Si bien resulta obvio que para desarrollar los recursos evaporíticos del salar de Uyuni se necesitará una verdadera revolución científico-tecnológica en el país, este esfuerzo es costoso y de largo plazo. El Estado boliviano está obligado a asumir el reto, pero eso no significa que debamos esperar hasta “las calendas griegas” para empezar a explotar el litio en Bolivia. En anteriores artículos y entrevistas he manifestado que, en las condiciones actuales, no tiene sentido invertir nuestro escaso dinero y tiempo en “reinventar la rueda”. Dados los retrasos y problemas técnicos que parece estar confrontando al presente la planta piloto de la Comibol, me pregunto si no hubiera sido (o sería) mejor contratar a alguna empresa internacional especializada que cuente con el “know-how” y los recursos humanos necesarios para que nos ayude a desarrollar e implementar la misma bajo la dirección del propio Gobierno.
Independientemente del desarrollo científico-tecnológico que el Gobierno tendría que apoyar en el curso de los siguientes 20 años por lo menos, de inicio la estrategia debería contemplar la cuantificación de las reservas de recursos evaporíticos en el salar de Uyuni, a través de métodos modernos de prospección satelital de 3 dimensiones (3-D), similares a los que se usan en el sector hidrocarburífero. Se podría proceder luego a cuadricular el salar y convocar a empresas especializadas interesadas para que vengan a explotar el litio y los demás recursos bajo nuestras condiciones y en base a contratos de servicios, similares a aquellos que Bolivia ha suscrito con empresas petroleras extranjeras privadas. En función de los resultados del proceso de exploración, el país podría decidir qué áreas se asignan a las empresas internacionales especializadas y cuáles se reserva para su explotación posterior.
En el marco de esos contratos, se podrían establecer acuerdos de entrega de carbonato de litio y otros derivados al país para que seamos nosotros los que nos encarguemos de su comercialización o utilización en procesos de industrialización ulteriores. Este esquema debería garantizar la puesta en marcha inmediata de una operación de producción a escala industrial principalmente de carbonato de litio. Es imperativo actuar así por dos razones. Primero, porque existe contundente evidencia de que este compuesto tendrá una gran demanda en los próximos dos o tres años, y segundo, debido a que esta decisión sería una importante señal para los mercados de baterías y vehículos eléctricos con enormes implicaciones para su crecimiento en los años venideros. Con esta política, se echarían por tierra los esfuerzos dirigidos a encontrar sustitutos para el litio y eventualmente se garantizaría la producción de baterías y vehículos eléctricos accesibles a las masas de consumidores del mundo entero. Al entrar en el mercado con paso firme, Bolivia podría efectivamente afectar el precio del litio, desincentivando el ingreso de otros potenciales competidores al negocio.
Con los recursos provenientes de las exportaciones de carbonato de litio y los demás compuestos químicos derivados, podríamos avanzar rápidamente hacia un franco proceso de industrialización del litio para producir diferentes clases de baterías y carros eléctricos en Bolivia, mediante asociaciones estratégicas con compañías extranjeras poseedoras de las tecnologías de punta a lo largo de la cadena productiva del litio. Este es un proceso que debe iniciarse ya y con la mayor responsabilidad. Hasta ahora, la Comibol sólo ha mostrado un “razonamiento circular” que no contribuye a asumir el desafío de fondo, cual es el de convertir a Bolivia en el centro energético del planeta. El proceso de negociación con empresas y países interesados en explotar las reservas de litio del salar de Uyuni ha sido errático y carente de toda estrategia. Si bien se ha insistido en que los acuerdos de industrialización con empresas extranjeras se referirán a las fases posteriores a la producción de carbonato de litio e incluso de litio metálico, no queda claro por qué al menos una de dichas compañías sigue llegando a Bolivia acompañada de otra empresa minera no necesariamente especializada en la explotación de litio ni en la producción de baterías o carros eléctricos.
En anteriores artículos he manifestado que no creo que tengamos al momento en mesa las mejores propuestas para explotar e industrializar el litio y los demás recursos evaporíticos. En estas circunstancias, me pregunto si tiene sentido que el Ministerio de Minería y la Comibol continúen participando solos del juego estratégico más importante que le ha tocado enfrentar al país en toda su vida republicana.
Juan Carlos Zuleta Calderón es economista, participó en la Primera Conferencia Mundial sobre Oferta y Mercados de Litio realizada en Santiago de Chile en enero del 2009. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por La Razón, el 13 10 09. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.
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