Todas las 16 asambleas Constituyentes que hubo en Bolivia se realizaron
con relativa independencia, en particular las convocadas por los presidentes
Agustín Morales (1871) y Germán Busch (1938) que fueron
verdaderos paradigmas en esta clase de reuniones, aunque al parecer
no se las toma en cuenta para nada en la actualidad.
Todas
esas constituyentes se efectuaron en condiciones históricas
particulares, bajo gobiernos provisionales, sin alguna intervención
de los gobernantes, sin presiones partidarias, con asambleístas
que no representaban partidos políticos; en síntesis,
con libertades democráticas, mientras las fuerzas policiales
y militares eran alejadas lo más posible del lugar de la reunión.
Eran, pues, asambleas originarias y no derivadas.
Una
de las constituyentes más interesantes fue la convocada por
el presidente provisorio Germán Busch. Tuvo dos productos muy
especiales. En primer lugar, esa reunión fue poco menos que
anárquica por la composición de sus miembros. Allí
estaban los ex combatientes del Chaco, cholos casi todos ellos y algunos
de origen indígena; artesanos, curas, intelectuales, políticos
jóvenes, profesionales y militares. Al principio de la reunión,
todo parecía que iba a ser un pandemonium y que de allí
nada bueno saldría. La oposición, por tanto, se dedicó
a combatirla desde el principio, y a la vez pronosticaba su fracaso
total en las primeras sesiones.
Sin
embargo, no fue así, ya que los asambleístas se fueron
organizando. La presencia de una minoría de políticos
jóvenes empezó a perfilarse con una nueva ideología,
a la cual se apoyaron las otras tendencias. Una Asamblea de esta naturaleza
está siempre orientada por ese tipo de minorías con
ideas claras y objetivos definidos.
Los
diversos debates sirvieron para unificar a asambleístas que
nunca antes se habían conocido. Entre ellos estaban Víctor
Paz Estenssoro, Augusto Céspedes, Armando Arce, Walter Guevara,
Mendoza López y otros que formaron un bloque que permitió
que la Constitución de 1880 fuese orientada a fines nacionales
y democráticos concretos, poniendo fin a las abstracciones
líricas y nebulosas que permitían que Bolivia se convirtiera
en un enclave libre para el saqueo de sus riquezas y la esclavización
de sus habitantes en el medio rural.
El
resultado general fue una Constitución con reformas sustanciales,
no en el sentido administrativo, sino en la orientación histórica
que se daba al país, para que salga del coloniaje y entre a
la Nación y a la par supere el feudalismo e ingrese en la democracia.
El primer resultado de esa Constituyente fue, pues, una nueva Constitución.
Un
segundo gran resultado fue que la minoría de jóvenes
políticos se organizó y se convirtió en la semilla
que daría origen, tiempo después, al Movimiento Nacionalista
Revolucionario. Fue, por tanto, en esa Constitución que nació
ese partido que recién terminó por fundarse en 1941.
Se
puede decir, por consiguiente, que la Constitución del 38 produjo
tanto una nueva Constitución, como un nuevo partido que más
tarde tendría gran influencia en la historia de Bolivia, sin
poderse decir cuál fue más importante.
Las
comparaciones sirven para llegar al conocimiento y por ello la Constituyente
que empieza ahora, sin bien es anárquica y hasta caótica,
a la larga podría asentarse y entrar a deliberar no sólo
en cuanto a la forma administrativa de la misma, sino a plantear objetivos
de fondo que conduzcan a Bolivia de su actual condición colonial
a la nacional y superar, de una vez por todas, los grandes saldos
feudales que aún existen. A la vez, podría dar lugar
a la creación de un nuevo partido que, como en 1938, dio origen
al MNR, podría significar en el futuro un gran nuevo salto
histórico como el de 1952 (1).
Todo
eso, naturalmente, en caso de que la actual Constituyente sea verdadera,
tenga todo el poder para constituir con plena Libertad y garantías,
se organice en torno a una minoría revolucionaria y no se convierta
en comedia en un escenario teatral y el Gobierno adopte, por lo menos,
una posición neutral respecto a ella.
(1)
Ver: Luis Antezana E., La Asamblea Constituyente y la Divina Comedia.
Produc.
CIMA. 2005.