Con el advenimiento
de los procesos de autonomía y gobiernos departamentales, en
el marco de la reforma constitucional y encarando proactivamente el
nuevo escenario económico –signado por los hidrocarburos-
que Bolivia tiene planteado por los próximos años, en
los que se cambió el eje de los ingresos y la industria desde
las minas del occidente a las áreas gasíferas del sureste,
hay una agenda energética pendiente para Tarija y el Chaco.
La energía
–traducida como la capacidad de industrialización de
gas, venta de valor agregado como combustibles ecológicos,
productos de petroquímica, LNG y electricidad, entre otros-
es en este momento la herramienta central del desarrollo del Chaco,
de Tarija y del país.
Ello precisa,
desde el Estado central y departamental, una fuerte conciencia para
la modernización y reformas institucionales y nueva regulación
sectorial, basada en una eficiente planificación estratégica
del desarrollo del sector de hidrocarburos.
Naturalmente los
inversores harán las respectivas evaluaciones de riesgo en
el sector, basados en la planificación de potencial producción
(industrialización y comercialización) de petróleo
y gas. Y el Estado está obligado a generar certidumbres (seguridad
jurídica y estabilidad con Democracia).
Superado el momento
político –aunque creemos durará hasta pasada la
Asamblea Constituyente- ingresará en escena el «momento
energético»: tendría que ser la capacidad de coordinación
entre los niveles estatales y departamentales que deben priorizar
proyectos de gas y energía.
Y Tarija tiene
en carpeta proyectos que la posicio-narán como región
latinoamericana para suministro y distribución de energía,
que redundará en su desarrollo en infraestructura, integración
e internacionalización. El Chaco –que guarda más
del 80% de las reservas de gas natural que tiene Bolivia- con sus
megacampos San Alberto, San Antonio, Margarita e Itaú tiene
que pasar de la «región potencial» a la «región
acción», con carreteras, aeropuertos e infraestructura.
Por ello se han
delineado algunos proyectos que aportan a esa carpeta público-privada
de próximos negocios en energía para el sureste: es
imperativo el diseño final del proyecto para la construcción
de una planta termoeléctrica (de 1200 MW) para la generación
de electricidad a partir de gas, con miras a ser exportada a mercados
argentinos, del sur brasileño y de Chile, obviamente supliendo
a costo cero –por así decirlo- a toda la industria que
se instale en la región chaqueña y de Tarija. Con la
termoeléctrica se puede pensar en la planta de GTL (conversión
de gas a líquidos) y una petroquímica (para fósforos,
explosivos, úrea y plásticos) ambas motorizadas con
gas.
La modernización
del sistema energético regional tarijeña/chaqueño
para por la optimización de procesos de refinación y
transporte por oleoductos y gasoductos.
No
es vago pensar contar con una refinería de condensado alineados
a la planta de LNG (si es que la licuefacción se hará
en el mismo reservorio y desde allí se transportará
el gas licuificado en ductos hasta el puerto en donde se exporta en
tanqueros).
Boris
Gómez Uzqueda
es abogado. Los puntos de vista expresados no
necesariamente son los de Petroleumworld.