El
nivel del agua encontrada en el pozo 5 es tal que reduce
el tamaño del campo gasífero a menos de la
mitad. Esto preocupa mucho a los expertos y tendría
que preocupar mucho más a quienes dan por sentado
que Bolivia seguirá viviendo del gas por mucho tiempo.
Las
reservas probadas de Bolivia, que son de las que se debe
hablar, han caído a 18 TCF. Las de Camisea, en el
Perú, son de 13 TCF. Las reservas de gas de Brasil
son en este momento de 49,7 TCF.
El
gobierno nacional sospecha que son las empresas petroleras
las que han fabricado esta decepción, como rechazo
a la nacionalización. Pero la verdad es que las reservas
probadas nunca pasaron de 25 TCF, ni siquiera en los momentos
del optimismo desbordante.
Lo
cierto es que en este momento, las reservas probadas sólo
pueden garantizar el cumplimiento de los compromisos de
venta de gas natural a Brasil y, quizá, a la Argentina.
Las reservas están comprometidas. No se podría
hablar de nuevos contratos con nadie.
Es
más, según uno de los expertos con los que
consulté, las cosas están en un equilibrio
tan difícil que quizá el país debería
pensar en la posibilidad de dejar de exportar gas. Porque
podría darse el caso de que el gas que estamos vendiendo
ahora en 5 dólares el millón de BTU lo tengamos
que comprar después en 20 dólares o más.
El
caso del campo Margarita es parecido. Se lo considera el
más grande de Bolivia, pero sólo a partir
de la perforación de cuatro pozos, de los cuales
dos fueron secos. No se puede proyectar volúmenes
de reserva con tanta alegría, sobre todo si se desea
evitar grandes decepciones.
Estas
dudas sobre el verdadero potencial gasífero de los
campos bolivianos se mantendrán por algún
tiempo, debido a que las empresas petroleras han frenado
en seco sus perforaciones exploratorias.
El
atractivo para estas empresas es que los campos bolivianos
están muy cerca de dos países con un consumo
de gas muy alto, como son Argentina y Brasil, países
que desean, por supuesto, usar primero las reservas ajenas.
Pero, ya se sabe, las condiciones puestas por el DS 28701
para el trabajo de las petroleras no son atractivas, sino
todo lo contrario.
Si
las empresas van a recuperar el interés en operar
en Bolivia se verá sólo si es que los precios
de los hidrocarburos siguen subiendo y justifican operaciones
en las condiciones creadas en el país.
Mientras
tanto, quizá sea mejor comenzar a hacernos la idea
de que Bolivia no es un país rico en gas. Que la
riqueza del país debe ser generada por el trabajo
de la gente, y no porque alguien venga a extraer los recursos
naturales. Bolivia tendrá que dejar de ser un país
de ciudadanos con el criterio rentista, convencidos de que
las riquezas del suelo son suficientes para que todos vivan
bien, haciendo cola para que les toque más de la
torta, peleando unos con otros.