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Comentario Editorial/Opinión

 


Manfredo Kempff S.: Comportamiento indebido



Si el embajador de la República Bolivariana de Venezuela no ha tenido acceso a los textos del derecho internacional público sobre el comportamiento que deben tener los jefes de misión en el desempeño de sus funciones, por lo menos debe echar mano al buen criterio, al sentido común, para no meter la pata en alocuciones públicas que llaman o inducen al enfrentamiento entre los bolivianos.

Debimos ser muchos miles los televidentes que nos quedamos boquiabiertos cuando vimos a un señor, que no tenía cara de cocalero, ni hablaba como quechua, y que se dirigía iracundo a la multitud, en el Chapare, ofreciendo su sangre y la de sus compatriotas, en caso de que a alguien se le ocurriera la peregrina idea de derrocar al gobierno de Evo Morales. Y el Presidente lo escuchaba, complacido, sonriente, apoyado despectivamente en el marco de una puerta.

¿Pero y quién es este señor?, fue la pregunta inmediata. Y por supuesto, era cuestión de escucharlo hablar un momentito para que nos diéramos cuenta de que, lo menos, era caribeño. Y no es cosa de que los caribeños no sean la gente más simpática del mundo, que lo son. Es gente amable y graciosa. Así que ahora que están de moda los caribeños en Bolivia, era cosa de apostar si el ciudadano de verba enguerrillada era cubano o venezolano. Hasta que habló, lacrimógenamente, del comandante Hugo Chávez, y todo quedó en claro. Era venezolano. Pero, ¿educador? ¿oculista? ¿alfabetizador? Nada de eso: era el embajador de Venezuela en persona.

¿Pero es que no se había marchado ese otro señor Valero que se entrometió en la campaña del MAS en las elecciones pasadas? ¿Acaso no se había ido Valero, que andaba vivando al candidato Evo Morales por todas partes? ¿No habían enviado a otro que no fuera tan entrometido? Pues nada, el embajador Julio Montes ha llegado en reemplazo de Valero y ahí lo tenemos: metiendo sus narices donde no debe. Esta vez, el canciller Choquehuanca, aunque fuera tibiamente, le ha dicho, oficialmente, que se maneje con mayor cautela. ¡Albricias! ¡Esto hay que destacarlo de verdad! Ahora habría que esperar que le llamara la atención su propio Canciller y que le dijera que fuera un poco más discreto en su intromisión política. Peor, el canciller venezolano, don Nicolás Maduro, apoyó al Ribbentrop caraqueño y dijo que la culpa la tenía Estados Unidos por querer ´enemistar a nuestros pueblos´. ¡Santa palabra!

Hay que hacer, que, por lo menos, los embajadores nos respeten. Ya no sólo son algunos jefes de Estado los que meten sus manos en Bolivia groseramente, sino que también, sus representantes. Porque el de Cuba no se queda atrás. Parece el guardaespaldas del Presidente. Se lo divisa a la distancia, enorme, con lluchu, poncho, sombrero de tarabuqueño o de saó. Siempre aplaudiendo a rabiar y bailando cualquier ritmo nacional a puro oído. Pero, por lo menos, no incita al enfrentamiento como su colega. Baila, se pone en cuclillas para comer el aptapi, bebe chicha y aplaude. ¡Cómo extrañará la ropavieja! ¡Los frijolitos! ¡Los mojitos! ¡La salsa! No dejan de ser unos héroes estos embajadores: madrugadores, caminantes, con estómagos a prueba de piedra, que no pierden tilde de lo que dice S.E. para informar a sus gobiernos. Menos mal que lo que dice S.E. en un lugar lo repite en el siguiente.

¿Sabrá el embajador venezolano lo que es ser persona ´non grata´? ¿No le habrán advertido que cuando un embajador se pasa de la raya ante un Gobierno, primero se le advierte y luego se lo echa del país? Claro, no faltarán quienes digan que más entrometidos son los embajadores gringos. Pero, que recordemos, no es cierto. A ninguno hemos visto detrás del Presidente por montes y páramos desde el amanecer. Aparecen cuando hay algo para donar o inaugurar y luego se van. Porque los periodistas, además, no los dejarían vivir en paz. A los de Cuba y Venezuela ya no les preguntan nada, de tanto verlos. Es hora de decirles a los excelentísimos que guarden el comportamiento debido.

 

Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor:Este comentario fue originalmente publicado por La Razón, 15 de Octubre del 2006. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores. Petroleumworld no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por esta publicacion, por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.

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