y científico-técnico),
que exprese la soberanía política y económica
del país, con el propósito de dar fin a las
relaciones de dependencia económica, tecnológica
y cultural con los países centrales.
Es decir, reconstruir la capacidad estructural para desarrollar
mediante nuestros propios recursos los medios de producción
correspondientes a los estándares internacionales del
proceso de industrialización y de avance científico-técnico.
Sin desarrollo energético no hay desarrollo integral
de la economía, de modo tal que cualquier planificación
para mejorar las condiciones de vida, provocar expansión
económica con real efecto derrame sobre la sociedad
en su conjunto (y no sobre el sector primario de la economía,
beneficiando únicamente a una clase social minoritaria),
aumentar el poderío industrial y la potencialidad global
de un país o región, debe tener planteada como
condición previa el mejoramiento sustancial de la oferta
energética.
En suma, la planificación energética es una
función clave de los Estados soberanos de América
Latina. Sin este tipo de planificación la profundización
del subdesarrollo insostenible y el colapso energético
resultan inevitables.
Ricardo A. De Dicco. Buenos Aires, Noviembre de 2005.
Ricardo
Andrés De Dicco
es Investigador del Área de Recursos Energéticos
y Planificación para el Desarrollo del Instituto de
Investigación en Ciencias Sociales (IDICSO) de la Universidad
del Salvador y del Centro de Estudios del Pensamiento Económico
Nacional (CEPEN) de la Facultad de Ciencias Económicas
de la Universidad de Buenos Aires. Fecha: Noviembre de 2005.Los
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