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Comentario Editorial/Opinión

 

 

Winston Estremadoiro:
La base ideológica de Evo
 

Esta es la primera nota de algunas en las que ejerceré de antropófago político de los candidatos en las próximas elecciones, festín que degustaré provisto del digestivo de no cargar el palanquín de ninguno. Hastiado de la futilidad de votar por el menor de los males, cuando quien ganará es el que reparta mejor los talegazos de la componenda, eso que los políticos, pomposos, llaman alianza. Empalagado, además, de la simplonería de la dicotomía izquierda-derecha, que tiene a los candidatos en brega hipócrita de adueñarse del centro del espectro político.

Precursor de la película La invasión de los roba-cuerpos, de niño y en noches de tormenta salpicadas de rayos y centellas, en Riberalta me aterraba el cuento de un viudo que mató a la suegra, la descuartizó y tanto la quería que se la morfó de a poquito. Luego volvía el esperpento y se iba aproximando a la vivienda del querendón; in crescendo —dicen los musicólogos— repetía tilín tilón, estoy saliendo de mi tumba; tilín tilón, estoy llegando a tu casa, etc. Según lo hábil del cuentista, cuando llegaba a tu cama, y gritaba un final tilín tilón, ¡quiero mi pierna! agarrando la tuya, uno estaba listo para orinar los pantalones cortos.

Traviesa mi musa que me hace pensar en Evo Morales en el contexto del tilín tilón. Quizá es porque aunque pequebú confeso, soy crítico de la burguesía boliviana. Percibo que a muchos compatriotas culoentalcaos —como les dicen en mi tierra— les ha venido tembladera con el déjà vu —sensación de haber vivido algo antes— de 1971: asambleas populares, nacionalización de campos petroleros y minas; amenazas de justicia comunitaria, invasión de propiedades rurales y expropiación de casas y apartamentos urbanos.

No veo tan apocalíptico el panorama. Apoyo mi aserto nada menos que en las corrientes ideológicas contemporáneas que el P. Gregorio Iriarte o.m.i resume en su última obra: La globalización, el neoliberalismo y la post modernidad (Editorial Kipus, Cochabamba, 2005). Según él, ante el neoliberalismo que propugna la hegemonía del capitalismo, cuya matriz dice que es la globalización, hay una dupla de propuestas alternativas: una, la tercera vía; dos, la post-capitalista.

La primera “acepta al mercado como un motor de la economía, a condición de que se limiten sus efectos más perversos e inhumanos”; “propone regularizar y humanizar el capitalismo neoliberal, sosteniendo que las grandes injusticias sociales y la destrucción sistemática del medio ambiente únicamente han de encontrar solución con una presencia más significativa del Estado”. Ante la economía libre de mercado neoliberal, la tercera vía propugna la economía social de mercado. Veo esta corriente como neo-Keynesiana, ya practicada en mayor o menor grado por muchos países de sólida economía que propician procesos de mejor distribución de la riqueza entre sus ciudadanos.

La segunda riada ideológica “plantea organizar la economía sobre bases diferentes al capitalismo y a la economía de libre mercado”. No la conciben como generadora de “un máximo de ganancias, aumentando los índices productivos y de crecimiento”, sino como actividad que genere bienestar, “mejorando la calidad de vida de toda la población”. Dentro este abigarrado conglomerado “se dan muchas variantes, desde la izquierda revolucionaria o anarquista, que piensa únicamente en la toma del poder por la fuerza revolucionaria de las masas, hasta los grupos nostálgicos, generalmente ex comunistas, que sueñan el retorno al estatismo soviético”. Añade Iriarte que acompañan a esta corriente, a la que percibo más como neo-comunista que como post-capitalista, “una pléyade de movimientos y organizaciones provenientes del campo religioso, sindical, político y ecológico”.

Un agudo columnista califica a Evo Morales como una opción neopopulista y neoestatista, ribeteada de ultraindigenismo y cocalerismo. No requiere luces pergeñar que está en la corriente post-capitalista. Pero vale la pena especular en cuál de sus chillonas variantes, porque Morales es adepto a la cachaña ideológica. Apuesta a la estupidez amnésica del electorado del país, en especial de la clase media, al buscar su apoyo con variopinto maquillaje.

Yo preferiría que Evo mirara a los ojos y confesara su aspiración —legítima por cierto— de convertir a Bolivia en el portaaviones sudamericano de la revolución bolivariana de Hugo Chávez; que apuntará a obtener de la coca boliviana el equivalente de los petrodólares venezolanos de sustento. Mas una oscura posición ideológica sugiere que a Evo lo motiva más la ambición de poder que el patriotismo, así como el oportunismo tránsfuga mueve a nuevos adeptos de clase media.

Ojalá fueran los políticos más honestos en vez de tanto culipandeo sobre su ideología. Confían tan crucial aspecto al telepronter de barniz de cultura política de divas televisivas, o a la prensa escrita que lleva agua al molino de sus intereses. Podrían alimentarse del P. Gregorio Iriarte, quizá el apóstol más persistente de un análisis crítico de la realidad —título de libro suyo que nutrió la conciencia social de muchos—, para percibir a la paupérrima Bolivia en el contexto del mundo. Sustentarse en Marx, quien observaba que si los filósofos han interpretado al mundo, lo importante es cambiarlo. Pero para el bien común de todos.

Porque no basta ser “originario” ni carismático ni platudo para ser candidato, vociferar discursos y mover a la plebe: deberían ser militantes de la patria. Más aún, si vivimos en armonía democrática deberían adquirir, encima de todo, un calificativo de moda: ser propositivos. Y respetar la voluntad del electorado en una democracia con bemoles, pero mejor a las alternativas de agarrarnos a los palos, de vivir bajo dictaduras, o de seguir en la ciénega de aguas estancadas de nuestro país mendigo.

 

Winston Estremadoiro es antropólogo. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por La Razón, el 22 de julio del 2005. Petroleumworld publica este comentario en beneficio de los lectores.

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Petroleumworld Bolivia 22 07 05

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