Tal
como sucedió en Bolivia, en el Ecuador se cuestiona
a las empresas transnacio-nales petroleras que se
llevan la parte del león mientras dejan en
las zonas de las que extraen el codiciado oro negro,
contaminación ambiental y poblaciones sumidas
en el atraso y la pobreza.
El
paro de las provincias amazónicas de Sucumbíos
y Orellana, de donde fluye desde hace 35 años
el petróleo, que culminó en la noche
del 25 de agosto, replantea en el Ecuador la lucha
por la defensa de los recursos naturales.
“Las
transnacionales no han beneficiado a la Amazonía,
mas bien han dejado enfermedades, cáncer, destrucción,
contaminación, no nos han dejado nada, somos
herederos de la catástrofe de la Amazonía,
no tenemos agua potable, el 90% es agua contaminada,
la luz eléctrica apenas llega como mechero,
las vías de acceso son de quinta categoría”,
dice René Pilisita, miembro del Consejo del
Empleo y Políticas Petroleras de la Provincia
de Orellana, una entidad de la sociedad civil que
trabaja con el municipio.
Para
hacerse escuchar, las poblaciones de estas dos provincias,
situadas al nor-oriente del país, recurrieron
a las movilizaciones que se iniciaron el 14 de agosto,
paralizando incluso la producción de algunos
pozos petroleros. De parte del gobierno presidido
por Alfredo Palacio se demostró una gran incapacidad
para resolver el problema mediante el diálogo
y la negociación. En lugar de ello, recurrió
a las medidas de fuerza e incluso a decretar el estado
de emergencia en las dos provincias. Las Fuerzas Armadas
y la policía causaron decenas de heridos, detuvieron
violentamente a decenas de personas, incluidos el
alcalde de Lago Agrio, Máximo Abad y el Prefecto
de Sucumbíos, Guillermo Muñoz, según
denunciaron organismos de derechos humanos.
Aunque
el gobierno dijo que no negociará mientras
esté vigente la medida de hecho, el gobierno
tuvo que hacerlo.
Tras
cuatro días de negociaciones efectuadas en
Quito, los representes del gobierno, de las provincias
de Orellana y Sucumbíos y de las transnacionales
llegaron a un acuerdo en el que se atiende algunas
demandas de las poblaciones amazónica como
la contratación preferente de mano de obra
de la zona, la creación de un fondo para asfaltar
260 kilómetros de carreteras y destinar a la
región el 16 del 25 por ciento del impuesto
a la renta que pagan las petroleras. Un punto en que
no hubo acuerdo, fue en el pedido de los dirigentes
amazóni-cos de que no se inicien acciones legales
en contra de los que participaron en el paro.
El
manejo inadecuado y autoritario de este conflicto
le ha traído varios problemas al régimen
de Palacio: una mayoría del Congreso, además
de levantar estado de emergencia decretado por el
Ejecutivo, le pidió que separe al Ministro
de Gobierno, Mauricio Gándara, quien es acusado
de generar el caos en el país, de la brutal
represión a la población y de incapacidad
para resolver los conflictos internos.
Dos
demandas de las provincias amazónicas quedan
aún pendientes: la renegocia-ción de
los contratos con las empresas petroleras y la petición
de que el Estado ecuatoriano ponga fin al contrato
con la empresa transnacional estadounidense Occidental
Oil and Gas Corporation (más conocida como
OXY), a la que se acusa de haber transferido el 40%
de sus acciones a la empresa canadiense ENCANA sin
autorización del Ministerio de Energía
y Minas y de otras violaciones a la ley.
Nuevas
condiciones Con un precio del petróleo que
se acerca a los 70 dólares por barril y con
tendencia a seguir subiendo en los próximos
años, es necesario la renegociación
de los contratos de participación con las transnacionales
“puesto que en las bases de los mismos está
estipulada una cláusula de mantener la estabilidad
económica de las partes, pero hoy no hay estabilidad
económica, el desequilibrio está en
contra del Estado, de tal manera que las compañías
deben demostrar su voluntad y dar paso para que se
estabilice la economía, el Estado no puede
perder”, señala Henry Llánez,
ex dirigente sindical y analista petrolero.
Otros dirigentes sociales van más allá,
reclamando una participación del 50 por ciento
para los ecuatorianos e incluso la nacionalización
del petróleo.
El
Ecuador produce unos 550.000 barriles diarios, de
los cuales 350.000 corresponden a 14 empresas transnacionales
y 200.000 a la estatal PETROECUADOR. Paulatinamente,
la producción de esta última ha ido
disminuyendo, debido a que ha sido debilitada por
sucesivos gobiernos que le han negado los recursos
necesarios para hacer inversiones.
Según
el economista Alberto Acosta, “entre 1994 y
2004, entre otras trabas, no le entregaron (a Petroecuador)
1.460 millones de dólares para todas las inversiones
necesarias en el campo de producción de crudo,
lo que provocó pérdidas para el Ecuador
por 4.580 millones de dólares”.
Eduardo
Tamayo G.
es periodista de la Agencia Lationoamericana de Información
(Alai). Sus puntos de vista no necesariamente son
los de Petroleumworld.
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Bolivia 31 08 05
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