Extra
Sergio
P. Luís:
De
la malhadada
asamblea constituyente
Siento que acaba
mi inicial aislamiento por ser parte de los pocos que pensamos desde
el inicio que la archifamosa Asamblea Constituyente
fue, y es, un solemne disparate. Nunca creí que así se
iba a construir la base de una nueva y más justa organización
social, “refundando” un país orientado a la modernidad.
Fue evidente que la violencia de febrero y octubre de 2003, no garantizaba
condiciones para diseñar una nueva ley fundamental, nacida del
consenso ciudadano.
Luego, me preocupó –y aún me preocupa– la
locura del populismo que propone convertir a Bolivia en una nación
anacrónica, asentada en instituciones del Incario, lejano en
el tiempo y que, hasta su disolución, no había descubierto
la rueda; que sus instituciones políticas, su economía,
su organización social y su ordenamiento jurídico son
inaplicables en el Siglo XXI. Junto a esto, creí, y sigo creyendo,
que se debe proteger las expresiones del folklore, como valores culturales,
pero también, y sobre todo, que la Nación merece ser
moderna, eficiente y próspera.
Ahora ya no son
solitarias las ideas de que el cambio, sin que se haya revelado cuál, es un cheque en blanco para una constituyente
improductiva, dispersa y dividida por el sectarismo que promueve el
propio populismo, acompañado por la incoherencia de una oposición
desorientada. Fue, simplemente, un punto de la llamada “agenda
de octubre”.
Y ya se sabe que
con este capricho del M.A.S., se correelo riesgo de abrir una puerta
para que, en el futuro, cuando a algún “iluminado” se
le ocurra que hay que hacer nuevos cambios proponga, y lo consiga,
que se convoque a otra disparatada asamblea constituyente, para “reconstituir” la
Nación boliviana, tan remendada por la enfermedad del cambio
constante que nos dejó a la zaga entre nuestros vecinos. Vamos
nomás hacia la también anacrónica “revolución
permanente”.
Es cierto que las
constituciones no son eternas. Es también
cierto que hay tiempos en los que tiene que venir el acomodo -el "aggiornamiento"-
institucional, jurídico y económico, para que no quedemos
rezagados. Esta posibilidad de actualización, o como quiera
llamarse, estaba prevista en la propia constitución vigente.
Si, pero sin fanfarria e inconsciencia; sin la irresponsabilidad de
los que ahora presiden esta instancia al borde del fracaso. ¡Por
eso, ojalá se acabe la pesadilla y termine este demagógico
experimento sin incurrir en mayores insensateces!
Quedó en el olvido que la asamblea constituyente fue una propuesta
electoral de un confundido candidato presidencial que, ahora, en una
Prefectura –la de Cochabamba– se siente agobiado por su
ineficiencia e incuria, y que denuncia sin pruebas, en el mejor estilo
del populismo, atentados en su contra. Fue la iniciativa del ignaro,
saludada por el populismo que ya buscaba llegar a lo de “Bolivia
cambia, Evo cumple”.
Se dirá que entre los cambios buscados, la autonomía
regional, como sustitución del modelo centralista ya caduco,
sólo se consagra con una nueva ley fundamental. Esto es una
majadería. La autonomía tenía que ser –y
ya es– el resultado de la convicción ciudadana; no de
la decisión de constituyentes entrampados.
Leí que, con la asamblea constituyente, se iba a crear una “Caja
de Pandora”. Al final, se la creó, y los demonios salieron
de ella; están deambulando con la tarea de destruir una República
que es fruto, tanto del milagro, como de la visión de estadistas
que precautelaron su pervivencia.
Sergio
P. Luís es
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09 10 07
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