Editorial
La
tierra codiciada, la tierra de promisión, el Paraíso
Terrenal, es la de Santa Cruz de la Sierra. Ninguna otra despierta
o aviva el interés de las turbas. Sin duda que tierras,
buenas tierras, las hay asimismo en La Paz, en Cochabamba, en
todas las regiones, en fin, de nuestro extenso país. Pero
no tientan a nadie. Son las nuestras, las de nuestro Oriente,
las dulces, las exquisitas, las únicas.
Pero estas tierras nuestras, por más que incordien a quienes
sean, tienen dueños indiscutidos que las adquirieron según
legítimas y honorables formas, sin despojar a nadie, sin
recurrir a la violencia ni a otros métodos inamistosos
e incivilizados. ¿Que no están produciendo, que
no están trabajadas? Seguramente pocas o muchas de ellas
se encuentran en esta situación. Mas no siempre por culpa
de los propietarios, sino también por la falta de ayuda,
de apoyo, de estímulo de los gobiernos centrales de turno.
Deben sobrar los dedos de una mano para contar a los propietarios
de tierras que las conservan incultas por el mero prurito de conservarlas.
En tiempos como los actuales, de tan duros materialismos, sin
duda que los poseedores de fortunas las transforman en oro o en
gemas para guardarlas disimuladamente, y nunca en tierras que,
desde luego, no se las puede esconder ni dejarlas en depósito
en los bancos de Suiza.
En suma, nadie discute la existencia de latifundios improductivos.
Lo que sí es discutible es que esa improductividad sea
considerada siempre como la consecuencia del afán de poner
a buen recaudo caudales y dineros de oligarcas insensibles y retrógradas.
Ahora bien. Suponiendo que se trata simplemente de quitar de las
manos de los oligarcas las tierras que éstos poseen en
demasía y que no hacen producir frutos comunitarios, ¿acaso
con la entrega de tales tierras revertidas previamente al Estado,
a favor de las turbas, se va a asegurar una productividad óptima?
¿Cuentan, por ventura, los beneficiarios de turno, con
recursos materiales para hacerlas producir? ¿Disponen de
herramientas de trabajo, están en condiciones de introducir
la mecanización del campo, dominan las nuevas técnicas
propias de la productividad agrícola y de la pecuaria?
¿Tienen al alcance de las manos semillas de la calidad
adecuada o sementales de las características que nuestro
medio exige? ¿Se cuenta con disposiciones y medios legales
para asegurarse de que las tierras de cultivo revertidas y distribuidas
graciosamente, no se convertirán en rústicas viviendas,
en abigarrados vecindarios girando en torno de discotecas y de
cantinas? En fin, ¿no será que más a la corta
que a la larga el remedio para poner término a los oligarcas
latifundistas y a sus latifundios improductivos resultará
peor que la enfermedad misma?
En cientos de miles de hectáreas o tal vez en millones,
se estiman en los momentos actuales las necesidades de tierras.
Y esos cientos de miles o millones tienen que ser de la tierra
cruceña de promisión. De lo contrario, no tiene
gracia ninguna.
EL
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Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por El
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Petroleumworld Bolivia 25 05 06
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