Bolivia es muy rica en recursos naturales, pero ningún Gobierno, de cualquier ideología, se ha dedicado a explotarlos racionalmente, sobre todo cuando el país requiere de ingresos económicos que le permitan por lo menos aliviar los efectos de la actual crisis económica. Los gobernantes siempre se quejan de la falta de dinero para ejecutar proyectos de gran envergadura y de beneficio para todos los bolivianos, lo que no pasa de ser justificativo para la incapacidad y falta de visión de quienes tienen bajo su responsabilidad la administración del Estado.
Lo peor es que gente inescrupulosa, tanto nacional como extranjera, se dedica a explotar de manera irracional recursos naturales, eludiendo el pago de tributos. Por eso no es novedoso conocer informaciones acerca de que foráneos se dedican a la tala de arboles de maderas preciosas en territorio boliviano; que camiones de gran tonelaje trasladan bórax que se explota en el salar de Uyuni con destino a fábricas asentadas en Chile, o que operan dragas en ríos que se encuentran en la frontera con el Brasil, para extraer oro. Además se procede a la caza indiscriminada de animales, cuyas pieles son muy cotizadas en mercados externos. Ni el arte se salva de la piratería, porque danzas tradicionales y vistosas del acerbo folclórico, al igual que música y tradiciones bolivianas, son apropiadas por países vecinos. Esto pasa porque no son aplicadas normas destinadas a la defensa del patrimonio nacional, tanto en el país como fuera de él. A pesar de esa explotación cotidiana, lo malo es que no existe autoridad que pueda poner las cosas en su lugar.
Desde hace tres décadas los discursos presidenciales se han centrado en anunciar el desarrollo de las regiones explotando los recursos naturales que contienen, pero poco se ha hecho para cumplir tal propósito, porque se los explota en pequeña escala, de manera irregular, burlando los pagos impositivos. Dicha explotación se la realiza sin las técnicas y métodos que corresponden, lo que significa que no se planifica previamente para un aprovechamiento racional, que no afecte sobre todo al medio ambiente y al equilibrio ecológico.
Las normas para la preservación del medio ambiente se cumplen en las ciudades y la construcción de carreteras, hospitales, escuelas, presas, plantas hidroelectricas, tendido de puentes y otros trabajos, donde se hace los estudios de impacto ambiental, pero no en zonas alejadas, en comunidades donde existen vicuñas, saurios, aves exóticas, peces, especies vegetales como la quinua, amaranto, palqui, tarhui y otros que son originarios del país, que por la explotación y la caza indiscriminada están en peligro de extinción. Otras especies naturales como plantas son registradas en otros países como si fueran suyas.
En los últimos años los gobiernos han anunciado la necesidad de explotar el hierro del Mutún y el litio del Salar de Uyuni. En el primer caso se ha cumplido con la licitación y la adjudicación a la empresa interesada en su explotación, porque su propuesta fue más beneficiosa para Bolivia, pero a más de un año de esa adjudicación y de la constitución de la empresa que explotará el mineral contenido en los yacimientos más significativos del planeta, hasta el momento no han comenzado las operaciones, que además contemplan el procesamiento del mineral para darle valor agregado. Al parecer los que se adjudicaron la explotación y la industrialización de los minerales contenidos en el Mutún están más interesados en explotarlo a cielo abierto, por lo que no existe planificación ni el Gobierno hace cumplir el compromiso contraído por la empresa adjudicataria.
En cuanto a la explotación del salar de Uyuni, en 1990 surgió la posibilidad de explotar los recursos evaporíficos contenidos en el deposito más grande de sal del mundo, especialmente el litio y derivados, por una empresa extranjera especializada en la materia. Se opusieron a esa iniciativa legisladores potosinos, asegurando que existían otros interesados en esa explotación y ofrecían mejores beneficios para Bolivia. En los últimos días una empresa francesa ha mostrado interés en hacer inversiones para la explotación del litio del Salar de Uyuni, además que Brasil quiere explotar o participar como socio de la empresa que haga esa tarea. Por todo ello es hora para que las autoridades nacionales realicen los estudios que permitan una explotación racional y científica de ese recurso natural, que puede ser la solución a los problemas económicos del país.