Extra
Enrique
Arteaga R.:
¿Somos
o no un país minero?
É
sta es la interrogante que nos tendríamos que plantear todos los bolivianos,
porque lo que está aconteciendo últimamente nos pone en pie de
duda si en realidad queremos desarrollar nuestra industria minera o no.
Ya
han escrito, repetitivamente, varios connotados analistas de la temática minera, sobre la gran pérdida de oportunidad
en la que estamos incurriendo (una vez más), como país,
al dejar pasar esta época de buenos precios en los mercados
internacionales de nuestros principales productos mineros, sin aprovechar
para un verdadero desarrollo del sector. Ya se han enviado variados
mensajes de alerta a las autoridades afines, sobre la desinteligencia
de adoptar medidas inadecuadas, al pretender introducir cambios radicales
en “las reglas del juego”. Colocando a Bolivia entre los
países que espantan a las inversiones, en lugar de atraerlas
en un momento en que el resto del mundo, incluyendo países comunistas
como China, hacen todo lo posible para atraer mayor flujo de inversión
extranjera.
Cómo es posible entender que en un departamento minero como
es Oruro, el señor Prefecto, en su condición de primera
autoridad, declare públicamente que: “su gobierno no autorizará la
actividad minera en Challapata”, bajo presión e influencia
de pequeños grupos de alto poder económico, y en desmedro
de la mayor parte de la población que demanda fuentes de trabajo.
Cómo es posible que, so pretexto de “distribuir mejor
los ingresos”, estemos pretendiendo incrementar, desmesuradamente,
las bases impositivas; lo cual según muchos analistas, disminuirá,
considerablemente, la inversión en nuevos proyectos. Es muy
posible que a largo plazo nos quedemos sin tener qué “distribuir
mejor”.
Cómo es posible que, luego de varias décadas de espera
para desarrollar las reservas de hierro en El Mutún, y luego
de varias licitaciones fallidas, demoradas negociaciones, y apenas
otorgado un contrato a la empresa Jindal Steel & Power, nuestro
Presidente pretenda entregar sin mayor antecedente, “la otra
mitad del yacimiento” a los venezolanos en clara y desigual competencia
a los nuevos inquilinos.
En
fin, son muchas las interrogantes que nos planteamos, los que estamos
cotidianamente
preocupados con el estado de la industria minera en
nuestro país. Sólo guardamos la esperanza de que nuestras
autoridades sepan “escuchar la voz del pueblo”, y como
plantea el periodista Oppenheimer en su exitoso libro Cuentos Chinos
no conduzcan al país a la lista de países espanta inversiones.
Enrique
Arteaga es ingeniero geólogo.Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este articulo fue originalmente publicado por La Razón
el 25 de julio del 2007. Reproducimos
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26 09 07
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