Extra
Federico
Mayor Zaragoza:
Economía
de guerra
La violencia no
debe justificarse nunca. Pero debe estudiarse para conocer sus orígenes, para contribuir a evitarla y a prevenirla.
Dos raíces principales: la miseria y el miedo. Hay que situarse
en la piel de los millones de seres humanos, que viven en condiciones
inhumanas. Las promesas para mejorarlas, reiteradas por los países
más prósperos, se han frustrado casi siempre. Y con el
transcurrir de días y años en esta situación de
desamparo, de exclusión, de humillación, se van extendiendo
los sentimientos de frustración, de animadversión, de
rencor, de radicalización, hasta el punto de que ya ninguna
solución parece posible. Y es entonces cuando estalla, a veces,
la reacción violenta.
Los líderes de la Tierra deberían ver cómo transcurre
la vida diaria de la mayor parte de la gente. Cómo son los caldos
de cultivo en los que se colman los vasos de la paciencia y de la serenidad
y, un día, de pronto, los hombres gritan: «¡Basta!»,
y, sin aguardar más usan la fuerza. La FAO da cifras estremece-doras:
alrededor de 60.000 personas mueren cada día de inanición. ¿De
verdad buscan “armas de destrucción masiva?”. Su
nombre es hambre.
Las brechas que
separan a los prósperos de los necesitados
han aumentado; los desgarros en el tejido social se han intentado restañar
con balas en lugar de con ayudas, diálogo y entendimiento.
Se quiera o no
reconocer, a finales del año 2007 estamos abocados
a una economía de guerra que concentra en muy pocas manos el
poder económico, y que recurre a toda clase de pretextos para
alcanzar colosales proporciones. La guerra de Iraq, basada en supuestos
falsos, fue un gran impulso para la maquinaria bélico-industrial.
Ahora, a los escudos antimisiles, que representan la ruptura de los
acuerdos tan difícilmente alcanzados al término de la
guerra fría, se añade el rearme masivo no sólo
de Israel sino de todos los países del Golfo: 46.000 millones
de euros. “Si quieres la paz, prepara la guerra”.
La amenaza a Irán costará miles de vidas, víctimas
del círculo vicioso de la economía de mercado, que perpetúa
la pobreza, y de la economía de guerra, que intenta solucionar
una vez más los grandes retos de la humanidad por la fuerza.
Estados Unidos lidera y los demás países prósperos
dejan hacer. La Unión Europea, que debería ser símbolo
de la cultura de paz y de la democratización en el mundo, sigue
ocupada en problemas estructurales que le impiden llevar a cabo su
misión de guía y de vigía.
Es urgente humanizar
la globalización, reducir las desigualdades
y conseguir que los flujos migratorios constituyan una opción
y no el camino forzado de los marginados. Poner a los seres humanos
como objetivo prioritario. Al amparo de la lucha contra el terrorismo,
los regímenes autoritarios promulgan leyes restrictivas de las
libertades y se saltan, ante unos aliados que asienten o que miran
hacia otro lado, las normas jurídicas de amparo de los prisioneros
para evitar la tortura y el tratamiento indebido. La seguridad no debe
garantizarse a costa de los derechos humanos.
La globalización no repara en las condiciones laborales, en
los mecanismos de poder, en el respeto de los derechos humanos. A través
de megafusiones, el panorama mundial no sólo se ha enrarecido
e incrementado en desigualdades sino que se han desvanecido las responsabilidades
que correspondían a quienes desempeñaban las funciones
de Gobierno en nombre de sus ciudadanos. No sólo los aspectos
económicos y sociales, sino el impacto ambiental, la uniformización
cultural, el decaimiento de las referencias morales dependen en buena
parte del poder sin rostro de grandes empresas multinacionales.
Es apremiante que
los líderes occidentales se den cuenta de
que “estar muy bien en casa” no puede hacerse a costa de
muchos habitantes de la Tierra. El destino es común. Y no sirve
de nada cerrar puertas y ventanas.
Y menos aún convertirlas en espejos de complacencia. Es hora
de responsabilidad. De pasar de la fuerza al diálogo, a la democracia
auténtica. Es tiempo de llevar a efecto la profecía de
Isaías: “Convertirán las lanzas en arados”.
Que nadie diga que no es posible. Que lean el discurso La estrategia
de paz, del presidente John F. Kennedy, en la American University de
Washington DC el 10 de junio de 1963: “No podemos aceptar que
la paz sea inalcanzable, que nos hallamos bajo el efecto de fuerzas
que no podemos controlar. Ningún problema del destino de la
humanidad está más allá de la capacidad creadora
de los seres humanos”.
Federico
Mayor Zaragoza es Presidente
de la Fundación Cultura de Paz. Sus puntos de vista no
necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este articulo fue originalmente publicado por Jornada,
el 9 de octubre del 2007. Reproducimos
el mismo en beneficio de los lectores.
Petroleumworld
no se hace responsable por los juicios de valor
emitidos por esta publicacion, por sus colaboradores y columnistas
de opinión
y análisis.
Nota
del Editor: Petroleumworld alienta a las personas a reproducir, reimprimir,
y divulgar a través de los medios audiovisuales e Internet,
los comentarios editoriales y de opinión de Petroleumworld,
siempre y cuando esa reproducción identifique a la fuente
original, http://www.petroleumworld.com y se haga dentro de el uso
normal (fairuse) de la doctrina de la sección 107 de la Ley
de derechos de autor de los Estados Unidos de Norteamérica
(US Copyright)Internet Web links hacia http://www.petroleumworld.com.ve
son apreciadas.
Petroleumworldbo.com
09 10 07
Copyright ©2006
Federico Mayor Zaragoza.Todos
los Derechos Reservados.
Envie
esa nota a un amigo