Silvia
Rivera Cusicanqui:
La
Asamblea Paralela
Ante la exclusión formal de los "usos
y costumbres" y de las formas propias de
representación popular, ¿qué
se puede hacer entonces? Edgar Patana y otros
dirigentes de El Alto, excluidos de las listas
de candidatos, han propuesto la creación
de una Asamblea Paralela
Uno
de los temas más controvertidos de la
convocatoria y formas de elección de
representantes a la Asamblea Constituyente a
ser instalada en agosto en Sucre es la exclusión
de la demanda de representación directa
por parte de las organizaciones que representan,
o dicen representar, a los pueblos indígenas
mayoritarios en Bolivia. Organizaciones como
Conamaq, Cidob y otras demandaban, si mal no
recuerdo, 26 delegados escogidos "conforme
a sus usos y costumbres", es decir, por
modalidades asambleísticas, consensuales
y deliberativas de elección, lo que implica
un control social de la base sobre el o la dirigente,
e incluso su revocabilidad.
La
demanda indígena fue desoída por
el MAS, y se procedió bajo la lógica
liberal de "a cada ciudadano un voto",
con listas por mayorías y minorías.
Sin embargo, debemos todavía debatir
el porqué del fracaso de la propuesta
indígena, y qué posibilidades
hay, en las actuales circunstancias, de revertirlo.
Primero,
que la demanda indígena debió
extenderse más allá: la COB, la
COR de El Alto y otras departamentales, las
federaciones afiliadas a la Csutcb al igual
que las "Bartolinas" deberían
elegir representantes, cada quien a partir de
sus propias prácticas y estilos de democracia.
Si el país es pluricultural y multiétnico,
las formas de elección de representantes
también deberían ser diversas.
Esto es lo que plantea Denise Arnold en un reciente
trabajo, lamentablemente desoído a la
hora de estructurar ese ente prodigioso que
tendrá la tarea, nada menos, que de refundar
el país.
¿Por
qué esta disputa por la representatividad?
Porque están en juego modelos distintos
de democracia, el uno basado en el ciudadano
igual, el individuo racional de occidente, el
otro en el sujeto colectivo, que emerge de la
deliberación y la formación de
consensos comunitarios. En Bolivia, esta oposición
está ejemplarmente metaforizada por la
adscripción de Álvaro García
Linera a la corriente jacobina de la Revolución
Francesa, cuyo emblema de "libertad",
"igualdad" y "fraternidad"
ha sido reiteradamente bloqueado en la Bolivia
colonial y racista a la que hay que "dar
la vuelta" en este mundo al revés.
La otra Bolivia, a la que desdeñosamente
liberales y marxistas llaman "corporativa",
no es sino la patria real de la organización
productiva, de la sociabilidad mercantil y festiva,
de la identificación cultural con regiones
y paisajes. Y es en la energía creativa
y productiva de esta patria donde reside la
única posibilidad de refundar Bolivia.
Ante
la exclusión formal de los "usos
y costumbres" y de las formas propias de
representación popular, ¿qué
se puede hacer entonces? Edgar Patana y otros
dirigentes de El Alto, excluidos de las listas
de candidatos, han propuesto la creación
de una Asamblea Paralela. Estoy de acuerdo con
esta propuesta, a condición de preguntarnos
¿qué poder y capacidad vinculante
tendrá? ¿Será posible que
de ella emane la plataforma de lo que hay que
cambiar, el diseño del país que
queremos?
Creo
que esto último es posible, mediante
un asambleísmo permanente y deliberativo,
que los organismos de la sociedad civil -la
COR de El Alto y otras regionales, la Csutcb
las Fejuves y comités cívicos
regionales, las Bartolinas, Conamaq y otras
organizaciones indígenas- en un proceso
a través del cual el pueblo votante pueda
dotarse de un espacio para formular sus propuestas
y para demandar la inclusión de las mismas
en el diseño de país que surgirá
de la Constituyente. La posibilidad de que estas
plataformas -la plataforma de la tierra-- territorio,
de la coca, de los hidrocarburos, de la biodiversidad,
de las regiones y formas de gobierno- surjan
de las deliberaciones y consensos de la sociedad
civil es enteramente viable. Así, la
Asamblea Paralela propuesta por los dirigentes
alteños podrá generar los insumos
y demandas que los representantes de la Asamblea
oficial tendrán que usar para la formulación
de una nueva Constitución Política
del Estado.
En
ésta y las próximas entregas de
la columna Solid/taria, iremos desmenuzando
las posibles modalidades orgánicas y
contenidos temáticos que a nuestro juicio
deberían nutrir al organismo paralelo.
De plasmarse esta iniciativa, podrá dotar
a los constituyentes electos de instrumentos
para no equivocar el rumbo, para no creer que
las palabras ilustradas lo pueden todo, o que
las cúpulas partidarias lo saben todo.
Silvia
Rivera Cusicanqui
es socióloga, docente emérita,
Universidad Mayor de San Andrés ( yatichiritwa@yahoo.)
.Los
puntos de vista expresados no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente
publicado por La Razón, el 25 de Mayo
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