Todos
los días alguien critica los «supercálculos»
en inversiones de infraestructura, ingeniería,
costo social y ambiental relacionados a la propuesta
venezolana de supergasoducto sudamericano que transportaría
gas y líquidos hasta el Sur del Continente.
En
Brasil entienden que la no participación del
gas boliviano en ese proyecto sería impensable,
además porque no muestra factibilidad económica,
y porque adicionalmente es un verdadero atentado «de
muerte» contra el último pulmón
mundial ambiental: la Amazonía porque parte
en dos la gran sabana venezolana.
La
colosal obra de infraestructura -proyecto faraónico
de casi 10 mil kilómetros de trazo con capacidad
de transporte de hasta 180 millones de metros cúbicos
diarios, con costes de construcción e ingeniería
de más de 25 mil millones de dólares-
¿elevaría el precio del gas venezolano
para el consumidor final argentino, brasileño
o uruguayo?
El
proyecto surge porque Brasil, Chile y Argentina promueven
formas de prevenir ser «dependientes»
de la energía boliviana, de manera que próximamente
en Caracas evaluarán la efectividad del proyecto,
en sus aspectos económicos, ambientales, de
ingeniería, trazado, financiamiento y regulaciones.
Para dar vida al supergasoducto Venezuela tendrá
que empezar a producir más petróleo
porque aunque es la primera reserva suramericana de
gas ( 4.2 billones de metros cúbicos) éste
viene asociado con condensado, lo que obligará
a buscar nuevas formas de almacenarlo y/o comercializarlo.
Y
no se termina de dilucidar, por ejemplo, si efectivamente
el gas boliviano será «agregado»
al megasoducto para comercializarlo en la subregión.
¿
Cuánto costaría el gas para el usuario
final? No se sabe, porque la propuesta de «tarifa
estampilla» (que prorratea costos de transporte)
trae de la mano subsidios a consumidores más
alejados del centro productor en desmedro de otros.
Con éste contexto de incertidumbres políticas,
económicas y tecnológicas ¿qué
Banco financiaría la obra?.
De
cualquier forma es más barato invertir en desarrollar
las reservas bolivianas y mercadearlas por el mercado
regional y captar fondos para aliviar la microeconomía
boliviana. Porque mientras mejor andamos en «lo
macro» la gente sigue sin empleo, sin dinero
y sin posibilidad de avanzar (producto de sucesivos
desgobiernos y ahí estamos...) y aquí
vienen a ofrecernos megasoductos... De todas formas
la proximidad de un escenario altamente politizado
como la Asamblea Constituyente imposibilita pensar
en proyectos a escala en Bolivia en tanto las cosas
no se aclaren.