José
A. Valdez :
La confiscación del Bonosol
Es irónico pensar que el Gobierno con
mayor votación populista en Latinoamérica
esté cometiendo el mayor despojo del
pueblo más pobre de la región.
La historia comienza en 1993-97 cuando el Gobierno
boliviano inicia el proceso de atracción
de inversiones más significativo en la
historia de Bolivia. El esquema en forma simple
consistió en buscar socios que aporten
capital y tecnología a cambio de participación
en empresas estratégicas. El Estado se
asoció con los inversionistas en forma
equitativa, aportó sus activos y derechos,
los inversionistas el capital y la administración
especializada y juntos crearon las nuevas empresas.
Hasta ahí el esquema no variaba significativamente
a otros conocidos entonces, sin embargo la reforma
llegó aún más lejos, lo
novedoso y extraordinariamente revolucionario
consistió en que el Estado boliviano,
en un paso simultáneo a la atracción
de socios, transfirió sus acciones a
título gratuito en beneficio de todos
los bolivianos mayores de edad.
Lo anecdótico del caso
es que el mismo partido político que
peleó por la estatización de empresas
en sectores estratégicos, 50 años
más tarde decide transferir del Estado
directamente a la población esa misma
riqueza pero con un potencial mayor por la inversión
y administración privada. Sin llamarse
socialista y sin el respaldo popular del que
ahora se tiene, el Gobierno se privó
de manejar la riqueza de las empresas estatales
a favor de los ciudadanos bolivianos, la experiencia
más radical de distribución de
riqueza en la historia de Bolivia y también
la menos comprendida.
Desde entonces, la clase política,
en todas sus formas, tradicionales o no, no
ha cesado de tratar de retomar el control de
esa riqueza que, gracias a la inversión
y administración, cada año se
vio multiplicada hasta lograr posicionar al
país en un lugar privilegiado internacionalmente,
en especial en el área de hidrocarburos.
Los gobiernos sucesivos, en
vez de mejorar el sistema para defender los
derechos de los bolivianos como socios igualitarios,
de aumentar la participación de sus beneficios,
de mejorar la regulación a través
del Estado para proteger la riqueza transferida,
decidieron ir por el camino más corto,
revertir la reforma y retomar el control de
la riqueza a través de gobiernos de turno.
En el proceso, los partidos
a cargo del Gobierno distorsionaron los logros
de la reforma, no prestaron atención
al incremento en la densidad telefónica,
a la creación del excedente de energía
eléctrica, al posicionamiento del país
como segundo productor y exportador de gas.
Le mintieron al pueblo y lo confundieron, primero
le dijeron que no existían las acciones,
que el título de propiedad era difuso,
que dichas acciones no valían nada, finalmente
le dijeron que las transnacionales se quedaron
con todo y que era necesario recuperar las empresas.
El Bonosol, que en 2005 se financiaba mayoritariamente
por los $us 80 millones de utilidades de una
sola empresa petrolera, siempre fue una presencia
incómoda en el espectro político,
nunca relacionada a la distribución de
la propiedad a los bolivianos.
El primero de mayo de 2006,
finalmente el Gobierno con mayor votación
popular decide enajenar a los bolivianos de
sus acciones. La medida presentada como una
nacionalización de la propiedad de empresas
transnacionales, en realidad comienza por la
tajada más simple, el despojo de la población
boliviana, con los beneficiarios más
conscientes pero también más débiles,
los ancianos.
Con
el decreto del primero de mayo, Bolivia vuelve
a las épocas más funestas, aunque
sus autores no pretendan aquello... al resurgimiento
de la clase política sostenida por el
prebendalismo, a la creación de un Estado
que permite a los políticos de turno
el control de los puestos de trabajo y acceso
a la riqueza económica para su perpetuación.
Mientras tanto los bolivianos más pobres,
los que recibieron por primera vez un derecho
tangible en la propiedad del Estado, serán
una vez más postergados con promesas
incumplibles.
José
A. Valdez es
economista.Los
puntos de vista expresados no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente
publicado por La Razón, el 23 de Mayo
del 2006. Petroleumworld Bolivia no se hace
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