Extra
Sergio
P. Luis: Ladrando
a la Luna
El título de este artículo es una locución verbal coloquial
que se aplica cuando alguien manifiesta “necia y vanamente ira o enojo
contra persona o cosa a la que no se puede causar daño alguno”.
Se aplica, además, a las provocaciones de quienes saben que la violencia
verbal será ignorada, despreciada…
Para
muchos resulta incomprensible que los insultos, las acusaciones infundadas
y los
ataques amargos se reiteren sin límites, arriesgando
a la nación a represalias. La pregunta, entonces, se repite: ¿Hasta
cuándo los “gringos” van a tolerar la agresión
verbal, las amenazas y las provocaciones del “bolivariano” de
Caracas y de nuestros segundones, en una campaña contra un sistema
de vida del que los estadounidenses están orgullosos? ¿Será que
no habrá consecuencias por tantos desafíos irresponsables
a un coloso que tiene el poder de ocasionar graves dificultades, sin
usar la fuerza? Lo cierto es que las reacciones de Washington, afortunadamente
para nosotros, por ahora son débiles y cautas ante las arengas
de odio cerril.
Habrá que hacer algunos esfuerzos para intentar explicaciones
sobre este fenómeno sin precedentes en las relaciones de Bolivia
con un país con el que tiene relaciones diplomáticas. ¿Será que
los gringos esperan que la reacción venga por inercia, como
la que provocará las estúpidas exigencias para exigir
visas a los turistas norteamericanos que deseen visitar Bolivia? En
efecto, la inercia podrá resultar en un “tiro por la culata”,
perjudicándonos a todos, en mentís a la ingenua y boba —¡hay
inefable e iliterato Choquehuanca!— declaración oficial
de que esta actividad no se verá dañada. Este resultado
sería la mejor respuesta a un régimen desorbitado, pero
nos va a afectar.
Hay
otros dos elementos a considerar que, seguramente, orientan al Gobierno
de los Estados
Unidos en el tratamiento de los “problemas” que
se originan en Venezuela y en Bolivia (Cuba ya se acerca al final de
su desenfreno extremista).
El
primer elemento: no hay en Sudamérica mejor socio comercial
para los Estados Unidos que Venezuela. Y los venezolanos, que venden
petróleo a los gringos, quieren preservar ese mercado seguro
y cercano. Por el otro lado, Venezuela es el mayor comprador en Sudamérica
de productos norteamericanos. Así es como mandan los negocios:
la provocación resulta “de dientes para afuera”,
o es la muestra de una doble moral. La sangre, mientras los beneficios
económicos mutuos estén a la vista, no llegará al
río.
La
segunda consideración: la cháchara agresiva del Gobierno
de Bolivia no es audible para el público estadounidense, ni
representa peligro para su seguridad o su salud económica. Estas
provocaciones inocuas no justificarían duras reacciones de Washington
ya que, si éstas se producen, podrían dañar más
aún su imagen prevaleciente de supuesta potencia abusiva, que
usa su preponderancia política, militar y económica para
forzar a todos a someterse a sus designios.
No
actuar ante estos “ladridos a la Luna”, para los Estados
Unidos es ignorar ataques —se reitera— sin efectos en la
práctica, ni destino en lo moral. Mientras tanto, en medio de
esos ladridos, continúa el vaivén de emisarios oficiales
del Gobierno a Washington, sin consistencia ética en sus propuestas
y declaraciones.
Sergio
P. Luis es profesional independiente. Sus puntos de vista no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este articulo fue originalmente publicado por La Razón,
el 19 de julio del 2007. Reproducimos
el mismo en beneficio de los lectores. Petroleumworld
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19 09 07
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