Extra
Carlos
Miranda P:
Los contratos de YPFB
Que un Estado, a través de su empresa estatal de petróleos u
otro ente nacional del sector licite áreas para exploración y
posible explotación, mediante contratos con empresas transnacionales,
estatales y/o privadas, es un patrón de comportamiento aceptado, conocido
y de probado éxito en la industria. Las motivaciones son claras: disminuir
el riesgo exploratorio y lograr el concurso de la mejor tecnología y
manejo gerencial a través de las empresas que resulten favorecidas en
la licitación. Estas licitaciones pueden o no exigir la asociación
con la empresa estatal del país sede.
Este
camino ha sido y está siendo recorrido por importantes
estados productores tales como Arabia Saudí, Argelia, inclusive
Irán. Más cerca, tenemos al lado a Brasil que ha logrado éxitos
espectaculares en los descubrimientos en el fondo del mar. Todos ellos
asociados con empresas privadas. Además de estas operaciones,
Petrobras tiene otras decenas de bloques trabajando en exploración
con otras compañías internacionales.
Los
contratos que YPFB ha sometido al Congreso muestran que YPFB ha tomado
un camino diferente. En líneas rápidas, YPFB ha
decidido que para la exploración y explotación en las áreas
que la ley le permite tener en exclusividad, primero se deberá celebrar
un convenio de estudios, cuyo costo es por cuenta del interesado. A
la conclusión del período de estudios, si el informe
final es aprobado por YPFB, deberá constituir una empresa de
economía mixta (SAM) con YPFB, con la cual YPFB firmaría
un contrato de exploración y explotación. En esa SAM,
YPFB obligadamente debe tener el 60% de participación y control
de la misma.
Dos
contratos de ese tipo han sido firmados por YPFB con YPFB-Petroandina
SAM (Petroandina es PDVSA en Bolivia).
Uno para el área tradicional
por 420.000 hectáreas en los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca
y Tarija, y otro en el área no tradicional por más de
tres millones de hectáreas en un área que toca los departamentos
de Cochabamba, Beni y norte de La Paz. Los dos contratos son idénticos,
con la única diferencia de que en el primero se tiene acordado
un programa mínimo de trabajo por $us 646 millones en cinco
años y en el segundo, tres meses después de la aprobación
del contrato se acordará un plan de inversiones.
Unos
rápidos comentarios. Comparando estos contratos con los
de operación suscritos con las compañías petroleras
que están en el país, se puede indicar, en general, que
son muy esquemáticos y poco detallados. Existen grandes omisiones,
tales como la ausencia de un calendario de eventos y sus obligaciones
de inversión como es de rigor en todo contrato de exploración.
El contrato en el área tradicional incluye un plan de inversiones
a modo indicativo. Ambos contratos son por áreas muy por encima
de los máximos que permite la ley, 40 parcelas en la zona tradicional
y 400 en la no tradicional, frente a las 168 y 1.292 respectivamente.
No se establece una unidad de seguimiento para control y supervisión
de la operación, como se tiene en todos los otros contratos.
En
general, se puede indicar que los contratos dan una clara indicación
de una fuerte voluntad política para que se firmen los documentos
y merezcan la aprobación congresal, al margen de la evaluación
que se plasmen en realidades. Sobre este tema, lo más preocupante
es que siendo YPFB mayoritaria en la SAM, también tendrá que
ser la que soporte el grueso de las inversiones. Es pertinente tomar
en cuenta que YPFB está muy limitada en fondos. Al presente,
YPFB-Refinadora es la única actividad que le puede generar ingresos,
que los necesita urgentemente, para la ampliación de esas facilidades
de su programa. Los otros ingresos son por los contratos de operación
que ha firmado, cuyo rendimiento está en discusión hasta
que se aclaren las cuentas sobre costos reembolsables.
El
país está necesitando que se reinicie la exploración
en busca de nuevas reservas. Hace casi cinco años que no se
cuenta con un dato oficial y, en ese lapso, para atender la exportación
al Brasil y el mercado interno, con pequeños excedentes para
la Argentina, se está produciendo a un ritmo de 1/2 TCF por
año, sin que en ese lapso se hayan reportado descubrimientos
que reemplacen por lo menos lo producido.
Es
una doble lástima que YPFB tome el camino descrito para
reiniciar la exploración. Por un lado, deberá asumir
el grueso del riesgo financiero sin tener un socio de gran trayectoria
en exploración, sobre todo de gas, en zonas como las serranías
bolivianas. Para agravar nuestra preocupación, el área
en la zona no tradicional entre Cochabamba, Beni y el norte de La Paz
es casi gigantesca para un solo contrato, y en ella están ubicadas
las áreas de afloramientos de petróleo, que simbolizan
la esperanza de contar con yacimientos comerciales, sobre todo para
La Paz. Inclusive, el Presidente casi ha apostado su cargo a la seguridad
de contar con producción comercial en esas áreas. Sinceramente
desearía equivocarme pero, por las consideraciones anteriores,
las posibilidades de éxito son escasas.
Finalmente,
el reiniciar la exploración en la forma acostumbrada
en todo el mundo, descrita anteriormente, requiere de que los inversores
vuelvan a tener confianza en el país. Situación cada
día más difícil por la anunciada política
de nacionalización de las empresas eléctricas y la virtual
estatización de las inversiones privadas bolivianas realizadas
en la difusión del gas natural vehicular, que hasta la fecha
han sido tan exitosas.
Carlos
Miranda P. es ingeniero petrolero. Sus puntos de vista no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor:Este comentario fue originalmente publicad
en El Deber, el 17 de julio 2008. Reproducimos el mismo en beneficio
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