Imágenes tomadas por satélite testimonian la gran riqueza de recursos renovables y no renovables, existentes en nuestro territorio patrio. No hay, prácticamente, un área pobre. Caminamos y vivimos sobre enormes bolsones de oro, estaño, plata, litio, hierro, uranio; gas; venas subterráneas de agua superiores al manantial Silala; enormes ríos y extraordinarias fuentes energéticas no convencionales. Pese a la abundancia de tan ricos yacimientos, incluidas tierras óptimas para la producción de alimentos, el 95 por ciento de los bolivianos, estamos pobres y con un pie en la miseria absoluta. ¿Por qué tamaña injusticia? Tal vez por la mala costumbre de administrar la pobreza.
El potencial incuestionable del Salar de Uyuni, bloque gigantesco de litio y minerales estratégicos aplicables a la moderna tecnología, no es aprovechado por Bolivia. Empresas de Corea del Sur, entre ellas Posco, Samsung, LG, Poonsan, han hecho conocer al Gobierno y autoridades su interés en los salares de Uyuni y Coipasa. Plantean industrializar el litio y no sólo extraerlo como materia prima.
El Estado coreano y el empresariado privado de esa Nación ofrecen instalar plantas de acero; construcción de puertos para la distribución de acero. Se sabe que Corea del Sur tiene las acerías más grandes del mundo, cuya producción, en un 70 por ciento, es para consumo interno y el restante 30 por ciento exportado a Estados Unidos.
Oferta proyectos llave en mano, respecto a la construcción de plantas de gas licuado; plantas eólicas; reciclamiento de aguas residuales; construcción de carreteras, edificios, hospitales, escuelas; construcción de modernas ciudades futuristas, ecológicas, etc. En cuanto a la producción de alimentos, el país amigo también estaría dispuesto a invertir en Bolivia, por ejemplo, 1.700 millones de dólares anuales, durante 20 años para la agricultura productora de granos.
Traemos al presente un memorándum de entendimiento firmado en febrero de este año, entre el Municipio de Puna, departamento de Potosí (Mancomunidad de Municipios Gran Centro Potosí), y la empresa Korea Bolivia, cuyo objeto central es el financiamiento por el gobierno de Corea del Sur que construiría “una ciudad que sirva como zona franca e industrial” (…). “Y se establezcan primeramente ensambladoras de televisores, heladeras, aire acondicionado, vehículos, tractores, celulares, radios, petroquímica y luego estas ensambladoras se irán complementando con más maquinaria para elaborar piezas componentes…”.
La carta ha quedado sólo en buenas intenciones y no por culpa de los firmantes, sino de las autoridades conocedoras de esta iniciativa. La situación de crisis económica nacional podría ser neutralizada sobre la base de estos y otros proyectos que la inversión internacional propone a Bolivia. En lugar de administrar nuestra pobreza, ¿por qué no administramos nuestra riqueza?