Extra
Harold
Olmos : Chávez,
Lula y Mercosur
Mucho
antes que el siglo pasado llegara a la mitad, un insigne venezolano
acuñó una frase que aguijonearía a su país
a lo largo de la centuria, y aun después. "Hay que sembrar
el petróleo", dijo Arturo Uslar Pietri. No le hicieron
caso. Después, en los años de 1980, cuando los precios
del petróleo se disparaban incendiados por las guerras en el
Medio Oriente, Uslar recordaba que las arcas de Venezuela, entre 1970
y 1983, habían recibido más dinero que el que recibió toda
Europa occidental del Plan Marshall, lanzado por Estados Unidos para
la reconstrucción del viejo continente. Europa se levantó y
alcanzó a Estados Unidos en bienestar.
Pero Venezuela
no había cambiado como se podía haber
supuesto con tanta infusión de dinero. Tampoco parecían
levantados los soportes requeridos para un crecimiento sustentado en
el tiempo. Por esa época era impresionante la vista de los rancheríos
al recorrer la carretera construida por la dictadura de Marcos Pérez
Jiménez desde La Guaira hasta Caracas. El dinero que ingresaba
a raudales no había conseguido hacer de Venezuela un país
homogéneamente moderno, menos aún igualitario. Sobre
esa incapacidad administrativa, sumada a una colosal corrupción,
cabalgó el descontento sobre el que se montó el teniente
coronel Hugo Chávez para llegar a la presidencia.
En estos últimos años, el petróleo ha batido
de nuevo todos los récords. Antes, pensar en un petróleo
a 50 dólares el barril era una pesadilla. A estas alturas, con
el barril encima de los $70, aquel precio de pesadilla sería
una bendición para los consumidores, ricos y pobres. Con un
precio conservador de $40-50 el barril (2,1 millones de barriles de
exportación diaria en 2004), los ingresos de Venezuela serían
ahora de casi $100 millones diarios, o 3.000 millones al mes y 36.000
millones de dólares al año. Dinero, entonces, hay de
sobra. Pero los indicadores sociales de Venezuela continúan
configurando al país como nación en desarrollo.
"Venezuela -dice el periodista y economista Norman Gall, en un
denso estudio sobre aquel país- sirve como un ejemplo sobre
los costos de la degradación y del fracaso de las instituciones
públicas. La historia de Venezuela muestra el impacto de la
oleada de los ingresos petroleros sobre instituciones débiles.
Venezuela inspira tristeza, miedo e indignación frente a lo
que este desorden pueda traer."
El estudio (www.braudel.org.br)
es raro en la abundancia de detalles que ilustran muchas de las peculiaridades
venezolanas y de Chávez
en particular que, a su vez, explican algunos de los temores del congreso
de Brasil y de Paraguay para aprobar el ingreso de ese país
al Mercosur. Entre ellos, la compulsiva tendencia de Chávez
a involucrarse en asuntos de otros países.
Hace algún tiempo, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva
comentó a un periodista que hablaba mucho con su colega venezolano
Hugo Chávez y que solía aconsejarle comportarse de modo
que no crease problemas a otros países. Era la época
en que Chávez se preparaba para plantear su ingreso a Mercosur.
Ahora, la cautela de los congresos de los dos países en franquear
el acceso venezolano ha irritado al líder de ese país.
Chávez dijo que si hasta septiembre ese ingreso no está expedito,
no le interesará más ser parte del grupo. Con Venezuela
dentro, Mercosur ganaba un poder financiero formidable (un PIB de 172.000
millones de dólares, 20 veces el de Bolivia, que se sumaba a
los de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay para conformar una pastel
holgadamente superior al billón de dólares, o al trillón,
en la medida estadounidense.) La respuesta no se hizo esperar. El canciller
brasileño Celso Amorím dijo que Chávez debería
pedir disculpas al congreso de su país, que no acepta, dijo,
ultimátum alguno de nadie. Y el senador paraguayo Juan Carlos
Ramírez, de la comisión de relaciones externas, consideró las
declaraciones de Chávez
"un insulto". Anunció que Paraguay se tomaría
todo el tiempo necesario para pronunciarse. Chávez puede sentarse
a esperar y entretanto arreglar las valijas que apenas había
abierto.
Las relaciones
entre el Brasil de Luiz Inacio Lula da Silva y la Venezuela de Chávez han pasado de una condición de mutuo afecto
a un progresivo enfriamiento. Para felicidad de sus industriales, Brasil
encontró en Venezuela un mercado pródigo para sus exportaciones,
pero eso no ha evitado que, poco a poco, el tono cordial que predominaba
bilateralmente se convirtiese en lenguaje de confrontación.
La Bolivia de Evo Morales no es extraña a ese proceso. Su inicio
puede ser demarcado el 1 de mayo de 2006, cuando Bolivia nacionalizó (¿será?)
Petrobras y ocupó militarmente, en un despliegue de fuerza innecesario,
sus instalaciones. Mientras Venezuela puso a PDVSA "a la orden",
Petrobras y las demás empresas acusaron recibo del golpe y congelaron
sus planes de inversiones.
Resultado: hay
incertidumbre sobre la industria hidrocarburífera
boliviana. ¿Puede Bolivia expandir sus mercados? (Brasil no
quiere comprar más allá de lo contratado) ¿Puede
cumplir los compromisos actuales con Brasil y los futuros con Argentina
y a la vez cubrir su demanda interna? ¿Cuál es el nivel
real de sus reservas, al parecer en acelerada declinación?
Poco a poco se
vuelve evidente que Bolivia nunca debió malograr
la relación con Brasil, el único vecino capaz de incorporarla
a la economía global. Morales prefirió privilegiar las
relaciones con la distante Venezuela y sacrificar las que existían
con Brasil. Hoy las ventajas iniciales de la nueva política
petrolera se diluyen comparadas con las oportunidades perdidas.
¿Qué efecto tendría sobre la Bolivia de Morales
que Chávez se aparte de Mercosur? Del bloque Bolivia es sólo
un socio de sus cuatro miembros y perdería al aliado íntimo,
que podría haberle servido de puente de diálogo con el
grupo. Crecería su aislamiento ante los dos bloques regionales,
pues Chávez ya dispuso la salida de Venezuela de la Comunidad
Andina. En suma, como en el lenguaje militar, aparecería un
nuevo "daño colateral".
Harold
Olmos es
periodista es periodista boliviano (haroldolmos@hotmail.com ). Fue
director de la Associated Press en Venezuela y Brasil .
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este articulo fue originalmente publicado por Los Tiempos,
el 19 de julio del 2007. Reproducimos el mismo en beneficio de
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19 07 07
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