De nuevo corre la sangre y el país está de luto. El
Gobierno parece más interesado en multiplicar comisiones en
la Asamblea Constituyente para que el MAS imponga sus consignas, mientras
se matan los hermanos. En otras partes del mundo también hay
muerte no por causas naturales, pero de otra manera menos odiosa.
En Europa los fines de semana y en los “puentes” que se
saltan días laborables, centenares de personas mueren en las
carreteras en accidentes de automóvil. En los Estados Unidos
ya se ha hecho frecuente que dementes y alevosos criminales maten
a inocentes. En Bolivia no estamos tan evolucionados. No necesitamos
ni veloces automóviles ni rifles con mira telescópica,
permitidos por la Riffle’s Association.
Sumando los últimos
acontecimientos sangrientos más recientes, la semana pasada
las bajas en el operativo antidroga en el Parque Carrasco fueron dos
muertos cocaleros y siete heridos entre campesinos, policías
y militares. Últimamente los muertos en Huanuni, entre cooperativistas
o mineros de Comibol, fueron 16, más los 61 heridos. ¡Dolor
en muchos hogares y en toda Bolivia!
Volviendo al próximo
pasado ¿Qué extraña maldición pesará
sobre el mes de octubre? Si recordamos el “octubre rojinegro”
de 2003 por ejemplo -nos basta un motín de intención
política, provocado por caudillos que no dan la cara pero que
sacrifican a sus seguidores como carne de cañón. Muchas
de las sangrientas riñas tienen su origen en problemas sociales
no resueltos. Es el caso de Huanuni. Y, peor todavía, cuando
el Gobierno se embandera al lado de una de las facciones (los cooperativistas
que apoyan al MAS) y en contra del otro (que no sé con quién
están), contribuyendo así a que, al fin, lleguen a las
manos e incluso al derramamiento de sangre. O llegamos al macabro
extremo de que el Gobierno prefiere mandar ataúdes al lugar
de la masacre (¡Que se maten...!), en vez de dar la cara y establecer
un diálogo pacificador y, en caso de que éste fracase
enviar a la fuerza pública para restituir el orden perturbado,
usando los medios proporcionados y legales a su alcance. Enviarla
a tiempo y no cuando ya la sangre ha enlutado a la familia minera
y al país entero.
En Huanuni, las
batallas no fueron por la agitación política sino por
la subsistencia: o cavar la roca o malvivir del brazo de la muerte.
Paradójicamente, justo en un momento en que el repunte de los
precios de las materias primas ofrece esperanzas a los mineros, de
mejores ingresos. ¿Será ésta una oportunidad
perdida como lo han sido los cuatro meses de la prometida pero engañosa
nacionalización de los hidrocarburos? Porque ya es sabido que
los precios de las materias primas, igual suben espectacularmente
un día y al poco tiempo se derrumban dramáticamente.
Lástima que la acción de los cooperativistas haya superexplotado
las minas sin la técnica adecuada y sin la inversión
necesaria para seguir trabajándolas con buenos resultados.
La
excusa del Gobierno de que los sucesos de Huanuni han sido parte de
conspiraciones externas e internas, son tan infantiles que no engañan
a nadie. ¿No será la prensa la culpable? En cambio,
la ausencia de las autoridades en el lugar de los hechos, sí
que llama poderosamente la atención.
José
Gramunt de Monagas S.J.
es sacerdote jesuita y director de ANF.
Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por El Nuevo
Día, el 9 de octubre del 2006. Petroleumworld Bolivia no se
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