El
término “neoliberalismo” es confuso
y de origen reciente. Prácticamente desconocido
en Estados Unidos, tiene alguna utilización
en Europa, especialmente en los países del
este. Está ampliamente difundido en América
Latina, África y Asia. Sin embargo, esta difusión
tiene poco que ver con su origen histórico.
Forma parte del debate público que se produce
en tales regiones, en el que la retórica -que
es una ciencia autónoma- tiene un rol protagónico
para darle o quitarle el sentido a las palabras.
Ahí
donde tiene difusión el “neoliberalismo”,
es utilizado para asimilar con el liberalismo, a veces
despectivamente, a veces con cierta pretensión
científica, políticas, ideas o gobiernos
que, en realidad, no tienen nada que ver con él.
Esta práctica ha llevado a muchos a considerar
que se encontraban frente a un mito contemporáneo:
el “neoliberalismo” sólo existía
en la imaginación de quienes usaban el término.
Este
rechazo se ve incrementado además porque actualmente
resulta muy difícil encontrar un liberal que
se reclame a sí mismo como perteneciente a
aquella subespecie, calificándose como “neoliberal”.
Por el contrario, quienes lo usan son generalmente
sus detractores.
En base a tales consideraciones generalmente asumidas
por los liberales inicié este trabajo, pero
muy pronto advertí algunos problemas bastantes
significativos con ellas. En primer lugar, que el
“neoliberalismo” técnicamente no
es un mito, sino una figura retórica por la
cual se busca pervertir el sentido original del concepto
y asimilar con nuestras ideas a otras ajenas con el
propósito de desacreditarlas en el mercado
político.
En
segundo, que el “neoliberalismo” podría
haber sido acuñado como término en agosto
de 1938 por un muy destacado grupo de intelectuales
liberales en París, entre los cuales se encuentran
varios de nuestros héroes.
Por
ello, en esta presentación voy a explorar,
primero, los posibles orígenes de la palabra,
para luego abordar sus diferentes significados al
interior del liberalismo y concluir después
con una contribución para esclarecer los mecanismos
probables por los que se ha producido la corrupción
de esta palabra. Debo indicar de antemano la sorpresa
con que he comprobado la facilidad con los liberales
concedemos los debates terminológicos en manos
de nuestros rivales, pues no sólo hemos perdido
la palabra “neoliberal”, materia de la
presente exposición, sino antes también
la palabra social y hasta el propio liberalismo.
Enrique
Ghersi es
abogado, profesor de la Universidad de Lima, miembro
de la Mont Pelerin Society, coautor de El Otro Sendero
y académico asociado del Cato Institute. Sus
puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
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