Hay
algo acerca del presidente boliviano Evo Morales que no
inspira confianza en un futuro próspero y democrático
para su país. Y no es solamente el impacto de moda
que trata de hacer con la chompa a rayas que usa como si
fuera uniforme.
Para
un buen número de bolivianos es la erosión
de los derechos ciudadanos bajo su mandato. Basta preguntarle
a Marcela Nogales, una mujer de 47 años y madre de
dos pre-adolescentes que cuenta con un título de
maestría en auditoria y control financiero de la
Universidad Católica Boliviana en un programa conjunto
con la Universidad de Harvard.
La
señora Nogales, que fue gerente general del Banco
Central de Bolivia durante cinco años hasta mayo
pasado, ha sido detenida en una cárcel boliviana
durante las últimas seis semanas a pedido del gobierno
de Morales. Hasta el momento no se han presentado cargos.
Esta
detención, en flagrante violación a las leyes
bolivianas, parece ser parte de una campaña más
amplia contra cualquier persona relacionada con los esfuerzos
de modernización de la pasada década. Como
tal, ha encendido aún más los temores de los
demócratas bolivianos, que están profundamente
preocupados que su país se está dirigiendo
hacia un estado policiaco autoritario bajo el mando del
Sr. Morales.
Evo
ya ha demostrado un grave mal manejo de la economía.
La primera prueba es su decisión del primero de mayo
pasado, en medio del mayor boom energético de la
historia de la humanidad, de nacionalizar las inversiones
de las compañías energéticas extranjeras
en su país rico en gas natural. Puede ser que esta
bravuconada le haya hecho sentir bien al primer líder
indígena en los tiempos modernos de este país.
Pero si estaba haciendo un cálculo político,
omitió una variable importante: Bolivia es pobre.
Al parecer, tan pobre que, no tiene los recursos ni la técnica
para explotar el gas por su cuenta.
El
11 de agosto el gobierno anunció la suspensión
de la toma total de los campos de gas “debido a la
falta de recursos económicos.” Pero es un poco
tarde. Se ha reportado que unas 30 compañías
energéticas han interrumpido sus operaciones, y no
ha habido nuevas inversiones. Bolivia se ha convertido en
un proveedor poco confiable de energía, hiriendo
seriamente a la única gallina que pone huevos de
divisas de libre convertibilidad.
La
teoría que circula en ambientes bolivianos –
que el presidente venezolano Hugo Chávez usó
al poco sofisticado Evo Morales para destruir el sector
energético de su país para que Venezuela pueda
llenar el vacío – es algo que vale la pena
considerar. Mientras tanto, el Sr. Morales, cuya popularidad
aún se mantiene alta, ahora sufre el mismo asedio
de huelgas, bloqueos de caminos y protestas que él
organizaba cuando era activista.
Sin
embargo, como haría cualquier demagogo que se respeta,
Evo no está dispuesto a confiar en su capacidad para
determinar su destino. La mejor defensa es una buena ofensiva
y Evo está en la ofensiva, utilizando su investidura
para interrogar, investigar y hasta encarcelar a aquellos
que representan una alternativa a su visión de una
Bolivia Maoísta.
En
abril anotamos el caso de José María Bakovic,
un hombre de 67 años que, como presidente del Servicio
Nacional de Caminos (SNC) de 2001-2006, instituyó
un proceso competitivo y transparente de licitación
para obras camineras en Bolivia. Evo forzó la renuncia
del Sr. Bakovic en febrero y en marzo lo metió a
la cárcel durante tres semanas sin el debido proceso.
En el mismo mes, el Presidente firmó un Decreto Supremo
para un nuevo proyecto vial, pasando por encima del proceso
de licitación que había puesto en vigencia
el Sr. Bakovic. El Sr. Bakovic ya salió de la cárcel
pero no puede salir de La Paz sin permiso de un juez. Mientras
tanto, en su esfuerzo sin límite por desacreditar
a los arquitectos del limitado liberalismo de Bolivia y
las ideas mismas, el Sr. Morales tiene otros peces que freír.
El
pez gordo es Gonzalo Sánchez de Lozada (también
conocido como Goni) que fue presidente cuando el Sr. Morales
y sus secuaces lideraban los bloqueos de caminos en octubre
de 2003 que paralizaron la nación. Cuando Goni trató
de despejar las carreteras, la violencia mortal hizo caer
su gobierno. La misma violencia también mató
la idea que Goni pregonaba para terminar con el duopolio
de Argentina y Brasil del gas natural y abrir mercados para
Bolivia hacia el oeste y el norte. Goni dejó el país
pero Evo todavía quiere su “libra de carne”.
De eso se trata el encarcelamiento de la Sra. Nogales.
Durante
la cúspide del desorden social que tumbó a
Goni, el Banco Central cumplió un pedido de retiro
de emergencia del Gobierno, de su propia cuenta y por un
monto de US$ 1.8 millones. Un poco más de la mitad
del dinero estaba en moneda nacional y el saldo (US$ 800,000)
estaba en dólares norteamericanos.
En
junio dos diputados del partido de Evo hicieron gran alharaca
en la prensa boliviana alegando que la transferencia fue
de US$ 100 millones y que Goni se lo llevó en un
helicóptero cuando salió de La Paz. Entre
las herramientas más efectivas de los acusadores
se encuentra un video, obtenido ilegalmente, donde se muestra
a empleados del banco sacando dinero en efectivo de la bóveda.
Esto ha sido manipulado con gran habilidad en los medios
bolivianos como un mega-robo de parte de la élite
corrupta para complacer a Goni.
El
Fiscal General no solamente ha encarcelado a la Sra. Nogales
sino que ha puesto al ex presidente del Banco Central, Juan
Antonio Morales, sobre aviso que está bajo investigación
y que también podría ser encarcelado. De acuerdo
a la información obtenida, él es parte de
una veintena de otras altas autoridades bolivianas que ahora
se encuentran bajo amenaza de cargos criminales. Más
aún, ha sido difamado y calumniado en la prensa.
Dejando
de lado el punto obvio que si los propios funcionarios del
banco quisieran robar dinero hubieran apagado las cámaras
de seguridad, el asesinato de la reputación del Sr.
J.A. Morales no tiene pruebas. Como cabeza del Banco Central
desde finales de 1995 hasta que Evo lo sacó a empujones
en mayo de 2006, se ganó una reputación impecable
por institucionalizar la independencia del banco, la transparencia
y la responsabilidad. La tasa de inflación anual
más alta que tuvo Bolivia entre 1996 y 2005 fue de
4.5%.
Tanto
el Contralor General de la República, como los auditores
independientes y el Congreso han exonerado al Banco de cualquier
acto criminal. Pero el gobierno continúa su caza
de brujas política; la Sra. Nogales languidece en
la cárcel sin derechos y un clima de intimidación
pesa sobre la sociedad civil. Si Evo prevalece, significará
no solamente el haber silenciado a la oposición sino
también el fin de la independencia del Banco Central.
Esto quizás explique por qué, a pesar de la
falta de pruebas, el caso no ha sido desechado.