Desde
hace mucho tiempo nuestro país carece de una
política clara en el ámbito energético,
que pueda conducir a Bolivia por un camino seguro
y con objetivos bien definidos en el mediano y largo
plazo. Justamente esta falta de definición
de una política de Estado ha generado que,
por ejemplo, en el desarrollo de la nueva Ley de Hidrocarburos
los ocho millones de habitantes de Bolivia se convirtieran
en expertos en temas energéticos, y que no
hubiera un ente catalizador de todas esas opiniones.
Fruto de este "expertice" de ocho millones
de bolivianos, los resultados de la nueva ley requieren
algunos parches.
No
contar con una política clara sobre los hidrocarburos
no nos permitirá hacer frente a la confabulación
del anillo energético (aunque sea imposible
su existencia sin Bolivia en el medio). Entonces de
manera inequívoca debemos trabajar en la elaboración
de una política de hidrocarburos, la misma
deberá ser elaborada en primera instancia por
un ente técnico, que pueda visualizar el horizonte
en el cual Bolivia puede desarrollarse.
Una
verdadera política hidrocarburífera
abarca muchos tópicos, pero creo que existe
un núcleo de definiciones que debe ser desarrollado;
posteriormente la elaboración de la política
en detalle será más fácil de
llevar adelante.
Entre
los puntos que consideramos importantes y que deben
formar parte del núcleo de está política
están:
–
Definir nuestro rol de país integrador en Sur
América, lo que necesariamente deberá
determinar cuál debe ser nuestro nivel de exportación
de gas natural a nuestros vecinos más cercanos
(se debe definir un valor que podría ser, por
ejemplo, de una exportación de 40 millones
de M3/día de gas natural).
–
Diseñar un plan agresivo para incrementar el
consumo interno de gas natural vehicular y doméstico
(cambio de la matriz energética) con un horizonte
de por lo menos 20 años.
–
Definir el nivel de gas natural que se empleará
en procesos químicos de conversión (la
famosa industrialización del gas natural),
con un horizonte de 20 años.
–
Definir los volúmenes de gas que se podría
destinar a la exportación como LNG (gas natural
licuado) sobre la base de las oportunidades actualmente
existentes, con un horizonte de 20 años.
–
Establecer de manera clara una política de
incentivos a la producción de líquidos,
con el objetivo de incrementar la producción
de diésel y dejar de importar este combustible,
escaso en toda América.
–
Diseñar una estrategia de precios de los combustibles
que pueda hacer frente a las subidas y bajas en el
mercado internacional y que permita mantener unos
precios razonables en concordancia con los precios
de nuestros vecinos (evitar el contrabando de y hacia
Bolivia).
–
Definir si queremos formar parte de la tecnología
química de conversión de gas en líquidos
(GTL); también debemos definir cuánto
gas podremos disponer para este efecto.
Estos
7 puntos nos permitirán establecer el nivel
de producción de líquidos y de gas natural
que requeriremos, con una visión de hasta 20
años. Por supuesto que conocer estos números
nos permitirá definir el nivel de inversiones
en exploración, perforación, producción,
plantas de tratamiento de gas, plantas químicas.
El conocimiento de esta inversión nos ayudará
a evaluar si las condiciones del marco legal existentes,
podrán facilitar las mismas o se debe hacer
algunas modificaciones. A partir de este punto podremos
diseñar un plan de negociaciones con los inversores,
a los cuales debemos mostrarles que nuestra política
es coherente y que el marco legal garantiza su ejecución.
Esto quiere decir que no debemos cambiar las reglas
del juego a medio camino.
El
saber la cantidad de hidrocarburos que extraeremos
también nos permitirá definir la cantidad
de pozos a perforar, plantas de adecuación
de gases y líquidos, planificar ductos para
transportar los líquidos y gases, plantas de
almacenaje, etc., etc.
Este
plan debería terminar definiendo las áreas
de exploración, ya que de manera inequívoca
todo el plan está basado en los futuros hallazgos
tanto de líquidos como de gas.
Definitivamente
esta política nos mostrará el camino
a seguir y que además debe ser de un consenso
total de todos los bolivianos. Sólo una política
coherente y de largo alcance nos permitirá
diseñar un plan de desarrollo de nuestra Nación,
y luchar contra la pobreza y el desempleo de una manera
efectiva y muy profesional. Esta es una propuesta
filosóficamente clara, sencilla en sus conceptos,
define metas y objetivos y puede convertirse en un
elemento aglutinador de Bolivia, ya que representaría
un plan de todos los bolivianos. Creo que no debemos
escatimar esfuerzos y debemos comenzar a trabajar
en este tema, de lo contrario seguiremos deambulando
sin rumbo, perdiendo mercados, y lo que es peor, con
nuestras riquezas bajo los 5.000 metros. jironda@entelnet.bo
Javier
Jironda Cuba es
articulista en algunos medios.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor: El
presente comentario fue originalmente publicado por
El Diario, el 16 de agosto del 2005. Lo reproducimos
en beneficio de los lectores. Petroleumworld Bolivia
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