Extra
Mario
Rueda Peña:
Constituyente y puntos de vista…
La Asamblea Constituyente sigue siendo el epicentro del debate político
en el país. El rol que se le asignara desde el Palacio de Gobierno
(‘originaria’) y la pretensión de que las reformas
a la Carta Magna no las aprobase con dos tercios de votos, sino por
simple mayoría absoluta de sufragios, marcaron el inicio del
interminable culebrón politiquero en el que se ha convertido
la hasta ahora infructuosa insigne instancia deliberativa de la capital
de la República.
Al largo rosario de unidades temáticas que alimentan el conflicto,
se agrega ahora el asunto relativo al futuro inmediato de la Constituyente.
Sobre el particular, esta vez, oficialistas y opositores igualan sus
voces en el mismo tono conceptual. Consideran que se debe intentar
hasta lo imposible para que la Asamblea no muera y termine de hacer
cuanto le encomendara la respectiva ley de convocatoria.
Pero parece que a un elevado porcentaje del pueblo ni le va ni le viene
un eventual deceso de la Constituyente. Así lo sugieren los
resultados de una última encuesta.
Es que, ante la gente, la
Asamblea aparece cual ‘doña’ de preñez constitucional
espuria. Nada sugiere en ella gestación ‘refundacional’ alguna
de país. El hombre de la calle no necesita de radiografía
alguna para saber que la Constituyente no lleva el vientre abultado
por embrión insigne alguno (hasta hoy no aprobó un solo
artículo de la futura ley fundamental de la República),
sino por flatulencias originadas en dispepsias conceptuales y dogmáticas,
seguidas de ventosidades retóricas que, irritando a la oposición
y a los movimientos cívico-regionales, estimularon el actual
clima de confrontación.
En la élite intelectual no faltan quienes, respecto a mejores
días para el país, en términos de ascensos en
la economía y, sobre todo, en el desarrollo humano, le asignen
a la Asamblea Constituyente escaso potencial de cambio. No son pocos
los que en esta latitud social coinciden en que fue innecesario y hasta
imprudente convocarla. En lo que hace a los temas citados, apuestan
más bien a la economía que en todos los países
del mundo, respecto a los temas citados, constituye la madre del cordero.
Sin negar la interacción entre superestructura jurídica
(orden constitucional) y economía, lo cierto es que la primera
equivale a mera pero insigne señalización a seguir en
todos los ámbitos de la sociedad políticamente organizada
(Estado). No es flecha indicativa de prodigio inmediato alguno (empresa ‘refundacional’ de
país tan esplendoroso como el dios Inti), sino de camino largo
a seguir, ruta en la que la economía marca los avances, estancamientos
o retrocesos, con luces encendidas, opacas o apagadas, respectivamente.
Que estos focos fulguren depende de la idoneidad, el realismo y la
oportunidad de la gestión económica gubernamental. Si
no se las tiene, las luces se desvanecen. Lo peor es que de inmediato
los rayos y las centellas del conflicto empiezan a rasgar las sombras…
Mario
Rueda Peña es columnista. Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este articulo fue originalmente publicado por El Deber,
el 20 de julio del 2007. Reproducimos
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20 09 07
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