Todo esto sugiere una conclusión incómoda:
Tal vez el imperialismo sea realmente uno de los problemas
que enfrentamos, pero parece que un problema mucho
mayor es la paranoia, dogmatismo y banalidad de muchos
de nuestros dirigentes, ideólogos y políticos
Tendemos
a vernos como víctimas del imperialismo estadounidense,
al punto que la lucha contra ese poder se ha convertido
en justificación principal para gran parte
de la agitación política que sufrimos
desde hace años.
¿Cómo
entender, entonces, la ironía de la guerra
del Acre? Y es que el Brasil, en ese entonces, justificó
su apoyo a los separatistas acrenses (empresarios
caucheros brasileños en su mayoría),
con el argumento de "rechazar el imperialismo
yankee" (*). De hecho, la propia "acta de
independencia" de los separatistas, de ese triste
7 de agosto de 1902, argumentaba que se hacía
para defenderse de la "nación orgullosa
y prepotente … Estados Unidos". (**)
Sucede
que Bolivia, que había tenido muchas dificultades
para cobrarles impuestos a los caucheros brasileños
asentados en el Acre -principalmente por carencia
de recursos económicos para trasladar y mantener
funcionarios suficientes en ese territorio- había
lanzado una licitación pública para
la ejecución de la recaudación fiscal
en la zona cauchera, licitación que la ganó
una compañía "yankee"…
(Hoy,
quienes en Bolivia justifican cualquier cosa como
parte de la "lucha contra el imperialismo estadounidense",
¿aplaudirán que el Brasil nos quitara
ese territorio?)
Interesantemente,
más tarde las posiciones se invertirían,
hasta cierto punto. En efecto, allá por los
1960, nuestros políticos de izquierda se oponían
radicalmente a la exportación de gas natural
al Brasil, con el argumento de que este país
era "satélite y subordinado… del
imperialismo norteamericano" (***). Llama la
atención que en cambio sí se aceptaba
la exportación de gas a la Argentina.
En
los 1970, y luego en 1984, se utilizó el mismo
argumento para oponerse a la exportación al
Brasil… mientras se seguía exportando
a la Argentina (aunque ésta ya en los 1980
había comenzado a incumplir sus pagos y a perder
interés en el gas boliviano, pues había
desarrollado sus propios campos gasíferos con
inversiones de transnacionales).
Hoy,
a la distancia, podemos preguntarnos: ¿Para
qué nos sirvió no venderle gas al Brasil
durante todo ese tiempo?
Vemos
así que el tema de la "lucha contra el
imperialismo yanqui" nos ha embrollado más
de una vez, con resultados desconcertantes, por decir
lo menos.
Hoy
la situación se repite. Es el caso de la larga
"Guerra del Gas" iniciada en octubre del
2003, y que ha durado más de año y medio.
Como recordamos, se encendió por el proyecto
de exportar gas a la costa oeste de los Estados Unidos
(California) y México -el denominado proyecto
Pacific LNG. Así, el principal líder
de los insurrectos explicaba puntualmente, a los pocos
días de la revuelta, en el Foro de Defensa
de la Humanidad en México, que la razón
de ser del movimiento era "derrotar al imperialismo
estadounidense" (****).
Desconcierta
este asunto, sin embargo, pues de las empresas que
han invertido en nuestros campos gasíferos
y petrolíferos… ninguna es estadounidense.
En efecto, las empresas que tienen campos en Bolivia
son empresas de España, Brasil, Inglaterra,
Francia, Argentina y de alguna nación más.
Los americanos, en cambio, tan sólo han participado
en el área de transporte (ductos), y con una
inversión considerablemente menor que la realizada
por la brasileña Petrobras o la española
Repsol, por ejemplo.
Donde
en cambio los estadounidenses sí han invertido
sumas considerables en la exploración y producción
de gas, es en el Perú. Allí la estadounidense
Hunt Oil tiene los yacimientos de Camisea. Ahora bien,
este detalle es importante, pues Hunt Oil acaba de
comenzar los trabajos de construcción de una
planta licuefadora de gas, para exportar LNG a México
y California.
Irónico,
por decir lo menos: Nuestros dirigentes y políticos
radicales consiguieron en octubre del 2003 liquidar
el proyecto Pacific LNG, justamente de exportación
a México y California, perjudicando así
a Repsol, PetroBras, y BG (es decir, a españoles,
brasileños e ingleses)… para terminar
beneficiando directamente a la estadounidense Hunt
Oil, que es la que tomará ahora ese negocio.
Extraña forma de "luchar contra el imperialismo
yanqui"…
Confuso
como se ve todo esto, el desconcierto aumenta desde
que Chile, Brasil, Argentina y Uruguay firmaron el
tratado con el Perú para que sea este país
-y por ende la estadounidense Hunt Oil- quien les
provea gas. Por lo que parece, esto no sólo
puede terminar de matar el proyecto del segundo gasoducto
Bolivia-Argentina, sino que le da al Perú el
mercado chileno (mercado que de todos modos no queríamos,
pues estamos "luchando contra el imperialismo
estadounidense"), y además le permitirá
al Brasil contar con una fuente alterna de suministro
de gas, con la cual podrá en el futuro obligarnos
a bajar nuestros precios.
Todo
esto sugiere una conclusión incómoda:
Tal vez el imperialismo sea realmente uno de los problemas
que enfrentamos, pero parece que un problema mucho
mayor es la paranoia, dogmatismo y banalidad de muchos
de nuestros dirigentes, ideólogos y políticos,
y su predisposición entusiasta a dejarse manipular
por causas, ideologías e intereses foráneos.
¿No
es hora ya de abandonar esas actitudes desastrosas?
(*)
Diez de Medina, Eduardo, La Cuestión del Acre,
publicado en Política y Doctrina, pág.
14. La Paz, 1908.
(**)
Suárez, Nicolás, Anotaciones y Documentos
sobre la campaña del Alto Acre - 1902-1903,
pág. 92. Barcelona, 1928.
(***)
Gas y Petróleo - Liberación o Dependencia,
pág. 169. Cochabamba, 1967.
(****)
La Jornada de México - 25 de octubre de 2003
Ivan
Kraljevic
es columnista
de Novembrino y Los Tiempos, y radica en Cochabamba.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor:
Este comentario fue publicado en el diario Los Tiempos
(Cochabamba), el día 24 de Agosto del 2005.
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