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Comentario Editorial/Opinión

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Winston Estremadoiro:
Pan y circo de las nacionalizaciones



Caminando por ahí el día después del remezón del Decreto 28701, me encontré con gente que preguntaba qué pensaba de la nacionalización de hidrocarburos. Contesté con evasivas, porque abundar daba para largo. Solo frente a la pantalla, me dejé tocar las fibras del alma por el piano de Dave Brubeck y el saxofón de Paul Desmond, para ensayar respuestas, como ellos, con ritmos inusuales sobre la trama de formas antiguas.

Pan y circo ya eran artificios para encandilar a las masas, en la época de los leones descuartizando cristianos en los coliseos romanos. En la nacionalización como circo mediático con fines políticos, solo han variado los compases. Con el agravante de que en la Bolivia de Evo tenemos más circo y menos pan que en la Roma de Nerón.

Sobre la nacionalización de hidrocarburos soy demasiado sabido para dejarme encandilar con fuegos de artificio: conozco suficiente historia y economía para diferenciar un populista demagogo de un estadista constructor. Tengo marcas de la vacuna que me hace inmune a versiones modernas de la rubéola de hacer revolución de cafetín o de plazuela, de cambiar las cosas con la varita mágica del blablá, para engendrar vástagos defectuosos y de menor valía.

Hoy se hacen loas a las tres nacionalizaciones bolivianas, como si fueran hitos heroicos. Hay que ver el trasfondo de verdad detrás del mito: no fueron gratuitas. La primera costó $1.7 millones que hoy equivaldrían a 20 veces más. Fue hecha en 1937 por un militar golpista, preocupado de lavar el cerebro a los bolivianos para no enfrentar a la historia, que hoy le acarrearía juicio de responsabilidad por su ineptitud en la Guerra del Chaco. Fue endilgado de socialista, por la “expropiación” de la Standard Oil y otras leyes de avanzada que le soplaron asesores civiles. Porque no fue ilustrándose con libros que pasó la contienda emboscado en la retaguardia. Su única gesta bélica fue la retirada de Picuiba, que le regaló al Paraguay ese Gabino Mendoza donde algo de hidrocarburos acaban de encontrar.

La segunda nacionalización provino de otro militar golpista. Para justificarse en el poder se rodeó de una variopinta gama ideológica de políticos y militares. Asumió poses de revolucionario con una nacionalización de mucho ruido y pocas nueces. Cuenta un técnico de los que tomaron los pozos petroleros a la Gulf, que por la alharaca y escasa planificación, los gringos tuvieron tiempo de cerrar los pozos. Bajo YPFB, reanudar los procesos significó una baja de cerca de 8.000 barriles/día en la producción anual del país, que nunca se pudieron recuperar. Multiplíquenlos por 365 días por 35 años por $10/barril (hoy vale más de $70): más de mil millones de dólares. Encima, el patrimonio de la Gulf fue pagado dólar por dólar, callarus nomás, en $78 millones que hoy equivalen a 10 veces más, superando el valor real de los activos, sin flamear banderas ni que marcharan militares armados en poses heroicas.

La tercera nacionalización, ¡la primera del siglo 21! dice un vicepresidente metido a xenófobo en sus arengas, por tercera vez en una década ha hecho escarnio de la fe del Estado boliviano. Aceptable, cuando se lo hizo renegando de la capitalización y sus entreguismos entre bambalinas. Ponderable, cuando se legisló una Ley de Hidrocarburos más equitativa, que aumentó la carga a las empresas petroleras a más de 70% entre regalías e impuestos. Mal, cuando vuelve a patear el tablero con el decreto 28701, para morder otro poco, haciendo esfumar inversiones adicionales, cuando ni siquiera se había terminado de reglamentar la nueva Ley y renegociar nuevos contratos con las renuentes, pero ya resignadas, petroleras.

Y me doy cuenta que la batalla que se libra hoy en el escenario político boliviano, no tiene que ver con la pobreza, con la salud de la economía, con el desempleo, con la emigración de los mejores adonde fuese, a trabajar de lo que sea. Sí, tiene que ver con el poder político. Con la sórdida lucha para buscar sustento político para una conspiración neopopulista y autocrática. Cierto, que reemplazó a un régimen neoliberal de politiqueros tradicionales y rateros, esos que nos han puesto en bandeja –por asco y de hastío- a un Evo Morales en camino a ser otro Hugo Chávez.

Detrás de la decisión boliviana de nacionalizar sus hidrocarburos, está el mentor de Evo Morales: el inefable presidente de Venezuela. Pero dar mensajes amistosos a Brasil y España, para luego sopapearlos con el D.S. 28701 es una estupidez geopolítica: ser el ahijado opa del eje La Habana-Caracas-La Paz, con el que poco nos une. En vez de la ahijada adulada del coloso brasileño; de ser proveedor del pujante Chile. De convertirnos en el nodo energético, único e indiscutible, del Mercosur. Más aún, es una estupidez económica preferir como socia de un insolvente YPFB a una desmantelada PDVSA, en vez de la exitosa amalgama de Estado y empresas ricas en tecnología y dinero que es Petrobrás. Para muestra va el botón que Venezuela cerró miles de pozos productivos por ineficiente. Que acaba de comprar petróleo a Rusia por $2.000 millones de dólares. ¿Por qué? Porque el emporio petrolero caribeño, carcomido por Chávez y su demagogia, está en problemas: esa operación es la única manera para cumplir con sus contratos y evitar cuantiosas multas.

La tal nacionalización de los hidrocarburos tiene más que ver con poner en los ojos una venda de ilusión, maravillar con un pase de prestidigitación, a los ilusos compatriotas que creen –y parecen ser los más- que el progreso de los pueblos se hace de palabrerías. Doble contra sencillo a que remontará el Presidente Morales la reciente pérdida de 25 puntos en encuestas de popularidad de su gestión populachera. ¿Durará la obnubilación hasta que la Constituyente prorrogue a un autocrático Evo Morales, como hiciera a su padrino venezolano?

 

Winston Estremadoiro es antropólogo. (winston@supernet.com.bo). Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por La Razón, el 12 de Mayo del 2006. Petroleumworld Bolivia no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.

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Petroleumworld Bolivia 15 05 06

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