Extra
José G.
Justiniano : Inflación
El tema de la inflación está en el tapete, en la mente de los
nueve millones de bolivianos, al margen de la opinión del Gobierno que
se puso histérico y de los expertos de uno y otro lado que dieron su
criterio en los últimos días. Ya no es un tema técnico,
es un tema político de alta sensibilidad y ello explica la reacción
desproporcionada y mal enfocada del Gobierno para tratar el asunto.
Técnicamente existe inflación cuando existe un alza
generalizada de los precios, durante tres lecturas de tiempo, que a
veces son semanas y en otras quincenas. Es un falso dilema discutir
si hay o no hay inflación, de hecho el Gobierno ha programado
un nivel de inflación esperada del orden del 6 por ciento y
algunos analistas opinan que llegará a los dos dígitos.
A fin de cuentas si la demanda agregada crece por niveles arriba de
los históricos y/o la oferta monetaria se expande vía
el crecimiento acelerado de la masa monetaria estarán dadas
las condiciones para presionar hacia un aumento de los precios. El
tema de fondo es si ese proceso está debidamente controlado
y si las políticas públicas acelerarán el proceso
en ciernes o lo mantendrán en niveles aceptables de acuerdo
a una meta de defensa del salario real o de la programación
global de los índices macroeconómicos.
Las condiciones
macroeconómicas para que exista una presión
sobre el nivel general de precios colocan a nuestra economía
en riesgo para que se acelere la inflación si no se toman medidas
al respecto. Veamos.
Bolivia está teniendo ingresos extraordinarios muy importantes,
mayores a los existentes hace dos o tres años atrás.
Por un lado, los ingresos provenientes de las mayores exportaciones
fruto de precios altos de la mayoría de los bienes que Bolivia
exporta, parte de los cuales son ingresos fiscales mayores a los niveles
normales y que al ser monetizados y gastados ingresan a impactar a
la demanda agregada. Por otro, los ingresos crecientes de las remesas
de bolivianos que trabajan en el exterior y que parte de los mismos
son enviados a sus parientes los que al ser gastados presionan también
sobre la demanda y estamos hablando de montos muy grandes. Finalmente,
los mayores ingresos generados por la actividad ilícita del
narcotráfico que, pese a los argumentos del Gobierno, se ha
incrementado sustancialmente en los últimos años. Esos
ingresos pueden introducirse sin problemas a través del mecanismo
del bolsín y generalmente actúan a través del
contrabando, pero cualquiera sea el uso de esos dólares, parte
de los mismos ingresan también a la corriente monetaria como
moneda extranjera que circula sin problemas en las transacciones diarias
en todos lados y que presionan sobre la demanda agregada.
Adicionalmente,
existen causas de orden coyuntural, como los efectos de la contracción parcial de la oferta de alimentos por los
daños causados por la corriente del Niño y por el aumento
de los precios del trigo en el ámbito mundial, que nos impacta
especialmente en el precio del pan que es altamente sensible a la población
pobre y de clase media del país.
Finalmente, tenemos
que aceptar que Bolivia es actualmente el país
más barato de Sud América y a través de la inflación
importada y el aumento de los costos internos nos estamos encaminando
hacia una reducción de esa asimetría con efectos graves
hacia los asalariados que pueden perder en términos de poder
adquisitivo.
El tema político pasa por el hecho que digan lo que digan los
expertos y los personeros del Gobierno, la población ya incorporó en
su mente que estamos en un proceso inflacionario y eso se llama expectativas
inflacionarias, que es tan grave como la inflación misma. Esta
sensibilidad popular que se expresa en las amas de casa cuando van
al mercado, no podrá ser eliminada con las afirmaciones del
Gobierno que no hay inflación y con las acusaciones a los analistas
y medios de comunicación de ser los causantes del problema.
Se debe asumir
que estamos en un contexto de expectativas inflacionarias que pueden
ser controladas y que es mejor explicar las causas para
mejor conocimiento de la población y tomar medidas más
radicales para esterilizar parte del flujo de recursos que ingresan
al país, disminuir el gasto corriente, aumentar la inversión
pública y dejar de atacar a todo el mundo que opina sobre el
tema. La consigna mediática en estos caso no funciona, la gente
es más inteligente que los expertos, los políticos y
los analistas.
José Guillermo
Justiniano es
Senador por Santa Cruz (MNR).
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este articulo fue originalmente publicado por El Nuevo
Día, el 17 de julio del 2007. Reproducimos el mismo en beneficio
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17 07 07
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