La tercera
semana de mayo que se inicia, sin dudas será la más
crítica del gobierno de Carlos Mesa, aún más
complicada que los sucesos generados por su renuncia a la presidencia
y su pedido de anticipo de elecciones. Los ciudadanos respiran
profundo cada anuncio de mensaje a la nación que da el
Presidente, lo que marca el nivel de incertidumbre que rodea
a todo el país.
El problema
de fondo, al margen de los actores individuales que aceleran
o retardan la crisis, es que el Estado boliviano colapsó
y necesitamos de cambios que antes que un simple diseño
institucional, se requiere de una visión de país
con hegemonía política que lleve a Bolivia a un
destino común. Los problemas que está viviendo
el país son esencialmente ideológicos y por ello
son complejos y sólo se resolverá el problema
cuando por el mandato de las urnas o por las armas se imponga
una visión o proyecto de país. En este momento
el país está empatado y en consecuencia paralizado
por dos corrientes antagónicas, la una que plantea la
vía del desarrollo capitalista cuyo proyecto se planteó
en el Plan de Todos en 1993, la otra un modelo neo estatista
e indígena que plantea el MAS y otros grupos sociales.
Este conflicto de visiones no se resolverá en mesas de
diálogo, nadie convencerá al otro porque son posiciones
ideológicas confrontadas que no admiten puntos medios.
Esto no lo ha entendido el Presidente y parte del problema de
su gobierno es que intentó mantener una posición
ecléctica incoherente, cuya capacidad de maniobra parece
haber llegado a su fin.
Las diferentes
posiciones sobre la Ley de hidrocarburos, las autonomías,
el uso de la tierra, la participación en el ALCA, la
Constituyente, son expresiones del conflicto de visiones que
divide al país. El problema del momento actual, es que
ambas visiones quieren dirimir este conflicto presionando sobre
un gobierno que quiere estar en el medio y que terminará
aplastado por ambos. La situación es muy grave porque
las visones ideológicos se resuelven democráticamente
por el voto o violentamente por las armas. Para quienes nos
inscribimos en la democracia, parece claro que ha llegado el
momento de devolver al pueblo a que decida por cual opción
nos definiremos. Eso significa que se deben adelantar elecciones
generales en función a un acuerdo político que
lo sustente.
Pretender que el actual Presidente o cualquier otro en su lugar
continúe con la incertidumbre y el caos hasta el año
2007 no es viable y puede llevarnos a un desenlace antidemocrático.
El apoyo ciudadano al Presidente Mesa se está deteriorando
rápidamente y ya no está en condiciones de ser
un arbitro del proceso político, porque ya se convirtió
en parte del problema.
La salida
constitucional no es fácil, pero existe una posibilidad
para no violarla. La Ley de Necesidad de Reformas a la Constitución,
que posibilitó la actual Constitución, es todavía
una ley vigente y es posible utilizar una de sus propuestas
de cambio, en el sentido que ante la renuncia del Presidente
y del Vicepresidente (este sería el caso) de debe convocar
de inmediato a elecciones generales por todo el período
constitucional.
No podemos
seguir tensionando la situación política y pretender
que el actual Presidente la resuelva como arbitro, porque ya
no tiene las condiciones para hacerlo. La única salida
que impida una solución antidemocrática es el
adelanto de las elecciones generales, porque el tema de fondo
de alto contenido ideológico debe ser resuelto con el
mandato del pueblo.
José
Guillermo Justiniano,
economista y senador por Santa Cruz.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor: Este comentario
fue originalmente publicado por Hoy Bolivia, el 25 de julio
del 2005. Petroleumworld publica este comentario en beneficio
de los lectores.
Petroleumworld
en Español Bolivia no se hace responsable por los juicios
de valor emitidos por sus colaboradores y columnistas de opinión
y análisis.
Aceptamos colaboraciones previa evaluación por nuestro
equipo editorial, estamos abiertos a todo tipo o corriente de
opiniones, siempre y cuando a nuestro juicio esten dentro de
valores éticos y morales razonables.