Ante la ausencia de una política nacional en materia de exploración, prospección, investigación, explotación y evaluación de los recursos mineros, se presenta de imperiosa necesidad plantear una Política de Estado con relación a los recursos evaporíticos del Salar de Uyuni, en esta oportunidad inmejorable que se presenta sobre la demanda del litio, con argumentos que deben adaptarse a la futura planificación del desarrollo, y conocer los planteamientos y criterios de los diferentes candidatos —incluyendo el oficial— a la Presidencia de la República en las elecciones del 6 de diciembre.
La estrategia para la explotación del Salar de Uyuni y circundantes y su industrialización deben constituir un tema de prioridad nacional, a partir de la fecha en una Política de Estado y no de sentimiento, afectividad o consideración con alguna empresa o país industrializado amigo. De lo que se trata es que el Gobierno y sus autoridades están en la obligación de convocar a lo mejor del profesionalismo boliviano, sin distinción de posiciones políticas o aprecios personales tendente a preparar, a la brevedad posible, los términos de referencia y condiciones para una licitación pública internacional, de acuerdo con la ley, definiendo porcentajes adecuados para el Estado boliviano, con criterios que generen confianza y garantías a la inversión, a la transferencia tecnológica e industrialización de nuestros productos evaporíticos, sin excluir a ningún país industrializado o empresas interesadas. Aquí se juega el interés nacional y no sentimientos políticos, ideológicos o intereses de grupos o partidos políticos.
La extensión y reservas que se tiene de este colosal yacimiento de los recursos evaporíticos, también llamada la industria de la química básica de la altiplanicie, en los salares de Uyuni, con casi 12.000 kilómetros cuadrados de superficie, y circundantes, como el salar de Coipasa, Empexa, Llipi Llipi, Isma, Chiguana, Capina y otros, dan para poder mirar con objetividad el hecho de que se pueden desarrollar paralelamente varios proyectos de explotación, beneficio e industrialización.
Estos salares constituyen una fuente inagotable en sulfatos de sodio, boratos (boranatrocalcita o también ulexita), carbonatos de sodio, potasio, natro (Sosa), sulfatos de sodio, urea, etc., a pesar que no se han hecho perforaciones en estas zonas para determinar el espesor de las capas de sal y conocer la composición de las salmueras en profundidad. Estos componentes de la química básica deben constituir un gran paquete en la licitación pública internacional, tendente a buscar su explotación e industrialización con el litio como elemento de mayor demanda actual.
El interés de varias empresas multinacionales de la industria automotriz y otras por la mayor reserva de litio del mundo en el Salar de Uyuni, departamento de Potosí, a 3.600 metros sobre el nivel del mar, que concentra 5,4 millones de toneladas de reserva de litio, de acuerdo con el informe del Servicio Geológico de EEUU, y que para muchos expertos esta reserva es mucho mayor, recurso de última generación para la fabricación de baterías para automóviles híbridos y eléctricos, celulares y otros y que sitúa a Bolivia en el centro de atracción, nos da la oportunidad para industrializar estos recursos en gran escala y nos permite dar un salto para producir tecnologías eficazmente.
La oportunidad del Salar de Uyuni es ésta, para construir genuinos polos integrales de desarrollo regionales y de interrelación productiva. Los mejores proponentes que podamos tener no nos van a esperar indefinidamente.
Guillermo Francisco Torres O. es ingeniero químico y administrador de empresas. Fue Ministro y Superintendente de Hidrocarburos. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por La Razón, el 20 10 09. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.
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