Extra
Leila
Cortez Pérez:
Un país que quiere transformarse
Días atrás cuando se anunciaba que campesinos llegarían
a Sucre para expresar su posición sobre la Asamblea Constituyente
y la capitalidad plena, se dejó sentada la posibilidad de enfrentamientos
con los grupos movilizados de la capital. Por enésima vez se
estigmatizó a campesinos y campesinas como violentos, una amenaza
para la población citadina -y por detrás, el desdén
racista-. El histórico 28 de agosto cuando se realizó un
paro cívico en 6 regiones se puso en evidencia que la violencia
tiene distintos rostros. Por eso fue histórico aquel día,
jamás olvidaremos las crueles imágenes de jóvenes,
agrediendo a hombres y mujeres, vendedores de mercados y otros transeúntes
que intentaron desarrollar sus actividades cotidianas.
Días atrás cuando se anunciaba que campesinos llegarían
a Sucre para expresar su posición sobre la Asamblea Constituyente
y la capitalidad plena, se dejó sentada la posibilidad de enfrentamientos
con los grupos movilizados de la capital. Por enésima vez se
estigmati zó a campesinos y campesinas como violentos, una amenaza
para la población citadina – y por detrás, el desdén
racista-. El histórico 28 de agosto cuando se realizó un
paro cívico en 6 regiones se puso en evidencia que la violencia
tiene distintos rostros. Por eso fue histórico aquel día,
jamás olvidaremos las crueles imágenes de jóvenes,
agrediendo a hombres y mujeres, vendedores de mercados y otros transeúntes
que intentaron desarrollar sus actividades cotidianas. En cambio, la
llegada y estadía de campesinos en Sucre los días previos
al paro, fue una muestra y ejemplo de civismo tal que dejaron minúsculos
a los Comités Cívicos.
¿Quién en sus cabales puede entender que se defienda
la democracia, que se llame movilización pacífica y movimiento
cívico a actos de amedrentamiento, persecución, invasión,
agresión y humillación a Cons tituyentes en Sucre; a
gremiales del mercado Abasto de Santa Cruz? para poner sólo
dos ejemplos. En mi modesto entender civismo es la convivencia pacífica
de los ciudadanos y ciudadanas en función a las reglas del juego
democrático y en base a valores como la igualdad y el respeto
a los derechos humanos y a la diferencia; recupero lo que sostiene
Victória Camps, catedrática de Ética de la Universidad
de Barcelona “civismo es, por encima de todo, la cultura de la
convivencia pacífica y solidaria”. Lo ocurrido en las
calles aquellos días es segregación racial e imposición
ideológica a fuerza de golpes.
Ahora, veamos los móviles de tan deplorables actos. Se constata
una desesperada acción por llevar al fracaso a la Asamblea Constituyente –casi
lo logran-. Cabe preguntarse por qué se oponen a este proceso
democrát ico de cambios, los temas de fondo son: la visión
de ! pa e;s, la propuesta de un Estado Unitario Plurinacional, Autonomías
más que las departamentales –léase bien, a los
autonomistas se les está diciendo SÍ queremos autonomía,
no nos oponemos a un régimen autonómico, pero queremos
autonomías también para los Pueblos Indígenas
Originarios, esto dice el informe de mayoría de la comisión
correspondiente que recoge la propuesta del Pacto de Unidad-, pluralismo
jurídico, ampliación de los derechos individuales –cuales
son las propuestas de los movimientos de mujeres- y de los derechos
colectivos, la reelección presidencial, un nuevo régimen
de tierras y distribución de los recursos naturales. Son muchos
y profundos los cambios, pero ¿quien dijo que se quería
una Asamblea Constituyente para hacer parches a la CPE, ¿acaso
desde el año 1990 y más claramente, el 2002 las marchas
indígenas campesinas que partieron desde el Oriente demandaban
por algunas reformas? La propuesta siempre fue clara: transformación
del Estado, refundación de Bolivia para eliminar la exclusión,
propuesta que se hizo carne más allá del movimiento indígena
campesino posteriormente en las movilizaciones ciudadanas del 2003.
Las zancadillas a la AC: que no puede ser originaria
y soberana, que los 2/3, que el referéndum autonómico sólo dice
autonomía departamental, que la capitalidad plena, hoy nos confirman
que habían sido bastantes los conformes con la partidocracia,
la democracia pactada, las privatizaciones, los latifundios, los ciudadanos
de primera y de segunda, la clasificación en indios y blancos;
todo aquello que durante los 25 años de “sistema democrático” construyeron
y consolidaron para sí y que les permiti acute; circular por
los espacios de poder, todo aquello que ! para ell os es democracia,
entonces sí valía hacer prevalecer la mayoría,
entonces era permitido el rodillo, entonces era aplaudida la represión
y el estado de sitio, entonces se aceptaba que los jueces y todo el
poder judicial responda a los gobiernos de turno, ¿la reelección? ¡No
la necesitaban! Para qué si igual estaban en el poder por turnos.
Por eso tampoco es extraño que se promueva y justifique la
movilización violenta para defender al Tribunal Constitucional,
a aquel fragmento del sistema judicial que en el 2002 negó la
Asamblea Constituyente cuando el presidente era Jorge Quiroga y éste,
junto al congreso de ese entonces, tuvo con eso la mejor excusa para
no viabilizarla ante la demanda plateada por la marcha indígena.
Como este hay muchos otros casos que son un amargo recuerdo para el
pueblo.
Hoy, los movilizados vestidos de demócratas dicen combatir
el totalitarismo, no se critique lo mismo que ya se hizo. Recordemos
sólo un episodio: hubo totalitarismo e incluso represión
cuando se puso en vigencia el D.S. 21060; también hubo totalitarismo
las reiteradas veces que se emitieron normas los 31 de diciembre por
la tarde o día antes de entregar el poder. Con velocidad sorprendente
en el parlamento –con la garantía de la mayoría
con la que contaban- se aprobaban paquetes completos, las más
de las veces, referidas a contratos que comprometían el patrimonio
del Estado a transnacionales; o concesiones de tierras, forestales
y otras.
¿Esa es la institucionalidad que se quiere restaurar?
Indígenas y campesinos junto al movimiento ciudadano son los
promotores del cambio, los excluidos por esa democracia que algunos
añoran. Es tiempo de equiparar las cosas, no de revanchismo.
Para equiparar h ay que redistribuir. Esto es que unos deben renunciar
a priv! ilegios y a otros se les debe otorgar bienestar, poder y justicia.
Para ello, la Asamblea Constituyente todavía sigue siendo el
mejor espacio, lo que implica, concesiones y renuncias ¡salvemos
la Asamblea Constituyente!
Leila
Cortez Pérez es
comunicadora de la Unidad de Acción Política
de CIPCA. Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este articulo fue originalmente publicado por Jornada,
el 7 de Septiembre del 2007. Reproducimos el mismo en beneficio de
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07 09 07
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Leila
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