“Debemos
rendir cuentas a quienes nos han elegido, ellos están
esperando resultados”, exhortó en quechua la
asambleísta Isabel Domínguez (MAS/Cochabamba)
ante los reiterados “cuartos intermedios” que
pedía la bancada de PODEMOS en una de las sesiones
de la Asamblea Constituyente. La respuesta no tardó
en llegar: Eliane Capobianco (Podemos/Santa Cruz) la recriminó
por hablar en su idioma nativo.
Capobianco
no reclamó la falta de un sistema de interpretación
simultánea para que ella pudiese entender a su colega
asambleísta. Reclamó el hecho de que Domínguez
primero debía aprender a hablar castellano para expresar
sus ideas en un escenario deliberativo como la Asamblea
Constituyente.
Algo
no encaja en esta historia. Si de lo que se trata es acabar
con la exclusión y discriminación, ¿Cómo
se explica actitudes y acciones excluyentes, discriminadoras
y hasta racistas? ¿Cómo no entender que Bolivia
es un país pluricultural y multilingüe que tiene
la obligación de garantizar condiciones para una
comunicación fluida en la diversidad?
A
Isabel Domínguez -reconocida dirigenta nacional,
ex Secretaria Ejecutiva de la Federación Nacional
de Mujeres Campesinas de Bolivia “Bartolina Sisa”-
no le molestó tanto haber sido interrumpida, lo que
la exasperó fue ser humillada una vez más.
Se cansó de escuchar el menosprecio una y otra vez,
de que intenten descalificarla a ella y a sus compañeras
como “indias desgraciadas” en sesiones, pasillos
y calles.
¿Por
qué los medios de comunicación no reflejan
estos trasfondos? No será fácil comprender
al otro o a la otra si nos resistimos a abrir nuestra mente
y nuestro corazón. Si no actuamos desde la ética
de la equidad, la igualdad, la justicia… no contribuiremos
a ningún cambio.
Las
y los asambleístas elegidos democráticamente
tienen un mandato supremo: re-escribir la Constitución
Política del Estado tomando en cuenta a la ciudadanía
boliviana sin exclusiones, en todos y cada uno de los artículos
del texto constitucional. Las mujeres involucradas en este
proceso, vemos la Asamblea Constituyente como una oportunidad
que nos permitirá sentar bases sólidas para
erradicar todas las formas de discriminación en Bolivia.
Si
no vamos a hacer esto, ¿para qué cambiarla?,
¿para qué tanta inversión de nuestro
tiempo, nuestras ganas, nuestras inteligencias?, ¿para
qué construir propuestas y consensos entre diferentes?
Hoy, la exclusión y la discriminación que
afectan la vida de la mayor parte de la población,
son ejes motivadores para la realización de la Asamblea
Constituyente en un país que exige cambios estructurales
en su Carta Magna para ofrecer un futuro de justicia social
y equidad. Los movimientos sociales, entre ellos, el de
mujeres, venimos construyendo consensos entre diferentes,
con buenos resultados.
Garantizar
el respeto a la diversidad en Bolivia -más allá
del slogan que también utilizó Capobianco
y sus correligionarios en tiempos de campaña- tiene
una enorme implicancia en la estructura y funcionamiento
de nuestro país. Significa cambiar leyes; significa
rectificar, modificar, corregir los comportamientos de la
población; significa entender y practicar la interculturalidad.
Reconozcamos
en Isabel Domínguez su cualidad ciudadana, su identidad
cultural, su historia de vida y principalmente, su apuesta
a construir un país diferente. Al ser elegida asambleísta,
ella se lo tomó en serio, asumió un compromiso
con Bolivia y con su gente. Ojalá que en el futuro,
podamos ver otras escenas en el Teatro Gran Mariscal de
Sucre; escenas de Eliane Capobianco, Isabel Domínguez
y las demás asambleístas en una misma cruzada,
proponiendo y defendiendo la ampliación de los derechos
de las mujeres en el nuevo texto constitucional, por ejemplo.
¡Eso sería construir un país diferente!
Leila
Cortes
es comunicadora
en CIPCA Santa Cruz. Los puntos de vista expresados no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado
por Jornada, el 22 de septiembre del 2006. Petroleumworld
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